La infinita paciencia de Dios

Marzo 20, 2022 - 06:15 a. m. 2022-03-20 Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor Édgar de Jesús García Gil, obispo de Palmira

Una de las más bellas expresiones para designar a la Iglesia que Jesús estableció entre nosotros es la de “Pueblo de Dios” que camina hacia la vida eterna. En este peregrinar juntos, este tiempo de cuaresma nos invita una vez más a la conversión. ¿Cuántas veces hemos oído esta palabra conversión y que significa esta exigencia? Es evidente que en estos nuevos tiempos que estamos viviendo de ateísmo, relativismo y quiebra de valores fundamentales, de guerras, de violencias políticas, de conflictos intrafamiliares, de abusos de poder, de calentamiento global en medio de una supuesta sociedad llamada líquida, la crisis que nos golpea nos demuestra que debemos retomar una actitud de conversión, de cambio.

La conversión es una decisión personal, libre y responsable, de mirar y buscar lo fundamental para nuestra vida personal, familiar y comunitaria. Y esto en tres dimensiones. Primero, en nuestro agradecimiento eterno al amor misericordioso de Dios que siempre toma la iniciativa de amarnos a cada uno con un amor particular y único. Segundo, en la nueva conciencia de que todos somos hermanos y por lo tanto debo compartir y ayudar a mi prójimo en sus diferentes necesidades con generosidad y sacrificio. Tercero, en descubrir que debemos cuidar nuestra casa común, planeta tierra, con una mayor conciencia de ecología integral.

En esta actitud del corazón llamada conversión todos debemos saber lo que el evangelio de Lucas 13 nos enseña hoy: La necesidad de la conversión, del cambio en el estilo de vida, como elemento fundamental de nuestro camino hacia la Pascua. “Si no se convierten, todos perecerán lo mismo”.

Y una segunda enseñanza es la paciencia del cuidador de la viña (Dios) para no cortar la higuera estéril y darle un tiempo para que realmente produzca los frutos esperados. “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos en ella, pero no los encontró. Entonces le dijo al cuidador de la viña: Ya hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. ¡Córtala! ¿Para qué va a seguir ocupando terreno en balde? Pero el cuidador le contestó: “Señor, déjala todavía un año más. Yo cavaré a su alrededor y le pondré abono. Quizás en delante de fruto. Si no es así, entonces la cortarás. ”Dios espera con infinita paciencia nuestros frutos de caridad en esta cuaresma.

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