La salida al mar
Esta larga carretera de Cali a Buenaventura, quizás la más importante del...
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9 de dic de 2010, 12:00 a. m.
Actualizado el 18 de abr de 2023, 03:46 a. m.
Esta larga carretera de Cali a Buenaventura, quizás la más importante del país, es reflejo de Cali, el Valle y Colombia. Recorre muy diferentes topografías y climas que producen variados, bellos y contundentes paisajes. Primero se sube rápidamente serpenteando entre los montes agrestes de la enorme Cordillera Occidental, inmersa en la niebla o las nubes o a pleno sol, o se baja hacia la espectacular vista de la amplísima planicie del valle del río Cauca enmarcada por el cañón del río Cali, y a continuación, descendiendo por su otra vertiente, mirando a Dagua, poco a poco se transforma en una suave pendiente hacia el mar que se va llenado de una cerrada y muy húmeda selva tropical contra el Océano Pacifico, que no es tal con sus aguaceros diarios, densos y mágicos, y sus grandes tormentas vespertinas mar adentro cuyos destellos incluso se perciben desde la Cordillera Central al otro lado del valle del río Cauca. La biodiversidad a todo su largo es una de las mayores del mundo y aunque poco se ve, sí que se puede oír cuando uno se detiene y, sin duda, se siente. Pero la llamada Portada es una vergüenza y su doble calzada, urgente y ya diseñada, curiosamente no fue una de las megaobras, y la ampliación desde Loboguerrero es un permanente derrumbe. No se usaron más viaductos y túneles, por su costo, y se hicieron cortes en un terreno cuya inestabilidad es bien conocida, resultando más cara y demorada. La subida al 18 es usada por las mañanas por muchos ciclistas aficionados, que van por la calzada pues no hay casi bermas e incluso con un carro guardándoles sus espaldas, obstaculizando el tráfico, y los sábados y domingos nutridos pelotones juran que están en la Vuelta a Colombia. La Ley dice 120K/H, pero una única señal indica 30 que es como estar parado. Los carros violan en cualquier parte la doble línea amarilla para adelantar, pues no se suspende nunca, y cortan las curvas invadiendo peligrosamente el carril opuesto. Los vehículos lentos no dejan espacio para poderlos pasar, y los camperos y busetas de transporte público paran donde se les da la gana pese a Sirirí. Para no hablar de los motociclistas ni de los atracos de hace unas semanas.La calzada es usada para revolver mezcla para construcciones ilegales, algunas de varios pisos, y sus estrechas bermas, donde las tiene, se invaden para instalar ventas o, peor, se excavan entradas y hasta improvisados garajes que desestabilizan los cortes de la carretera y hay sectores que se están hundiendo. Su burda iluminación por partes, casi siempre sin funcionar, y dañando el paisaje con sus postes torcidos, restos de cometas y cables descolgados, es parte del carrusel de contrataciones, como la reconstrucción de bermas que están en buen estado en lugar de tapar los muchos huecos de la vía. Y las autoridades tampoco se ocupan de Terrón Colorado y demás invasiones, esperando que terremotos como el de Popayán o Armenia y la contaminación del río Cali les toquen a otros. La Salida al Mar fue lo que llevó a Belalcázar a fundar a la ciudad en donde está y el Valle del Cauca cada vez depende más del Pacífico, pero todo se queda en un nombre tonto a un centro de eventos en medio de un cañal o hablar de un ecopuerto en un parque natural.

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.
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