Cultura

Artemis II acabó con el negacionismo y las teorías conspiranoicas: pruebas irrefutables de que la humanidad llegó a la Luna

Las evidencias de los alunizajes de diferentes misiones espaciales están a primera vista, pero son más virales las teorías conspiranoicas y el negacionismo científico.

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Orion enfrentará su reentrada a alta velocidad antes de tocar el océano Pacífico.
Una vez más, la carrera espacial demuestra que la ciencia y la ingeniería humana conquistó el espacio, dejando sin argumentos a los negacionistas. | Foto: HANDOUT / NASA / AFP

13 de abr de 2026, 04:20 p. m.

Actualizado el 13 de abr de 2026, 04:20 p. m.

Isaac Asimov planteó una bella hipótesis —bastante plausible— sobre la determinante contribución de la Luna en el desarrollo de la vida terrestre y el progreso humano. El escritor ruso sugirió que las mareas gigantes causadas por el astro en su atracción con la Tierra, hace 500 millones de años, lanzaron a las criaturas marinas lejos de su ambiente original, obligándolas a evolucionar.

A su vez, gracias al ciclo lunar, que cambia en promedio cada 7,38 días y se repite después de cuatro fases, la especie Homo sapiens aprendió a contar y medir el tiempo. Por último, Asimov sostuvo que la cercanía de la Luna, a diferencia de las estrellas y planetas, fomentó la imaginación científica y el deseo de conquistar el universo.

Artemis II
La cápsula espacial Orión, de la misión Artemis II, donde viajaron los cuatro astronautas. | Foto: NASA

“Solo la Luna hizo posibles los vuelos espaciales. En primer lugar, al hacernos ver que existen otros mundos, además del nuestro, y ofreciéndonos luego un fácil trampolín con el cual pulir nuestras técnicas y desde el cual emprender a la larga el asalto, mucho mayor, a los mundos más distantes. El triple triunfo de la Luna es, por tanto, este: que hizo posible la existencia del hombre, que hizo posible el desarrollo de las matemáticas y la ciencia, y que hizo posible que el hombre trascendiera la Tierra y conquistara el espacio”, escribió.

La Luna —desde su lado más oscuro— también dio origen a una forma de imaginación imposible capaz de trastornar a los que pierden la noción de lo real. Por eso son llamados lunáticos.

Artemis II despegó
El cohete SLS en el que despegó la misión Artemis II tomó una parábola para rodear el planeta y entrar en la órbita terrestre. Se llama el “giro gravitacional”, la forma más idónea para tomar más velocidad e impulsarse hacia afuera, ya que en línea vertical la gravedad ejerce fuerza constante. | Foto: NASA

En la actualidad, hay lunáticos que llegaron al punto de negar los logros de la ciencia, como la conquista del espacio y los alunizajes, argumentando que son montajes cinematográficos realizados para manipular a la sociedad y ocultar verdades terribles.

Entre todas las conspiraciones que niegan la llegada del hombre a la Luna, aquella más popular —y que se resiste a desaparecer— tiene como protagonista al director de cine Stanley Kubrick, quien, según este relato delirante, habría sido contratado y obligado a colaborar en un proyecto secreto de la CIA o el FBI para destruir la imagen de la Unión Soviética en todo el mundo y evitar la expansión del comunismo en medio de la Guerra Fría.

Kubrick, reconocido por su obsesión con el realismo cinematográfico, habría creado un set de grabación para simular la superficie lunar y filmado allí la película de un alunizaje que, después, el 20 de julio de 1969, se transmitió como si fuera real, haciéndole creer a todo el mundo que Estados Unidos había conquistado la Luna.

El director y todas —absolutamente todas— las personas que trabajaron en la supuesta película habrían guardado el secreto por temor a ser asesinadas por la CIA o el FBI.

2001: Odisea del Espacio
'2001: Odisea del Espacio', película de Stanley Kubrick, estrenada en 1968. | Foto: Warner Bros. Pictures

No obstante, como se ha demostrado muchas veces, algunas de estas teorías fueron parodias que surgieron durante la época del programa espacial Apolo, entre 1961 y 1972. A Kubrick lo relacionan por su película ‘2001: Odisea del espacio’, estrenada en 1968, donde recrea escenografías espaciales con gran precisión.

Todo este relato conspiranoico fue utilizado por el director francés William Karel para un falso documental llamado ‘Operación Luna’, estrenado en 2002 y que sigue circulando como si fuera real en grupos de redes sociales, justificando la ignorancia de algunos.

A este delirio se suman los partidarios de la International Flat Earth Society (Sociedad Terraplanista), fundada en 1956 por Samuel Shenton, un hombre que negaba el viaje a la Luna argumentando que las imágenes de la NASA eran falsas, puesto que la Tierra se veía ovalada, todo ello por el uso de un lente que producía —según él— una ilusión óptica. Aunque nunca ha tenido demasiados miembros, creencias anticientíficas como esta aún circulan en chats y debates de redes sociales.

El astrofísico caleño Mauricio Medina, quien también es el coordinador del Planetario Yawa, considera que “el terraplanismo es un asunto saldado hace dos mil años, cuando Eratóstenes midió la circunferencia de la Tierra haciendo un cálculo con una vara y unas distancias tomadas de Europa, y se reconfirmó hace 500 años con el viaje de Colón: ante esto no hay lugar a debate”.

El experto recomienda un ejercicio muy básico para desmentir el terraplanismo: ver la Luna en el hemisferio sur y en el norte, “porque desde cada uno se ve diferente. Es como si estuviera al revés respecto al otro, y eso solamente sería posible en un planeta esférico”.

Artemis II
Eclipse solar captado por la misión Artemis II desde el lado no visible de la Luna. | Foto: NASA

Para refrescar la inteligencia y despejar confusiones, las evidencias, los viajes al espacio y los alunizajes siempre estuvieron a primera vista. En primer lugar, una prueba que aún es utilizada por los astrónomos para medir con exactitud la distancia entre la Tierra y la Luna, son los cinco retroreflectores que están instalados desde hace más de 50 años en diferentes puntos de la superficie lunar.

Se trata de unos paneles formados por espejos que pueden reflejar la luz desde cualquier dirección que llegue: tres fueron puestos por las misiones Apolo 11 en 1969, y las misiones 14 y 15 en 1971. Los otros dos fueron dejados por robots lunares rusos en las misiones Lunokhud 7 y 2, en 1970 y 1973.

Hasta hoy, desde diferentes observatorios astronómicos —y también aficionados en sus terrazas— disparan rayos láser hacia estos retroreflectores para recibir de vuelta, al cabo de apenas 2,5 segundos, la señal de fotones y hacer cálculos sobre la interacción entre la Luna y la Tierra. Así lograron determinar que los dos cuerpos celestes se están alejando a una media de 3,8 centímetros cada año.

Artemis II
Los tres paneles de espejos dejados por los astronautas de las misiones Apolo aún siguen aportando datos sobre los movimientos y las distancias que registra la Luna en su órbita alrededor de la Tierra, pero las señales que devuelve son cada vez más débiles, al parecer, por causa del polvo que ha caído en ellos, tras ser levantado por el impacto de los micrometeoritos que caen constantemente en la superficie lunar. | Foto: NASA

“Ahora que llevamos 50 años recopilando datos, podemos observar tendencias que de otro modo no habríamos podido ver”, comentó para un artículo de la Nasa Erwan Mazarico, científico planetario del Centro de Vuelos Espaciales Goddard, ubicado en Greenbelt, Maryland.

Otra prueba, entre muchas disponibles, sobre la veracidad de los alunizajes es que las diferentes sondas que han observado la Luna muestran una buena cantidad de objetos que han dejado allí las diferentes misiones: “módulos de descenso, los rovers llevados por misiones norteamericanas, rusas y chinas, todas las banderas de los Apolo, dos pelotas de golf, sismógrafos, herramientas y las huellas de los astronautas, porque, como allí no hay aire ni erosión, entonces las pisadas de Neil Armstrong siguen intactas. Yo creo que en algún momento eso será declarado zona de interés histórico y la gente irá en plan de turismo a la Luna”, anticipa Germán Puerta.

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Experimento con rayos de fotones enviados a los paneles de espejos ubicados la Luna para medir la distancia del satélite natural. | Foto: NASA

El físico y divulgador español, Eugenio Fernández Aguilar, en su libro ‘La conspiración lunar ¡vaya timo!’, aporta más evidencias, como que se tienen muestras de rocas y polvo lunar, “se ha traído 382 kg de material lunar en las distintas misiones Apolo y un total de 2200 rocas imposibles de reproducir en la Tierra. La prueba: Si las rocas hubiesen entrado como meteoros, habrían sufrido los efectos del rozamiento con la atmósfera, lo cual puede ser descubierto por los especialistas. Además, las rocas traídas muestran el efecto irrefutable de impactos con micrometeoritos (la presencia de microcráteres, por ejemplo), puesto que en la Luna no hay campo magnético ni atmósfera que proteja la superficie”.

Y, sostiene algo que es puro sentido común, pero los conspiranoicos han perdido, que “un engaño de este calibre habría supuesto involucrar no solo a los astronautas, sino a miles de personas que trabajaban para la NASA. Es imposible que nadie se hubiese ido de la lengua. La prueba: ni un solo trabajador cualificado con dos dedos de frente ha tenido jamás algún síntoma conspiranoico”.

Artemis II
El Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO) entró en órbita alrededor de la Luna en junio de 2009 para recopilar datos, en las imágenes muestra las huellas de los recorridos, así como los módulos que dejaron las misiones Apolo. | Foto: NASA

Por si esto no fuera suficiente, cabe un argumento de orden político, teniendo en cuenta que Rusia fue pionera en la carrera espacial. “Los rusos eran los principales interesados en que aquellos viajes no tuvieran lugar. Eran los únicos con medios tecnológicos suficientes para poder detectar un engaño así; sin embargo, ningún científico ruso se ha pronunciado nunca en este sentido. Admitieron su derrota y reconocieron que los astronautas de EE. UU. habían llegado a la Luna”, zanja la cuestión Fernández Aguilar.

Periodista y escritor, entre sus publicaciones destaca el volumen de ensayos ‘Libro de las digresiones’. Reportero con experiencia en temas de cultura, ciencia y salud. Segundo lugar en los Premios Jorge Isaacs 2022, categoría de Ensayo.

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