La sociedad siempre mira para otro lado

Escuchar este artículo

La sociedad siempre mira para otro lado

Mayo 08, 2021 - 11:00 p. m. Por: Carlos E. Climent

La sociedad hipócrita en silencio, protege y oculta al sociópata especialmente si es poderoso, a pesar de que sus acciones destructivas son innegables. Las razones son diversas: egoísmo, comodidad, indiferencia, miedo, insensibilidad, conveniencia o todas las anteriores.

La gran mayoría de las personas observa las acciones torcidas del sociópata, pero no las confronta porque sabe que el autor de los desmanes es capaz de represalias y prefiere no arriesgarse. Si el sujeto de marras hace parte de su círculo, le hace el juego, fingidamente lo acepta, se sienta a manteles con él, lo aplaude, se ríe de sus bromas y encubre sus crímenes. A pesar de saber que se trata de un personaje despreciable, concluye que “es mejor tenerlo de amigo”.

Contribuye al ocultamiento, la tolerancia tan generalizada frente a los comportamientos sociopáticos cotidianos que ha permitido que el sociópata se sienta muy cómodo realizando sus acciones destructivas a todos los niveles, desde los más “pequeños” como robarse un turno en la fila, o dar coimas a funcionarios públicos, hasta las aberraciones más extremas, como hacerse el de la vista gorda frente al abuso sexual.

La nación entera se rasgó las vestiduras cuando a Yuliana Samboní la asesinaron después de violarla, pero a la semana siguiente ya nadie se acordaba de ella ni de su familia. Un año después, Medicina Legal reportaba el incremento de un 12 % de violaciones de niñas y niños en Colombia comparado con el año inmediatamente anterior. De entonces a hoy, las cifras de violaciones han seguido aumentando a ese ritmo y nadie parece indignarse por los más de 20.000 niñas y niños abusados sexualmente cada año en el país (datos reportados; la cifra real es mucho mayor). Y nada se ha hecho para corregir esta situación.

Ignoro cual es el puesto que ocupa Colombia en el macabro ranking mundial de niños y niñas violadas cada año, pero tan solo con los reportados anualmente por Medicina Legal, nuestro país probablemente se ubica en un vergonzoso alto puesto de ese ranking. Seguramente nos superarán unos pocos países donde las violaciones sexuales de niñas hacen parte de escabrosas estrategias militares para debilitar al enemigo.

Pero la situación no es exclusiva de los países en desarrollo. Mientras fue el hombre poderoso de Hollywood, Harvey Weinstein era respetado por muchos, especialmente por los más influyentes y prestigiosos, a pesar de que todos sabían de los abusos sexuales que cometía. Antes de que el movimiento “#Me Too” lo desenmascarara y lo llevara a la cárcel, se sentían honrados de su amistad. Nada muy distinto a lo que ha ocurrido con otros miles de abusadores sexuales a lo largo de la historia. Esta plaga, por supuesto, no excluye a Colombia.

La triste realidad histórica en nuestro país es que la sociedad toda, pero en especial los más privilegiados, suelen mirar para otro lado cuando se trata de la desigualdad frente a las minorías agraviadas y los abusos contra las niñas, los niños, y las mujeres.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS