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Educación urbana

El correcto comportamiento en los espacios urbanos públicos comienza por el respeto a los usos del suelo de las edificaciones que lo limitan, como también lo es no producir ruido ajeno, ni el estacionamiento indebido de vehículos, principalmente en los barrios residenciales.

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Benjamin Barney Caldas
Benjamin Barney Caldas | Foto: El País

5 de mar de 2026, 12:40 a. m.

Actualizado el 5 de mar de 2026, 12:40 a. m.

Se trata de la geografía e historia de la ciudad; de las normas urbano-arquitectónicas- y su propósito; del correcto uso de los espacios urbanos públicos, como lo son sus calles, plazas y parques; y de la estética de las fachadas urbanas que los conforman, considerando que la perfección y excelencia de sus formas y las cualidades de su composición, complacen a la vista y por extensión al espíritu, contribuyendo a una mejor calidad de vida en la ciudad, lo que igual aplica a las zonas verdes y a los monumentos pero con diferentes connotaciones.

Conocer y entender la geografía de la ciudad, incluyendo su topografía, vegetación y clima; su historia, desde su fundación, principales épocas y su presente; su urbanismo, en tanto un trazado vial en el que las edificaciones conforman espacios urbanos públicos y privados; su arquitectura como el conjunto de las de sus diferentes edificaciones, respecto a su tamaño, volumen, textura y color; y su paisajismo, tanto el natural a sus alrededores, como también el existente al interior de la ciudad en sus calles, parques y zonas verdes.

Enterarse de las normas urbano-arquitectónicas, las que incluyen, además de las relativas a la construcción las diferentes edificaciones, las que van en relación a los usos permitidos en ellas, como para su ocupación en el lote respectivo, con relación a su anchura, profundidad y altura, más retrocesos y voladizos. Normas a las que en los centros históricos se agregan otras respecto a su restauración, cambios de uso, intervenciones permitidas, uso de ciertos materiales, texturas y colores, y relativas a su mantenimiento.

Percatarse de que el correcto comportamiento en los espacios urbanos públicos comienza por el respeto a los usos del suelo de las edificaciones que lo limitan, como también lo es no producir ruido ajeno, ni el estacionamiento indebido de vehículos, principalmente en los barrios residenciales. Como igual lo es el esencial respeto de las señalizaciones y demarcaciones existentes en las vías, ya que son fundamentales para el más seguro y eficiente tránsito en ellas, tanto automotor como vehicular, por lo que hay que exigir que sean las indicadas.

Entender que la belleza de las fachadas urbanas, a lo largo de un mismo paramento de un espacio urbano público, reside en la repetición, discreta y aproximada, de sus anchos, alturas, retrocesos, voladizos, formas, texturas y colores, en casi todas las fachadas individuales de las distintas edificaciones que lo integran, mas no en su multiplicación idéntica, la que suele ser aburridora y e incluso fea. Y considerar que dichas fachadas urbanas están en las calles una enfrente de la otra y que forman esquinas, las que son inversas en las plazas y parques.

Deducir que el atractivo de las zonas verdes, las que no hay que confundir con los parques grandes, reside es en su aspecto más natural, su vegetación y fauna, y por supuesto en su ambiente, conectando a los habitantes de la ciudad con la naturaleza y la necesidad de su protección. Y entonces poder concluir que los paisajes naturales, lejanos o cercanos, que rodean la ciudad, forman parte de la misma; igual que lo hacen los parques urbanos, grandes y pequeños con sus grandes árboles, arbustos, flores, césped, senderos, bancas y fuentes.

Los monumentos a los que a su valor histórico, y que recuerdan eventos o personajes importantes, se suma su valor estético, son definitivos para la belleza de la ciudad; como también para la integración social de sus habitantes, al identificar con ellos los lugares más representativos de cada una. Del mismo modo, hay barrios, edificaciones y espacios urbanos públicos, que, si bien no son declarados explícitamente como monumentos, si exteriorizan un aspecto monumental que mucho contribuye al peculiar encanto de una ciudad.

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.

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