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Elsa Aguirre y el barbero de Cristales
Estando este columnista cursando bachillerato en Bogotá fui al mismo teatro San Jorge a ver La estatua de carne, en la que la actriz principal era la preciosa muchacha nacida en Chihuahua.
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3 de sept de 2026, 02:12 a. m.
Actualizado el 3 de sept de 2026, 02:12 a. m.
El 14 de julio falleció en su mansión de Cuernavaca la actriz mexicana Elsa Aguirre, quien fuera una de las más bellas actrices del cine azteca.
Yo que de muchacho tenía la sana costumbre de enamorarme de las actrices del cine gringo, caí en las redes de María Montez y de Esther Williams, la primera protagonizaba siempre personajes árabes y por eso figuraba su nombre en los créditos de todas las cintas cuyos guiones eran extraídos de Las mil y una noches.
En un viaje a Bogotá en 1944, acompañado de mi amada madrina Gertrudis Potes, nos alojamos en la casa de Luz Restrepo, prima hermana de mi padre, y ella sabiendo de la afición al cine de los huéspedes nos invitó al por entonces majestuoso teatro San Jorge a ver Escuela de sirenas, esa joya musical en la que la señora Williams lucía sus características excepcionales de campeona mundial de natación.
Quedé prendado por la belleza de esta sirena que tanto dinero le produjo a la Metro Goldwyn Mayer, pues el mundo entero copaba las salas para ver a la bella actriz.
Volviendo a Elsa Aguirre, estando este columnista cursando bachillerato en Bogotá fui al mismo teatro San Jorge a ver La estatua de carne, en la que la actriz principal era la preciosa muchacha nacida en Chihuahua. Ahí quedé enamorado y resolví, con la audacia de mis 17 años escribirle una carta de amor, y como no tenía su dirección domiciliaria, jugué al azar y la dirigí a Estudios Churubusco pues presentía que ya la destinataria siendo una celebridad, la empresa cinematográfica le haría llegar el mensaje.
Un mes después el director de internos del Gimnasio Moderno me entregó un sobre con un matasellos mexicano, y yo casi me desmayo de la emoción cuando al abrirlo encontré una foto de mi amada Elsa, con afectuosa dedicatoria.
Con Armando Peña, amigo muy querido, fui al Mundial de Fútbol de México en 1970, y leí en uno de los diarios que la señora Aguirre actuaba en una obra en el teatro Xola. Allá fuimos a dar, y la actriz ya con 40 años encima seguía siendo tan bella como la vi en las películas 20 años atrás.
Julián Alhach, con quien mantengo cordial amistad, descubrió que la diva, ya anciana, vivía en Cuernavaca y consiguió su teléfono, pero fue imposible comunicarme con ella. Ahora que la muerte se la llevó próxima a cumplir 96 años le ruego a Dios que le permita llegar a la Vida Eterna.
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Hace 25 años yo era un calvo vergonzante pues mi cráneo estaba cubierto de unos pelambres separados. En un viaje que hice a México, mi hijo Fernando (q.e.p.d.) me llevó donde su peluquero y éste me recomendó que la mejor solución era raparme el poco cabello que subsistía en mi zona norte. Desde entonces, con una maquinita que conseguí en Estados Unidos me afeitaba la cabeza, con una que otra cortada. Entonces, me dediqué a buscar un peluquero que utilizara la vieja barbera que guardan los paisas en el carriel y que en mis épocas juveniles era usada por los fígaros tulueños.
Después de una intensa búsqueda descubrí que, en una barbería situada en el Centro Comercial Cristales Plaza, había un operario que usa algo muy similar a la vieja barbera, y semanalmente asisto para que Hugo me deje el cráneo como nalga de niño.
El propietario de la barbería es el señor Diego Hernán Villegas Soto, que atiende su clientela con gran cordialidad, y por eso el negocio prospera pues cuenta con amplio número de caballeros que acuden en busca de sus excelentes servicios.

Abogado con 45 años de ejercicio profesional. Cargos: Alcalde de Tuluá, Senador y representante a la Cámara, Secretario de Gobierno y Secretario de Justicia del Valle. Director SAG del Valle. Columnista de El Pais desde 1977 hasta la fecha.






