Frustración total

Julio 28, 2022 - 11:55 p. m. 2022-07-28 Por: Diego Martínez Lloreda

Rodrigo Londoño Echeverry, Pablo Catatumbo , Pastor Lisandro Álape, Milton de Jesús Toncel, Jaime Alberto Parra, Julián Gallo Cubillos y Rodrigo Granda Escobar.

Estos son los antiguos miembros del secretariado de las Farc que se desmovilizaron, en el marco del acuerdo de paz suscrito entre el gobierno de Juan Manuel Santos y esa guerrilla.

‘El Paisa’, ‘Jesús Santrich’, ‘Romaña’, ‘Gentil Duarte’ eran antiguos comandantes de las Farc que fueron abatidos en circunstancias no muy claras. Lo único que está claro es que están muertos.

‘Otoniel’, ‘Giovany’ y ‘don Mario’, son los jefes históricos del Clan del Golfo que han sido capturados o dados de baja por las autoridades.

A pesar de que todos esos antiguos ‘capos’ de las dos organizaciones narcotraficantes más poderosas del país quedaron fuera de combate, el negocio del tráfico de estupefacientes está más próspero que nunca.

Todos ellos fueron reemplazados por otros que si son dados de baja, se jubilan o entregan las armas, serán a su turno reemplazados por otros que vienen detrás de ellos. Por la simple y elemental razón de que mientras el narcotráfico siga siendo un negocio tan rentable siempre habrá alguien interesado en controlarlo. Y, sin duda, el narcotráfico es el motor de la violencia que tiene azotado a este país.

Traigo a cuento esta suma de perogrulladas para advertir que la ‘paz total’ que está planteando el presidente Gustavo Petro terminará siendo una nueva frustración para el país, como fue el proceso de paz de Santos, que en términos prácticos solo sirvió para darle una jubilación de oro a los miembros del Secretariado y para que el expresidente tenga colgada en la sala de su casa la medalla que lo acredita como premio Nobel de la paz.

Así los jefes de las disidencias, del Eln, del Clan del Golfo se desmovilicen en masa, no habrá ninguna paz. Ni total ni parcial. Porque los consumidores de coca seguirán demandando el producto, y sin ninguna duda encontrarán a alguien listo a proveerles su vicio. Aquí o en cualquier parte. La disputa por los narcocultivos y por las rutas persistirá.

Me dirán que la solución es que el gobierno de Petro legalice el tráfico y consumo de drogas. Buena idea, pero el problema es que el gran mercado de las drogas no está en Colombia, este es un mercado marginal. La clientela fuerte está en Estados Unidos y Europa donde Petro, ni sus mayorías parlamentarias pueden legislar.

Vaya paradoja. La solución a la violencia que padece este país no está en nuestras manos. Esa solución pasa porque el mundo entero se ponga de acuerdo para quitarle el componente criminal al negocio del tráfico de estupefacientes.

Petro debe dedicarse a liderar esa cruzada por la descriminalización global del narcotráfico, aunque será una tarea bien difícil porque el problema de los países que tienen el sartén por el mango no es el tráfico de drogas sino el consumo, que posiblemente se incrementará si se legaliza la actividad.

El narcotráfico es un problema, a lo sumo, para cuatro países: Colombia, México, Perú y Bolivia que no tienen ningún peso en la geopolítica global.

Solo cuando el narcotráfico se vuelva un problema real para las naciones más poderosas se abrirá paso la despenalización mundial, que, a no dudarlo, es la única solución posible a la violencia asociada a esa actividad.

Por ello, la paz total que promete Petro ahora no va a llegar, así nos desgastemos los cuatro años en otro proceso como el de La Habana. Al cabo del mismo simplemente cambiarán los que controlan el negocio, pero la violencia persistirá. Con lo cual, en lugar de paz total, habrá una nueva frustración total.

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