cali
Médico Laureano Quintero: “Cali está ubicada en una zona geológica compleja y en algún momento iba a ocurrir”
El cirujano de trauma que se dedicó a atender emergencias en todo el mundo reflexiona sobre el terremoto que les cambió la vida a los caleños.
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

30 de ago de 2026, 11:17 a. m.
Actualizado el 30 de ago de 2026, 11:17 a. m.
Noticias Destacadas
“Preguntaron siempre cuando volví de los terremotos en Venezuela, Haití y Ecuador: ¿Cali está preparada? Es complejo estar preparado para una cosa tan devastadora como la naturaleza bramando contra nosotros, porque estamos sobre estructuras muy blandas en algunas zonas de Cali”.
Esa es solo una de las frases que Laureano Quintero, el cirujano de trauma cordobés que por casi tres décadas ha ido por el mundo aprendiendo, enseñando y atendiendo desastres, lanza sobre el sismo que golpeó a los caleños el 10 de agosto.
Reflexiones, más que respuestas, fue lo que el director científico de la Fundación Salamandra compartió con El País desde el campamento que cuatro horas después de ocurrido el temblor ya había instalado en una zona verde del barrio Capri, al sur de Cali.
Allí estaba el lunes pasado, programando -con organización, enfatiza- una nueva misión al Chocó, gracias a una asociación médica asiática, mientras no deja de pensar en Buenaventura y lanza frases sobre lo que debería venir para Cali.

¿Qué lo llevó a tomar la decisión de instalar este campamento una vez ocurrió el sismo?
Recién llegados de Venezuela, habiendo recorrido durante muchos años escenarios como el terremoto de Haití, el de Armenia en el 99, el de Cali en 2004 y habiendo estado en el 2016 en Manabi (Ecuador), no quería uno que esto pasara en nuestro territorio, pero inevitablemente tendría que pasar alguna vez. Cali es una ciudad de mucho riesgo, ubicada en una zona geológica muy compleja y en algún momento iba a ocurrir.
Una vez pasan los primeros minutos en que deja de moverse la tierra, activamos toda la respuesta: salimos de inmediato hacia las zonas de colapso de estructura. Identificamos en cuáles debíamos trabajar y tuvimos la fortuna de encontrar a un grupo que no tiene nada que envidiarle a ningún grupo del planeta: Bomberos Voluntarios Cali, junto con su equipo de Búsqueda y Rescate, estaba en uno de los escenarios. Por supuesto hubo grupos muy buenos, de muchas partes. Quiero resaltar, sin embargo, que como este está aquí, reaccionó de inmediato y con un despliegue de muchísima altura, que permitió lograr sobrevivientes muy tempranamente y enlace y comunicación con el equipo médico que estuviera en la escena.
Apenas iniciamos labores en uno de los focos de extracción, organizamos equipos de médicos y paramédicos con experiencia en escenarios de desastre para que se ubicaran en cada uno de los focos de derrumbe, edificio Vanessa, Cuarto de Legua, Hospital Universitario, y así sucesivamente, de tal manera que diéramos soporte de la mejor manera al comandante de incidentes que estuviera allí, y esto permitió multiplicar los focos de ayuda de la Fundación Salamandra en todos estos escenarios.

¿Qué vino después?
Con los aprendizajes que hemos tenido en el tiempo, en el planeta e informaciones de diferentes naturalezas, teníamos claro que había que activar un centro de medicina operacional, que se activa cuando tienes dificultad de recursos y problemas de desastres, y enlaza todo el componente: en esta zona armamos la campamentación. Había unas 60 carpas instaladas a las cuatro horas del terremoto. Estaba la carpa para atención médica, la de salud mental, la de atención veterinaria, la de comunicaciones, acopio de alimentos y elementos de emergencias que vamos a utilizar.
Y lo primero que hicimos fue hablar con la comunidad, con los presidentes de Juntas de Acción Comunal de acá, con las personas de los edificios y sus administradores, para pedirles permiso de funcionar. No solo lo dieron, sino que se desbordaron en apoyo y se volvió una sinergia y desde aquí se comandaron todas las operaciones de la Fundación Salamandra para Cali, Buenaventura, Chocó y el Eje Cafetero, en donde seguimos teniendo personal trabajando.

¿Qué reflexiones le genera el sismo que afectó a Cali en el 2004 y este de ahora?
En alguna conferencia que dictábamos recién llegados de Venezuela decíamos a la comunidad: Cali es una ciudad muy compleja, no es ánimo de alarma inadecuada, pero puede haber un terremoto mañana o en 300 años: ¡se presentó a los 10 días! Y lo que insistimos es en estar preparados, todos tenemos que entender que los riesgos están presentes todo el tiempo. Este es el momento que quizás el universo está conspirando para que el trabajo conjunto de todos los responsables y las autoridades nos lleven a ser otra dimensión de ciudad, en donde haya una cultura de la seguridad, la emergencia, el desastre, donde cada edificación indispensable sea construida con todos los requisitos de sismorresistencia sin plazos, sin prebendas, sin preferencias, porque un edificio que cae son cientos de vidas.
Hemos visto cómo se derrumbaron o están en afectación grave torres de clínicas de mucho renombre, el Hospital Universitario, que son instituciones indispensables, que tienen que tener todos los elementos posibles para que funcionen. Colegios, universidades, cuarteles de bomberos, porque que colapse una casa es terrible y durísimo, pero que colapse esa casa más todos los que pudieran ayudarle o donde podamos atender heridos es una catástrofe mucho más significativa.
Entonces la sismorresistencia es una de las claves para evitar que algo así vuelva a suceder...
La cultura de la sismorresistencia, la planificación de una ciudad integrada en la mente de todos sus directivos, no con una política del Alcalde que esté ahora, sino una política de Estado para todos los alcaldes que vengan en adelante. La garantía de que el sistema de salud no colapse y de que los ejercicios para emergencias no sean una vez al año, sino que se vuelvan, como en el Japón, una cultura permanente donde hacemos evacuación una vez al mes.
¿Usted tuvo que hacer una cirugía en medio de los escombros? ¿Cuéntenos cómo fue?
Hay que guardar las verdaderas dimensiones del tema: la labor quirúrgica experta de los Bomberos Voluntarios de Cali, con quienes estábamos ahí, y la gente de Búsqueda y Rescate. ¿Usted sabe lo que es meterse entre los escombros de un edificio derrumbado, serpentear por ahí, llegar hasta un sobreviviente, buscar espacios para sacarlo?
Ese grupo de gente se metió e hizo contacto y, no queriendo un protagonismo inadecuado y sabiendo trabajar… Si uno libera a la persona sin un soporte previo, puede tener un desenlace fatal. Fue una cirugía que hicieron los bomberos de las estructuras, ingeniosa, profunda, y que salvó vidas. Ya cuando fue necesaria la extracción, lo digo con respeto, parte del tejido de su extremidad quedó allá, y ya en la parte externa completamos lo que había que hacer. De hecho, fue necesario, un par de días más tarde, en la institución respectiva, que hicieran un corte mucho más dinámico, porque la extremidad no tenía alternativa.
No me cansaré de ensalzar ese profesionalismo de los Bomberos Voluntarios de Cali, de la gente de Búsqueda y Rescate que estuvo allí y, por supuesto, de todos los bomberos de todo el país, de toda la gente de cada una de las entidades.

¿Qué labor se sigue haciendo en el campamento de Capri?
Hay mucha gente en estas carpas, que estamos atendiendo en consulta médica todos los días. Hemos podido conseguir medicamentos gracias a muchos apoyos. Hemos tenido que buscar fisioterapeuta, dar soporte psicológico. La gente aún no ha cesado su emergencia. No bajen la guardia, la vida puede seguir siendo normal, pero, buscando apoyo, estamos alistando las misiones fase 3 y fase 4 para Buenaventura, Chocó y el Eje Cafetero, pero organizado.
En la primera misión al Chocó encontramos que tenían siete mil tapabocas vencidos y cientos de cajas de medicamentos o muestras médicas que ya no servían. Necesitamos la mejor estructura posible. Aquí le dijimos a la gente: no me tome a mal, pero me trae medicamentos con el recibo donde los compró para identificar fechas de vencimiento, y eso hace que la cosa sea más responsable. No que ‘me sobró esto en la casa y mándelo para allá’, así no funciona.
¿Hasta cuándo piensan mantener este albergue en el barrio Capri?
Por lo pronto tenemos contactos muy interesantes con Dresden, Alemania; Houston, Estados Unidos, y una asociación médica del Japón. Estamos canalizando eso de la mejor manera: ya tenemos comunicaciones firmadas y con los logos de hospitales del Chocó y vamos a buscar alternativas similares en otros lugares y ojalá las autoridades que necesiten algún apoyo cuenten con nosotros.
Eso va a permitir mirar la fase adelante, la resiliencia, porque a Chocó, Cali o Buenaventura yo le mando medicamentos para que atienda 400 heridos y ¿después, qué? No es responsable construir sin sismorresistencia ni construir una edificación que va a caer sobre los chocoanos, los vallunos, los risaraldenses o la gente de Buenaventura. Aquí la responsabilidad y el profesionalismo tienen que estar a toda prueba: ingenieros, arquitectos, la división microsísmica de los territorios caleños, hacerlo muy bien. Es el momento de ser muy crítico, muy riguroso, acompañando una fiscalización de cada de las acciones para que cada recurso se maneje sagradamente, pero entendiendo qué hay que hacer.
Olga Lucía Criollo es comunicadora social y magister en sociología de la Universidad del Valle, con más de 30 años de experiencia en el periodismo y 10 en docencia.







