Morir en las calles de Cali

Enero 16, 2022 - 11:50 p. m. 2022-01-16 Por: Antonio de Roux

Muchos tratamos de entender los motivos de las autoridades locales para asumir ciertas conductas y actitudes. Sus procederes o su falta de acción podrían estar determinados por la incompetencia o la indiferencia. Pero otra explicación está en la ideología. En el deseo de acelerar hasta el fondo las contradicciones de la democracia burguesa para que haga crisis, se derrumbe; para que a los profetas del nuevo orden social les quede el campo libre y el poder sin cortapisas. En ese camino lo que menos importa es el ciudadano.

Cali dejó de ser la ciudad amable en la que era grato vivir. Hoy en día aquello que pudiera afectar a los moradores solo merece la indiferencia de quienes gobiernan. Que no haya semaforización y los desplazamientos vehiculares sean una tortura, a ninguna autoridad le importa. Que las calles sean escenario permanente de asesinatos, a ninguna autoridad le importa. Que las videocámaras dispuestas para judicializar a los hampones e infractores estén desactivadas, a ninguna autoridad le importa. Que los ciudadanos sean convocados a eventos multitudinarios y se contaminen de la peste, a ninguna autoridad de control importa. Y dejo allí esta lista pavorosa.

En la selva de indiferencia frente a las necesidades del ciudadano hay situaciones puntuales que claman al cielo. Es el caso del personaje perteneciente a la tercera edad y afectado de grave crisis cardiaca, cuyo vehículo quedó inmovilizado por una infracción menor. El paciente en estado crítico al que impidieron llegar al hospital para su atención urgente murió como consecuencia en la vía. Resulta inconcebible que la tragedia suceda en una ciudad donde los guardas de tránsito jamás se dejan ver y la movilidad es caótica.

Este hecho recogido por la prensa nacional es absolutamente inaceptable y debe llevarse hasta las últimas consecuencias. ¿Cómo es posible que en un gobierno cuyo eslogan es ‘Unidos por la vida’ un guarda de tránsito con la cara oculta en el casco de dotación frustre la última oportunidad de vida de un ciudadano? ¿Cómo es posible que el Subsecretario de Tránsito se muestre de acuerdo con una actuación descriteriada y abusiva que ha cobrado una vida humana? ¿Acaso no se configuró aquí algún tipo delictivo como el de homicidio preterintencional? ¿Acaso no se trata de una situación que debe ser analizada por los jueces de la República para determinar responsabilidades y las reparaciones económicas a las que haya lugar?

Lo referido pareciera tener origen en la cultura de gestión que se ha apoderado del gobierno local. Dentro de tal filosofía el ser humano común no es importante. Al efecto piénsese en el paro de abril cuando los responsables municipales ignorando sus deberes y los derechos de la comunidad, permanecieron pasivos ante las asonadas perpetradas por actores foráneos y ante la proliferación de bloqueos criminales. Unas barreras que también impedían a los caleños llegar a las instituciones de salud, incluso cuando peligraban sus vidas.

El episodio del anciano fallecido está ayudando a despertar conciencia sobre este modo de gobierno en el cual cuenta más un parte de tránsito que una vida. Ojalá los aspirantes al Congreso expresaran sus opiniones sobre el particular, como ya lo hizo en redes la ex directora jurídica de la Secretaría de Movilidad Mildred Arias, quien conoce bien de estos intríngulis.
Sigue en Twitter @antoderoux

Tres (3) meses de acceso ilimitado por $4.700. Suscríbete aquí
VER COMENTARIOS