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La vamo a tumbá

Renovar para no olvidar, renovar para integrar, renovar para movilizar, renovar para crecer...

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Bernardo Peña Olaya.
Bernardo Peña Olaya. | Foto: El País.

1 de sept de 2026, 02:25 a. m.

Actualizado el 1 de sept de 2026, 02:25 a. m.

Duele reconocer que el terremoto del pasado 10 de agosto, con la tragedia inmensa de las 154 personas fallecidas, cuya memoria merece un monumento, los 1500 heridos, las cerca de 80.000 personas damnificadas y las 5000 viviendas afectadas le abrió una gran oportunidad a la ciudad para renovar y para terminar con algunos anti iconos de nuestra ciudad.

Se tendrán que demoler cientos de edificaciones, aprovechemos para tumbar otras tantas que se han vuelto no solo un peligro sino un obstáculo para el desarrollo urbano.

Qué tal si se tumba el puente ‘milagro’ de la Universidad Santiago de Cali, ese que en uno de sus extremos tiene rampa para personas en silla de ruedas pero que en el otro tiene escaleras por eso se dice que es milagroso, porque las personas suben la rampa en silla de ruedas y tienen que bajar caminando por las escaleras.

Aprovechemos para reconstruir el edificio donde funcionó por muchos años El Molino Titán, patrimonio arquitectónico de la ciudad, que fue consumido por las llamas hace casi 10 años y del que queda el cascarón chamuscado en la calle 25 con Carrera Séptima. Allí podría funcionar un museo o se podría ubicar un monumento a la memoria de las dos tragedias caleñas: la explosión del 7 de agosto de 1956 y el terremoto del 10 de agosto de 2026.

Aprovechemos y tumbemos los cascarones viejos que hay en la Calle Quinta, uno en la Carrera 22 donde alguna vez quedó Cajanal y tiremos las ruinas de los bancos Popular y Bancolombia en la 27 que terminaron chamuscados durante el paro de 2021.

Ya que tendremos tanta máquina amarilla llevémosla a la Carrera 1 entre calles 54 y 56 y derribemos la estructura de lo que iba a ser el centro comercial ‘marcas mall’, abandonada hace 20 años y hoy convertida en una laguna maloliente y llena de plagas.

Otro propósito para la demolición: tumbar el esqueleto abandonado del edificio, que desde hace 20 años atormenta a los vecinos de Santa Teresita en la Carrera 2 con Calle 11 oeste frente al Liceo Benalcázar cuyo origen y destino son inciertos porque ya todos olvidaron por qué y quién lo puso ahí.

La ciudad entrará en una transformación para la que el Alcalde ha pedido paciencia y firmeza, es el momento de despedirnos de una vez por todas de la galería Santa Elena, un tapón para el tráfico y el desarrollo urbano que no es patrimonio arquitectónico y que es un dolor de cabeza para la ciudad donde operan a la sombra de la inmensa mayoría de los comerciantes honestos oficinas de todo tipo y mercaderes de la ilegalidad de todos los pelambres, despejar Santa Elena y darle a Cali una central de abarrotes moderna, aunque sea algo parecido a la minorista de Medellín o a Codabas de Bogotá, cualquiera es mucho mejor que la tranca y el ‘desaseo’ que tenemos allí.

Otra misión para la renovación: recuperar el espacio público tomado por los grilles y discotecas de la Calle Sexta que fueron corriendo sus tejados y columnas hasta apoderarse de los andenes.

Aprovechar las bodegas del ferrocarril para hacer de ellas una mega estación del tren de cercanías.

Tumbemos el ‘planeta’, herencia horrible que nos dejó el condenado ex gobernador Abadía afuera de la biblioteca departamental.

Hacer algo con los hundimientos por debajo del ferrocarril en las carreras Primera y Quinta entre calles 25 y 26, dos viejeras centenarias, estrechas y ruinosas, o las declaramos monumentos y las conservamos como tal o mejoramos esos espacios para volverlos acordes con la movilidad que deberían facilitar y no obstaculizar como sucede actualmente.

Cómo sé que muchos de los lectores que han llegado hasta aquí se preguntan por el ya mundialmente famoso ‘Monumento a la resistencia’ (que resistió incólume al terremoto) soy partidario de dejar eso quieto y pasar de lado, en general aprovechar este momento para pensar en espacios que integren a todos los caleños y no que dividan y alimenten el odio.

Renovar para no olvidar, renovar para integrar, renovar para movilizar, renovar para crecer, la ciudad entra en obra, que no solo sean sus edificios y sus calles sino también que en esta renovación entren también nuestros corazones y nuestros espíritus, abiertos y desarmados.

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