Narcos

Narcos

Noviembre 29, 2018 - 11:45 p.m. Por: Carlos Jiménez

A la hidra de la guerra contra las drogas le ha brotado una nueva cabeza: las series televisivas. Después de la oleada de documentales y películas dedicadas a Pablo Escobar, vuelve a la carga el portal Netflix con la serie Narcos.

Ha pasado más de una década desde el primer documental dedicado a la vida y los crímenes del bandido más famoso de nuestra historia y muchos documentales, telenovelas y películas y el tema sin embargo no decae. Como tampoco esta guerra siniestra que parece destinada a perpetuarse a menos que López Obrador, el nuevo presidente de México, se las ingenie para ponerle fin.

Como se sabe, Narcos dedica su primera y segunda temporada al Cartel de Medellín, centrándose en la figura de Pablo Escobar. Y las dos temporadas siguientes al Cartel de Cali, poniendo a Gilberto Rodríguez en el papel de gran cerebro del mismo. Que es lo que todos sabíamos o creíamos saber.

La novedad, por lo menos para mí, es la crueldad despiadada que se le atribuye y que lo convierte en un personaje odioso e incapaz por lo tanto de despertar la más mínima simpatía. Pero no es la única, debido entre otras cosas a que la serie, que parece hecha a la medida de los intereses de la DEA, ofrece informaciones que en su día no fueron de conocimiento público, aunque sí de la agencia.

Algunas poco creíbles, como la de que fue la intuición de uno de los dos agentes de la DEA protagonistas de la serie la que evitó que César Gaviria, entonces candidato a la presidencia, abordara en Bogotá el avión de Avianca con destino a Cali que hizo explotar en el aire una bomba puesta por un sicario de Escobar.

Resulta, en cambio, plausible la existencia de una alianza entre el Cartel de Cali y Carlos Castaño y sus paramilitares -avalada por la CIA- para combatir al sangriento cabecilla del Cartel de Medellín. Al igual que el hecho de que las acciones en contra de los carteles estuvieron supeditadas por el Pentágono y la CIA a las necesidades de la lucha contra los movimientos insurgentes de la época, entonces tan fuertes que hicieron temer a Washington por una nueva Nicaragua.

Los guionistas se han cuidado de que las salpicaduras de estos cálculos y relaciones non santas manchen sin embargo a la DEA. O por lo menos que no salpica al detective blanco sino al latino, con quien forma equipo, que es a quien corresponde en exclusiva participar o ser testigo de las atrocidades cometidas por los enemigos de Escobar.

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