Columnistas
España, ayer y hoy
Ahora he vuelto a España, pero circunscrita la estadía a Catalunya -ya el independentismo liquidó la palabra Cataluña- y he encontrado un país pujante y con el porvenir abierto.
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22 de feb de 2024, 02:47 a. m.
Actualizado el 22 de feb de 2024, 02:47 a. m.
Al terminar el bachillerato me dio por ser “un tipo culto” y aupado por don José Prat, profesor español de Literatura en el Gimnasio Moderno, resolví estudiar Filosofía y Letras en Madrid.
Al llegar a esa capital pude comprobar que en España había una dictadura de extrema derecha que lesionaba los más elementales derechos humanos e intervenía en todo el espectro social, y que la educación estaba controlada y dirigida por el gobierno falangista, por lo que me era imposible cursar una carrera en la que se impone la más absoluta libertad de pensamiento. Regresé a Colombia a estudiar Derecho.
Pero con dictadura y todo, Madrid era una ciudad encantadora, y “regalada” entonces, porque los 250 dólares oficiales que nuestro gobierno autorizaba para cada estudiante en el exterior, con cambio de 50 pesetas por dólar, mi faltriquera quedaba colmada.
Alcancé a conocer en ese viaje a San Sebastián, Vitoria, Fuenterrabía, e Irún, sitios preciosos y de gente amable con el “amigo de allende el Océano”, como me calificó alguien en un homenaje que recibí de estudiantes españoles.
Ahora he vuelto a España, pero circunscrita la estadía a Catalunya -ya el independentismo liquidó la palabra Cataluña- y he encontrado un país pujante y con el porvenir abierto. El actual gobierno presidido por Pedro Sánchez sigue la misma senda de anteriores mandatarios del Partido Socialista Obrero Español -Psoe- que es la colectividad que también puso en La Moncloa, luego de la transición iniciada por Adolfo Suárez, a Felipe González y a José Luís Rodríguez Zapatero, responsables de haber sacado al país del atraso al que lo llevó el Generalísimo Francisco Franco, en su régimen criminal de 36 años. España es hoy la tercera economía de la Unión Europea.
Barcelona es una ciudad espléndida. Con un transporte público magnífico, es grato usar tanto el metro como el bus. No muy grande, con sólo 1′700.000 habitantes, que muestra tener buenas administraciones, tanto del actual alcalde Jaume Collboni, y de Pere Aragonès, presidente de la Generalitat de Catalunya.
No tengo elementos de juicio para analizar el intento de independencia de Catalunya, pero no lo veo fácil pues los “independentistas” no son la mayoría en las encuestas. En mi sentir, no es conveniente la secesión pero los partidarios alegan que su alta participación en el PIB y con idioma propio, los hace merecedores de la independencia.
La Ciudad Condal no es el único orgullo de Catalunya. Recorrí las calles de Girona, Terrasa, Sant Cugat, Mataró, Ripoll, L´Hospitalet de Llobregat, y Sitges, donde se firmó el acuerdo que creó el Frente Nacional, suscrito por Alberto Lleras y Laureano Gómez. Todas ciudades preciosas.
En la capital está ese prodigio de la arquitectura religiosa que es la catedral de La Sagrada Familia, en la que se siente la presencia de Dios.
Las redes férrea y vial de Catalunya son modelos de infraestructura, al nivel de las mejores del mundo.
Y algo que me impresionó, por ser del oficio: la alta calidad de los periódicos españoles, especialmente El País y La Vanguardia, éste último editado en Barcelona, y más próximo a mi credo político. En cada edición de esos diarios, además de las notas editoriales, aparecen escritos de al menos 20 columnistas, y el doble los domingos. Textos muy bien escritos y con temas tratados a profundidad sobre asuntos nacionales y extranjeros.

Abogado con 45 años de ejercicio profesional. Cargos: Alcalde de Tuluá, Senador y representante a la Cámara, Secretario de Gobierno y Secretario de Justicia del Valle. Director SAG del Valle. Columnista de El Pais desde 1977 hasta la fecha.
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