Columnistas
Asumir lleva al error
La solidez de una relación se ve en la dificultad, no en la fiesta.
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8 de mar de 2026, 12:46 a. m.
Actualizado el 8 de mar de 2026, 12:46 a. m.
La mayoría de los conflictos y los disgustos que tienen las personas en muchas circunstancias de sus vidas (personales, familiares, sociales y por supuesto políticas…) están asociados al error de asumir asuntos que no son. Es decir, en suponer o dar por cierto algo, aunque no esté comprobado.
En las relaciones de pareja, especialmente en sus inicios, es común que una de las partes asuma que conoce a su pareja a pesar de haberla tratado por muy poco tiempo o en circunstancias donde priman la mutua complacencia y la fachada.
O llegue a la conclusión prematura que su pareja es capaz de amar, basándose en el atractivo físico o en la inercia que produce una relación novedosa.
O determine que su pareja es transparente y bien intencionada simplemente porque se ha sentido cómoda durante los inicios de la relación, cuando todavía no han salido a flote los problemas normales de la vida cotidiana.
O piense, sin haberlo verificado, que la calidad del compromiso es similar para ambos, cuando en realidad no lo es.
Al comienzo, por supuesto, las imperfecciones se camuflan con facilidad. Pero la calidad de la relación, y el nivel de compromiso se miden cuando hay fricción a través del tiempo. En otras palabras, la solidez de una relación se ve en la dificultad, no en la fiesta.
Cuando una relación empieza a mostrar grietas de cualquier clase, y tal situación no se enfrenta oportuna y claramente, la relación inicia un camino hacia el deterioro. Cuando la comunicación no es buena, por ejemplo, cuando una parte no escucha, las parejas se atrincheran en sus argumentos, muestran sus aristas más patológicas, y no conceden. Las discusiones interminables, adobadas con resentimiento de lado y lado, derivan a inútiles discusiones cada vez más destructivas.
Cuando una relación llega a un punto de crisis, y la pareja concluye que la relación o se arregla o se acaba, es recomendable:
* Hablar más compasivamente y no eludir las dificultades, ni las incompatibilidades. En una relación maquillada o silenciada, nunca se sabe si existe o no una verdadera compatibilidad y si hay o no un genuino deseo de resolver las diferencias.
* Enfrentar las dificultades, tan frecuentes en la vida, con la mayor objetividad posible. Tal decisión puede salvar una relación, pero hay que tomarla cuando todavía hay esperanza.
* No permitir que los diálogos queden inconclusos. En otras palabras, no abortar las discusiones ni responder con silencio ante las discrepancias. La idea de terminar prematuramente una discusión sobre cualquier situación conflictiva es pésima estrategia, ya que no arregla nada y contribuye a profundizar el resentimiento y las diferencias.
Una comunicación efectiva puede acelerar el rompimiento de una relación que no tiene futuro, lo cual evita un sufrimiento más largo y profundo. Pero más frecuentemente lo que ocurre es que se logra llegar a acuerdos mutuamente beneficiosos para los dos a través de conversaciones francas, profundas y bien intencionadas.
Cuando dos personas compatibles que se aman de verdad tienen discusiones, pero enfrentan las dificultades abiertamente y llevan sin miedo el diálogo hasta sus últimas consecuencias, la relación tiene un mejor chance de salir fortalecida.

Carlos E. Climent es médico de la Universidad del Valle y psiquiatra de la Universidad de Harvard. Durante30 años trabajó en el Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Valle, y durante 20 se desempeñó como miembro del Panel de Expertos en Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud.
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