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Acabar el Esmad

Diciembre 12, 2019 - 11:55 p. m. Por: Diego Martínez Lloreda

En el mundo ideal no habría guerrilleros, dictaduras, ladrones, enfermos, incendios, ni vándalos.

En ese mundo ideal, entonces, no se requeriría un ejército que enfrente a los violentos o a las dictaduras de países cercanos que se mueren por intervenir en el nuestro, no se necesitarían policías que persigan a los ladrones, ni médicos que curen a los enfermos, ni bomberos que apaguen incendios, ni Esmad que ponga a raya a los vándalos.

Pero como no estamos en ese mundo utópico sino en la vida real, todos esos oficios se requieren. Y así como mientras existan ladrones no se puede pedir que se acaben los policías y mientras existan enfermedades no se pueden acabar los médicos, mientras existan revoltosos y vándalos tiene que seguir existiendo un cuerpo antidisturbios, llámese como se llame.

Ese tipo de cuerpo, de hecho, no se lo inventó por capricho el Estado colombiano. En 125 países del mundo existen ‘esmades’. Se trata de unidades especialmente entrenadas y con protocolos muy precisos para manejar situaciones complejas de orden público.

Antes de que los ‘esmades’ existieran, las alteraciones del orden público las enfrentaban el Ejército y la Policía con armas convencionales. Y como no estaban entrenados ni tenían el armamento para enfrentar ese tipo de emergencias, en cada motín había un reguero de muertos.

Como ocurrió, por ejemplo, el 9 de junio de 1954, cuando el Ejército fue enviado a controlar una protesta estudiantil y 13 estudiantes terminaron masacrados por los soldados.

Para evitar que esas situaciones se volvieran a presentar se creó el Esmad. Y si miramos las estadísticas, aunque algunos de los miembros de ese cuerpo han cometido excesos, el mismo ha cumplido con su cometido. En las revueltas de los últimos años la cifra de víctimas fatales se ha reducido al mínimo. Y en la mayoría de los casos, los heridos son los propios miembros del Esmad.

Por desgracia, es imposible garantizar que no haya muertos en un sarao violento, donde las papas bomba zumban de un lado a otro. Y en ocasiones se presentan errores por parte de miembros del Esmad. Lo cual es de cierta forma comprensible por la presión en la que trabajan estos agentes del orden.

Pero pedir que se desmonte ese grupo porque alguno de sus miembros se equivoca es como reclamar que se acabe el cuerpo médico porque a un especialista se le muere un paciente.

Lo que hay que exigir es que los miembros del Esmad se comporten de acuerdo con los protocolos que maneja ese organismo. Y sancionar a los que se excedan. Incluso se puede revisar el armamento que usan y garantizar que sean armas de baja letalidad. Pero insisto, garantizar cero riesgo cuando se presentan esas revueltas es imposible.

Hay gente que cree de buena fe que la solución para evitar incidentes es acabar el Esmad. Posición equivocada pero respetable. Pero hay militantes de la extrema izquierda que pregonan que se desmonte el Esmad para que le toque enfrentar las alteraciones del orden público al Ejército.

Lo que esos ‘pirómanos’ buscan es que de una protesta de esas salgan muchos Dilan, lo cual les caería de perlas para su propósito de desestabilizar el país. No lo duden, si les damos gusto y desmontamos el Esmad, después los ‘pirómanos’ exigirán que se acaben el Ejército y la Policía y por ahí derecho toda nuestra institucionalidad se irá por el caño.

Sigue en Twitter @dimartillo

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