Globalización de la indiferencia

Escuchar este artículo

Globalización de la indiferencia

Julio 16, 2013 - 12:00 a. m. Por: Aura Lucía Mera

Estupendo el artículo de Víctor Diusabá ayer lunes sobre las palabras del Papa Francisco en Lampedusa, ese pueblito al sur de Italia, también olvidado y pobre que recibe centenares de africanos que osan cruzar esos kilómetros que los separan de Europa, desafiando olas, tempestades, hambre, deshidratación y encontrando la mayoría de las veces la muerte o el rechazo simplemente por intentar encontrar una vida más digna.Este drama no solamente lo viven los africanos desesperados que se montan en las pateras en busca de pan, de trabajo, de oportunidades. Aquí en Colombia, sin necesidad de pateras ni de atravesar los mares enfurecidos también lo vivimos a diario. Al ver al fin la película ‘Chocó’, la que deberíamos ver todos los colombianos en medio de esos atardeceres lentos y dorados las aguas majestuosas del río Atrato, la imponencia de la vegetación y la historia de Chocó, su pobreza, su marido borracho y maltratador, sus niños llenos de ilusiones y juegos que los sacan de la realidad se refleja la situación de la mayoría de los colombianos.Campesinos desplazados que caminan inútilmente cientos de kilómetros para asentarse en algún sitio que no esté en medio de las balas, otros sacados a la fuerza por ellas, amenazados, despojados de sus tierras. Territorios enteros olvidados del Estado desde épocas inmemoriales que cuando quieren reclamar sus derechos son tildados de guerrilleros y excomulgados de cualquier intento que dignifique su existencia, marcados con un rótulo que les despoja de toda sus razones.Catatumbo, Vichada, Chocó, Buenaventura, Cauca. Miles, miles y miles de familias que han sido relegadas, sus cuerpos cuando son asesinados o desaparecidos no se buscan, no hacen falta, porque nunca han existido para el resto de la sociedad. Y si viven, pues tampoco existen, se los rótula como ‘desplazados’, ‘víctimas’, ‘guerrillos’, ‘paras’, ‘victimarios’, pero ninguno tiene rostro, ni nombre ni apellido. No pertenecen a la sociedad de consumo. Simplemente estorban. Son tema de conversaciones en reuniones sociales, muchas veces acentuando la polarización que se siente cada vez más. Son los ‘malos’ contra ‘los buenos’. Y en el fondo son los dueños de los capitales que no les interesa nada que pueda tocar sus haberes. Aquella sociedad indiferente, inmersa ante el afán de hacer dinero, de comprar, de aparentar, de competir por el reloj más costoso o la casa más ostentosa.Retomo las palabras del papa Francisco publicadas ayer por Diusabá, vale la pena interiorizarlas. “Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del llanto. La ilusión por lo insignificante, por lo provisional nos lleva hacia la indiferencia hacia los otros, nos lleva a la globalización de la indiferencia”. “Te pedimos (Dios) ayuda para llorar por nuestra indiferencia, por la crueldad que hay en el mundo, por aquellos que desde el anonimato toman decisiones socioeconómicas que abren la vía a estos dramas”.Gracias Víctor por tu columna. Gracias Francisco, un ser humano fuera de boatos y halagos, que nos quiere despertar la conciencia para despojarnos de la indiferencia global.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS