Columnista
¿Voto secreto?
Cabe preguntarse qué tan secreto es el voto en Colombia, en donde alrededor de la mitad de los ciudadanos con derecho a votar se abstiene a la vista de todos en lugar de votar en blanco, manifestando públicamente su inconformidad...
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23 de abr de 2026, 01:10 a. m.
Actualizado el 23 de abr de 2026, 01:10 a. m.
Como señala Paul Cartledge en Democracia / una historia, 2016: “todas las [democracias] modernas son representativas” (p. 32), en las que sus ciudadanos eligen a sus representantes, precisamente, en las principales autoridades mediante el voto. En Colombia, según la Ley 96, del 21/11/1985, Artículo 2º: “El voto es secreto y las autoridades deben garantizar el derecho que tiene cada ciudadano de votar libremente sin revelar sus preferencias”. Y, por su parte, la Corte Constitucional considera que: “La existencia del voto secreto es determinante para que las personas puedan ejercer en completa libertad su derecho de sufragio y, por lo tanto, puedan cumplir a cabalidad con su papel de electores de sus gobernantes”. En otras palabras, el voto es la base de la democracia.
Sin embargo, cabe preguntarse qué tan secreto es el voto en Colombia, en donde alrededor de la mitad de los ciudadanos con derecho a votar se abstiene a la vista de todos en lugar de votar en blanco, manifestando públicamente su inconformidad, y en donde a la mayoría de los que sí votan les interesa más la coalición politiquera de los candidatos que los principales problemas que estos identifican en el país y sus propuestas al respecto, y cómo echarlas a andar. Temas que deberían ser propios de verdaderos partidos políticos, los que aquí cada vez lo son menos, instituciones de interés público que agrupan ciudadanos bajo principios ideológicos comunes para participar en la vida democrática, representar intereses sociales y acceder al poder mediante el voto popular.
Temas, todos los anteriores, que todos los ciudadanos deberían discutir, con datos y argumentos, con sus familias, amigos, colegas y conocidos, en lugar de simplemente preguntarles por quiénes van a votar, o decirles, sin que se los haya preguntado, por quiénes ellos lo van a hacer. Es crear un ámbito de la vida social, entre él, donde los ciudadanos convergen para debatir libremente, identificar problemas e influir en la acción política; un espacio de reflexión crítica crucial para la democracia y la formación de la opinión pública. Y, enel ámbito personal y familiar no sometido al control público directo, y protegido como un espacio de libertad individual y autonomía frente al Estado o terceros; abarca la vida íntima, la gestión familiar y la actividad económica.
Los que opinan en los medios de comunicación deberían centrarse en el tema de los principales problemas, propuestas y soluciones posibles para el país, y de la formación, experiencias y vida pública de los distintos candidatos, y solo después proponer los suyos. Informar sobre cuáles son los principales problemas que los identifican y cómo los priorizan, y cuáles son sus propuestas concretas al respecto; y qué otras propuestas formulan, ya no para solucionar problemas, sino buscando mejoras o para el futuro. La experiencia profesional y pública de cada candidato claramente refuerza su formación educativa, sus opiniones políticas y sus propuestas ante los problemas en los que ha operado, anticipando necesidades y ofreciendo soluciones.
Por supuesto, en el contexto de esta columna de opinión, ‘secreto’ no se refiere principalmente a la información oculta, confidencial o reservada, a menudo asociada con misterio o sigilo, sino a la libertad que debe tener cada ciudadano de informarse por su cuenta, y no ser presionado, antes de escoger sus candidatos, para lo cual inevitablemente hay que hablar de ellos, pero desde otra perspectiva. Un conjunto estructurado de informaciones y valores compartidos que moldea tanto individuos como grupos sociales, interpretando la realidad política, económica, social y cultural, actuando como un marco cognitivo para identificar problemas, proponer soluciones y orientar la conducta, influyendo en la identidad grupal y las preferencias de Gobierno.

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.
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