Con paro o sin él

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Con paro
o sin él

Noviembre 21, 2019 - 11:55 p. m. Por: Diego Martínez Lloreda

La motivación más frecuente que mencionaron los promotores de la marcha de ayer para justificarla fue protestar contra las reformas laboral y pensional que, según ellos, está cocinando el Gobierno.

La verdad es que el Gobierno no está cocinando esas reformas, aunque todos --Gobierno, promotores del paro, sindicatos, políticos y opinión pública-- tienen claro que más temprano que tarde tocará acometer profundos cambios en esos dos campos. Pueden hacer mil marchas y eso no cambiará.

Las razones son contundentes. En un país en el que solo el 25% de las personas en edad de jubilarse tienen acceso a una pensión y que tiene una de las tasas de desempleo y de informalidad más altas del continente, sería la mayor irresponsabilidad que el Gobierno no buscara salidas para enfrentar esos flagelos sociales.

En el campo pensional, el Estado Colombiano invierte cada año alrededor de $40 billones para subsidiar las pensiones y, como ya dije, solo la cuarta parte de la población en edad de jubilarse alcanza ese beneficio. No se puede seguir gastando esa millonada para beneficiar a tan pocos.

Lo más grave es que la mayor parte de esos recursos se destinan a subsidiar a las personas que disfrutan de las pensiones más altas.

La solución que plantean los expertos para este problema es mantener el régimen de prima media (Colpensiones) para quienes ganan hasta dos salarios mínimos y a los que devengan más, solo subsidiarle ese monto y que el resto de la pensión provenga de lo que ahorró durante su vida laboral en un fondo privado.

Y, no lo duden, también más temprano que tarde, habrá que postergar la edad de jubilación e igualar esa edad para hombres y mujeres, como ya lo han hecho la mayoría de países del mundo.

En el tema laboral definitivamente hay que flexibilizar las normas de contratación para que más gente pueda acceder a un trabajo formal.

Por ejemplo, hay que establecer el contrato por horas, no para crear ese tipo de trabajo porque mucha gente ya trabaja así, sino para que quienes laboran bajo esa modalidad puedan cotizar a la seguridad social.

Es fundamental formalizar el mercado laboral, no solo para que muchas personas que no tienen ninguna protección social la adquieran, sino para aumentar la base de cotizantes que le den un equilibrio financiero al sistema.

En fin, si queremos que más gente en este país se pueda jubilar, al menos el 50% de los adultos mayores --o sea el doble de los que logran hoy-- y si queremos que más gente tenga un empleo decente es inevitable emprender las reformas pensional y laboral.

El gran reto del Gobierno es hacerle entender a la gente esa urgencia. El desafío es mayor para un Gobierno con índices tan altos de impopularidad como este y que tiene tantas dificultades para comunicar sus iniciativas.

Con el agravante que ese Gobierno enfrenta una oposición incendiaria e irresponsable que tiene también clara la urgencia de esas reformas, pero que sabe que satanizarlas es una muy productiva bandera política.

Tremenda encrucijada la que enfrenta este Gobierno: o emprende esas reformas necesarias, con el enorme riesgo que ello implica para la tranquilidad ciudadana en una región tan convulsionada, o no hace nada y se expone a que estallen esas bombas pensional y laboral.

Sigue en Twitter @dimartillo

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