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Detrás del pánico migratorio hay una conversación más interesante
Colombia tiene más profesionales con condiciones de competir afuera de las que el debate de esta semana sugiere.
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29 de jun de 2026, 01:27 a. m.
Actualizado el 29 de jun de 2026, 01:27 a. m.
Antes de que el escrutinio terminara, Bernie Moreno ya había cruzado el Atlántico para reunirse con el presidente electo en Barranquilla. El senador republicano, figura clave del ala Trump y de origen colombiano, no esperó protocolos diplomáticos para poner la migración sobre la mesa. La declaración que siguió incendió las redes y miles de compatriotas, de acá y de allá, amanecieron con el pánico instalado antes de leer, como suele ocurrir cuando la desinformación corre más rápido que los hechos, sin preguntarse qué había cambiado realmente.
Moreno y De la Espriella coincidieron en que los colombianos que soliciten asilo en Estados Unidos deberían regresar al país; suena drástico, pero formaliza una realidad que ya era inapelable. Washington lleva meses cerrando esa puerta con o sin acuerdo bilateral, y los números confirman que durante el año fiscal 2026, apenas el 2,77 % de esas solicitudes recibió respuesta favorable -el nivel más bajo en veinticinco años-.
El escudo de las Américas es la doctrina con la que el actual gobierno estadounidense busca blindar el hemisferio frente a la migración irregular, y Colombia acaba de pasar de problema a socio en esa agenda, lo que abre una dinámica distinta. Cuando se expulsa mano de obra sin documentos, alguien tiene que cubrir los vacíos, y la economía estadounidense nunca ha podido funcionar sin quienes vienen de afuera. Dicho de otro modo, lo que el sistema migratorio restringe por un lado, el mercado laboral lo reclama por el otro.
Esa tensión no es casual. Estados Unidos lleva décadas construyendo rutas migratorias diseñadas para atraer capital humano con capacidad de aportar valor económico o técnico, no como gestos de buena voluntad, sino como instrumentos deliberados de competitividad nacional. Quizás el mejor ejemplo es la visa EB2 por interés nacional, que permite obtener residencia sin depender de un empleador ni ganar una lotería. Para el profesional con méritos y trayectoria, que el sistema pida impacto en lugar de suerte es justo la condición que le favorece.
El saliente gobierno cerró las puertas de la Casa Blanca; el entrante las abre con una credencial de afinidad política que pocos predecesores tuvieron. Esa sintonía con la administración que hoy define las reglas del juego migratorio en la región no es un detalle menor. Si hay inteligencia estratégica de por medio, puede traducirse en condiciones más favorables para la movilidad de profesionales colombianos, no a través de arreglos grandilocuentes, sino activando canales que ya existen y que una relación fluida entre ambos gobiernos vuelve más accesibles y predecibles.
Colombia tiene más profesionales con condiciones de competir afuera de las que el debate de esta semana sugiere. Lo que ha faltado es claridad para moverse en un proceso complejo por diseño, donde la ruta, el momento y la forma de armar un caso sólido pesan tanto como las credenciales mismas. Moverse no es una señal de derrota, sino una decisión de carrera, y quien llega con ese criterio encuentra un esquema que no penaliza el origen, sino la ausencia de proyecto. Ese es justo el mensaje que el ruido de esta semana está tapando.
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Claridades:
1) Lo hemos dicho antes y vale repetirlo: la migración calificada no es una fuga de cerebros, sino, bien gestionada, la exportación más rentable que Colombia nunca ha sabido cobrar.
2) Las ventanas de oportunidad en política migratoria no duran cuatro años. Duran el tiempo que tarda el siguiente gobierno en cambiar de bando.
3) Dentro de cuatro años, quienes lean bien este momento de la historia habrán tomado decisiones que los demás seguirán postergando.
*Consultor internacional @bac.consulting

Consultor internacional, estructurador de proyectos y líder de la firma BAC Consulting. Analista político, profesor universitario.
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