Las máscaras del narcisismo
La habilidad de los padres/madres narcisistas para camuflarse les permite hacer daño a sus hijos sin que nadie lo note.
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19 de nov de 2022, 11:20 p. m.
Actualizado el 17 de may de 2023, 12:19 p. m.
Es durante los años formativos de la primera infancia cuando un narcisista, usualmente en forma de padre (o madre) puede hacer los daños mayores en el niño. La ausencia de una figura parental afectuosa que genere confianza y brinde seguridad básica, puede dar lugar a inseguridades que son difíciles de superar. Una autoestima saludable solo se logra a través del contacto con un afecto genuino y consistente a lo largo de toda la vida infantil.
Los narcisistas generalmente no llegan por iniciativa propia a una consulta psiquiátrica o psicológica. Son sus víctimas, ya como adultos, las que piden ayuda porque están insatisfechos o sufren tristeza, rabia reprimida, angustia, incertidumbre, sensación de incomprensión y una extensa variante de dificultades emocionales que pueden progresar a una franca depresión. Sienten que algo no funciona bien en su relación con las personas más cercanas, pero no pueden definirlo. Esos síntomas y las dudas que los acompañan suelen durar mucho tiempo, en gran parte porque el narcisista se esconde detrás de una fachada omnipotente, inflexible, egocéntrica y siempre difícil de cuestionar. Y principalmente porque los narcisistas utilizan dos mecanismos de defensa que operan de manera automática: “Yo no soy el del problema (negación); el responsable de todo es usted (proyección)”.
Frente a un interlocutor tan difícil, sus víctimas siempre están en desventaja, entre otros motivos, porque han sido entrenadas para sentirse culpables. Por esas razones, las discusiones con un narcisista siempre se pierden. Encontrar el origen del problema no es fácil y suele tomar años de un aguante silencioso. Y solo se logra abrir los ojos y vencer el miedo de desnudar al tirano cuando alguien de confianza aporta la información que les permite identificar la naturaleza dañina de las conductas de su allegado.
La mala fortuna de nacer en el seno de un hogar donde al menos uno de los progenitores es narcisista, es la forma más común de convivir con un tirano. (Otra forma es eligiéndolo como pareja).
Para el niño, por su condición de subordinado a un adulto omnipotente, va a tomar muchos años comprender la naturaleza de una relación en la cual coexisten la necesidad de amor y la sumisión a una autoridad poderosa. Esta dinámica se alterna con el temor y la rabia ambivalente que no se pueden expresar.
El niño deberá madurar lo suficiente para tener la fortaleza psicológica de mirar de frente la realidad. También ayuda tener alguien al lado que lo apoye y el vivir en un ambiente propicio. Todo ello permitirá llegar en algún momento a hacer sus propias reflexiones y poder cuestionar las conductas claramente destructivas del progenitor narcisista.
Como la característica fundamental de un narcisista es su enorme facilidad para camuflarse no es raro que muchas personas convivan por años con el tirano sin darse cuenta. Y no entiendan la razón por la cual se sienten que “siempre están en falta” y “nunca son suficiente”.
El primer y más importante paso es ver con claridad la condición narcisista de su allegado, con sus dosis destructivas de egoísmo y frialdad.

Directora de El País, estudió comunicación social y periodismo en la Pontificia Universidad Javeriana. Está vinculada al diario EL País desde 1992 primero como periodista política, luego como editora internacional y durante cerca de 20 años como editora de Opinión. Desde agosto de 2023 es la directora de El País.
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