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El desorden de Rubio y Trump

Es fundamental que Rubio y Trump enderecen el camino porque, de lo contrario, podrían ver cómo el sistema internacional vira en una dirección que dejará a Washington rezagado y con una capacidad de influencia cada vez menor.

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Mario Carvajal
Mario Carvajal | Foto: El País

2 de sept de 2026, 12:21 a. m.

Actualizado el 2 de sept de 2026, 12:21 a. m.

En las últimas semanas, la política exterior de Estados Unidos, liderada por Donald Trump y Marco Rubio, parece desordenada. Mientras reina el desorden en la política exterior de Washington, empiezan a configurarse nuevos bloques geopolíticos que dan forma a un nuevo orden internacional basado en alianzas regionales.

Esto sucedió la semana del 16 de agosto, cuando Turquía, Arabia Saudita y Pakistán formaron el Mecca Joint Defense Agreement, basado en el principio del artículo 5 de la OTAN, según el cual un ataque contra alguno de sus miembros es un ataque contra todos. El hecho, sin embargo, pasó casi desapercibido. Este nuevo movimiento sísmico geopolítico resulta aún más llamativo si se tiene en cuenta que Arabia Saudita y Turquía han sido, en innumerables ocasiones, rivales acérrimos en temas como el asesinato de Jamal Khashoggi en Estambul, hecho que el líder turco Recep Tayyip Erdogan ha atribuido directamente al príncipe Mohammed bin Salman, al igual que temas sobre los hechos posteriores a la primavera árabe, cuando Erdogan apoyó a Mohamed Morsi, el primer presidente elegido democráticamente, y rechazó de manera contundente el golpe militar del 2013 liderado por Abdel Fattah el-Sisi, aliado de Riyad.

De igual manera, en 2017, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Egipto impusieron un bloqueo a Catar, acusándolo de entrometerse en los asuntos internos de los países del golfo y de apoyar el terrorismo, mientras que Turquía respaldó a Catar. Sin embargo, como señala en su columna Fareed Zakaria, la necesidad de Arabia Saudita de establecer esta alianza con Turquía y Pakistán nace de la ausencia de compromisos creíbles por parte de Washington.

Según Zakaria, la guerra en Irán ha sido una clase maestra en cómo despilfarrar la credibilidad de los compromisos y garantías de Estados Unidos. Tanto Arabia Saudita como Catar recibieron compromisos de seguridad por parte de Trump el año pasado, pero esto no ha impedido que ambos países hayan sufrido ataques por parte de Irán. Además, en repetidas ocasiones, Trump ha declarado que un acuerdo con Teherán está a días de ser una realidad. Incluso, según Zakaria, a mediados de junio se registraron al menos 38 ocasiones en las cuales el líder estadounidense afirmaba que un acuerdo estaba cerca o que Irán estaba desesperado por lograr uno. }No obstante, no solo no se ha logrado un acuerdo, a pesar de las afirmaciones de Trump, sino que, de acuerdo con lo que una fuente iraní declaró a Reuters, las negociaciones “no han logrado ningún avance”. Asimismo, Trump ha asegurado que Estados Unidos tenía el control total del estrecho de Ormuz. Sin embargo, la realidad muestra que, en las últimas semanas, se registraron apenas 14 embarcaciones en tránsito por día, frente a las cerca de 130 que transitaban diariamente antes de que comenzara la guerra contra Teherán. Estas salidas en falso le han costado a Trump, y a Washington, su credibilidad, pues anteriormente sus aliados creían que los compromisos estadounidenses no solo se harían realidad, sino que perdurarían de una administración a otra. Igualmente, sus adversarios asumían que sus amenazas, como afirma Zakaria, tenían peso real y que el gobierno de Washington no solo era un actor predecible, sino que las palabras de su líder significaban algo. Esto ha cambiado con Trump.

Como señala Zakaria, el líder estadounidense trata las promesas o amenazas que hace como si fueran fichas de una partida de póquer. Pero la incertidumbre es algo muy distinto en las alianzas internacionales, pues, si los aliados no pueden saber si los aranceles subirán o bajarán, o si los compromisos firmados anteriormente sobrevivirán mañana, estos no se volverán más obedientes a los deseos de Trump, sino más bien más independientes, y construirán un sistema de alianzas donde Washington tendrá menor cabida e influencia. Y esto no solo se ve en el caso de Arabia Saudita, Turquía y Pakistán, sino también con lo que está sucediendo en Corea del Sur o en Venezuela.

En el país asiático, los ejercicios militares anuales tuvieron que suspenderse seis días antes, por pedido de Washington, después de que Trump acusara a Seúl de abstenerse de participar en la guerra contra Irán, y anunciara que esperaba reunirse este año con Kim Jong-un, el líder norcoreano. Según el ministro de Relaciones Exteriores de Corea del Sur, ni él ni los funcionarios estadounidenses sabían de los planes de Trump de suspender estos ejercicios militares. Esta decisión no ha caído bien en Seúl, que ahora está cuestionando el compromiso de Estados Unidos de cumplir con su tratado de defensa, base fundamental de su relación bilateral. Esta decisión tampoco ha caído bien en Japón y Taiwán, dos aliados de Estados Unidos que ven con preocupación la permisividad de Trump con Kim Jong-un y, en general, consideran que Estados Unidos es un aliado cada vez más impredecible en sus compromisos militares.

En el caso de Venezuela, el presidente Trump anunció recientemente un acuerdo para que Estados Unidos adquiera una participación de 65 mil millones de barriles de petróleo venezolano, que le permite a Washington reponer las reservas de crudo agotadas. Según reportes, el acuerdo nace de la desesperación de Donald Trump ante la lentitud con la que las petroleras privadas, como ExxonMobil y Conoco Phillips, han aumentado la producción de petróleo en Venezuela; por eso decidió crear una nueva empresa controlada por Washington que diera mayor confianza a las empresas productoras y les permitiera desarrollar los 17 yacimientos petrolíferos que hacen parte del acuerdo. No obstante, el acuerdo no es claro en señalar de dónde saldrán los recursos de la inversión, estimados en 100 mil millones de dólares. Aunque Trump ha afirmado que no provendrán de los contribuyentes, se sabe que el operador privado escogido por el gobierno, North American Blue Energy Partners, no tiene ni el capital ni la capacidad financiera para hacer esa inversión de manera individual.

Ahora, este acuerdo también ha generado tensiones entre los ciudadanos venezolanos, como Ricardo Hausmann, quienes afirman que la decisión de Trump y de Marco Rubio evidencia cómo estos decidieron utilizar el poder del país no para liberar a los venezolanos, sino para “meterse en la cama con nuestros opresores”, optando por “impulsar un despojo de activos, un acuerdo inconstitucional con un gobierno ilegítimo y opresor, en lugar de utilizar el liderazgo de Estados Unidos para restablecer primero el orden constitucional y la democracia”. En otras palabras, el acuerdo de Trump y Rubio con Delcy Rodríguez no solo refleja el enfoque transaccional de la actual administración estadounidense, más preocupada por obtener, de manera ilegítima, el manejo del petróleo venezolano, sino también su desinterés por fortalecer las instituciones democráticas de América Latina. En suma, el desorden internacional de Rubio y Trump no solo está derivando en un mundo donde Washington tiene cada vez menos injerencia en la conformación de alianzas internacionales, y por consiguiente de peso en el sistema internacional incipiente, sino también uno en el cual los compromisos de Estados Unidos tienen menos legitimidad. Por esto, es fundamental que Rubio y Trump enderecen el camino porque, de lo contrario, podrían ver cómo el sistema internacional vira en una dirección que dejará a Washington rezagado y con una capacidad de influencia cada vez menor.

Internacionalista de la Universidad Javeriana, magíster en Estudios Latinoamericanos de la University of Oxford y magíster en Economía Política Internacional del London School of Economics, donde se graduó con Mérito. Analista de política internacional y geopolítica.

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