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El carnaval en vilo

Febrero 18, 2021 - 11:45 p. m. 2021-02-18 Por: Carlos Jiménez

El carnaval se une a la larga lista de víctimas de los confinamientos impuestos en el mundo por la dichosa pandemia. Heredero de las saturnales romanas, cristianizado en el medioevo europeo y convertido en medio de una adaptación y supervivencia de las culturas africanas en América, el carnaval resulta hoy incompatible con los toques de queda y las medidas de distanciamiento físico decretadas por los gobiernos de medio mundo.

Y por lo mismo su suspensión se convierte en la dolorosa manifestación de la grave fractura de la vida social que ha traído consigo el coronavirus y la cuestionable gestión que tantos gobiernos que han hecho de su impacto.

Nuestra vida en común se expresa de muchas maneras y en muchas escalas, desde las multitudes callejeras hasta los partidos de fútbol pasando por las aglomeraciones en los mercados y en los conciertos, las peregrinaciones religiosas o las manifestaciones políticas, pero en ninguna de ellas se da con la intensidad alegre, intempestiva, irreverente y sobre todo participativa con la que se da en el carnaval.

Como dicen en Barranquilla refiriéndose al suyo: “Quien lo vive es quien lo goza”. Cierto, solo pocos carnavales como el de Bahía que conservan intacta la vocación original del carnaval de trastocar roles e invertir jerarquías sociales, pero en todos ellos reina un bendito desenfreno que es una poderosa fuente de placer. De allí el empeño que siempre han tenido las autoridades, tanto políticas como eclesiásticas, de constreñirlo y ordenarlo, precisamente para que la gente no se salga de madre y no disfrute plenamente el placer de la liberación de reglas y tabúes.

Entre esas medidas, la que me resulta más odiosa es la decisión de los gobiernos de Río de confinar los desfiles de comparsas y carrozas a un ‘sambódromo’ que extrema la escisión entre protagonistas y espectadores que el carnaval tiende a abolir o a neutralizar.

Y si es cierto que los carnavales son en todo el mundo una forma cultural de una extraordinaria vitalidad, también lo es que los de América han sido un crisol o un laboratorio cultural en el que se ha forjado buena parte de nuestras culturas populares, mezclando los aportes nativos, europeos y africanos. Algo que han comprendido bien los artistas de Bahía que, agrupados en el Bloque Ilê Ayllé, reivindican al carnaval como el ámbito donde conciliar el arte contemporáneo con la mejor tradición popular.

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