Yemayá

Yemayá

Agosto 23, 2018 - 11:45 p.m. Por: Carlos Jiménez

Ella es una de las diosas mayores del panteón yoruba. En África habitaba en los lagos y los ríos y cuando sus devotos cruzaron encadenados el Atlántico, en los siniestros barcos negreros, sufrió una mutación y se transformó en la diosa de la Mar Océano.

Su culto se ha mantenido vivo bajo diversas modalidades sincréticas en Brasil, Cuba y sobre todo en Haití, donde el vudú todavía es la religión mayoritaria a pesar de las obstinadas campañas de evangelización previas y posteriores a la rebelión de esclavos que le dio la independencia.

A nosotros, sin embargo, nos resulta extraña porque en Colombia dichas campañas tuvieron un éxito indudable que consiguió romper, en buena medida, el vínculo histórico entre la población esclavizada y sus ancestros africanos representado por las religiones afroamericanas.

Aún así propuse hace veinte años a Yemayá como el nombre de un evento anual dedicado a las artes afroamericanas. Las artes producidas por quienes en el Caribe y en Norte y Suramérica asumen el legado cultural africano, lo renuevan y actualizan en términos de estéticas, medios expresivos y lenguajes contemporáneos. Son artistas, que al igual que hicieron previamente los músicos de su misma vocación, están asumiendo la representación de los traumas, los conflictos, las exigencias y las esperanzas que el presente depara a los pueblos afros, contando con el pasado del que intenta separarlos el colonialismo residual que todavía padecemos.

El colonialismo fue, entre otras cosas igual de ominosas, la aniquilación de una cultura para permitir la imposición de otra. El colonialismo cultiva deliberadamente la amnesia.

Mi propuesta fue aceptada por la rectoría de la Universidad del Valle de entonces por lo que en 1998 pudo inaugurarse la primera edición del Salón Yemayá. Incluía artistas afrocubanos, mientras que la segunda incluyó a artistas afrobrasileños y la tercera el extraordinario trabajo de documentación fotográfica de las comunidades afros del litoral Pacífico realizado por François Dolmestch, en la segunda mitad del siglo pasado.

Desgraciadamente el proyecto se interrumpió debido a cambios en la política de Univalle pero hoy, gracias a la actual rectoría y al entusiasmo sin desmayo de Darío Henao, ha surgido la posibilidad de recuperarlo y relanzarlo.

Confió en que así sea. Sería un buen complemento del seminario Jorge Isaac y del Petronio Álvarez, festival de músicas afrocolombianas.

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