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Dibujar el vacío: el reto de ilustrar el dolor y transitar el duelo en colectivo

La caricaturista La Che y la experta en duelo Liliana Jaramillo Fonnegra unieron sus lenguajes en Hago mi Duelo, un libro mayormente ilustrado diseñado para abrazar a quienes no encuentran palabras en medio de la pérdida. Lo presentaron en CaliLee.

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Cecilia Ramos, La Che, estuvo presente en Cali Lee.
Cecilia Ramos, La Che, estuvo presente en Cali Lee. | Foto: Ernesto Guzmán Jr. / Cali Lee

31 de oct de 2026, 07:48 p. m.

Actualizado el 31 de oct de 2026, 07:48 p. m.

La obra nace de la premisa clínica de que en momentos de pérdida el cerebro procesa la información de manera distinta, por lo que los textos extensos resultan abrumadores y el dibujo comunica con mayor cercanía. Acompañado por el personaje ‘Oto’, el texto desafía el mito social de que es necesario “ser fuerte”, invitando al lector a aceptar su vulnerabilidad y a validar el sufrimiento propio y colectivo sin comparaciones ni soluciones mágicas.

La unión entre Cecilia Ramos ‘La Che’ y Liliana Jaramillo Fonnegra —psicóloga, tanatóloga y heredera del legado de la reconocida experta Isa Fonnegra—, autoras del libro Hago mi Duelo, nació en los pasillos de la editorial Penguin Random House, motivada por el éxito previo del libro ‘La depresión no existe’.

“Liliana me explicaba que en momentos de duelo el cerebro no funciona igual y la gente no se puede concentrar”, relató la caricaturista, quien estuvo presente en Cali Lee. “Un texto largo o muy explicativo no sirve en ese momento; el dibujo comunica muchísimo mejor”.

Hago mi Duelo.
Hago mi Duelo. | Foto: Penguin Random

La dosificación de las páginas, entonces, está pensada para que el lector pueda avanzar un tramo, detenerse a procesar cuando no pueda más, y retomar el camino a su propio ritmo. Es, en esencia, una herramienta de salud mental para un momento donde ni siquiera los lectores más ávidos logran sostener la mirada sobre un bloque de texto.

Krish Benvenuti y  Liliana Jaramillo Fonnegra, autora del libro Hago mi Duelo.
Krish Benvenuti y Liliana Jaramillo Fonnegra, autora del libro Hago mi Duelo. | Foto: Foto Especial para El País

El tránsito del humor gráfico de denuncia a la intimidad del dolor no es un camino sencillo. Para la caricaturista, reconocida como ‘La Che’, tras diez años de retratar el “duelo nacional” en las páginas de El Espectador, el desafío consistió en volcar su trazo cotidiano hacia el espacio de lo privado.

“Este libro me da la posibilidad de transitar el duelo desde lo más íntimo, de lo que no es público”, explica la artista, quien además conecta este lanzamiento con momentos de crisis recientes, como el sismo que afectó al suroccidente del país. “Cali está en un duelo colectivo, Pereira y todas las ciudades que vivieron esa tragedia”.

Alejándose de los clichés de la lágrima fácil o el morbo, la ilustradora confiesa que el mayor reto visual fue abordar las ausencias más complejas, especialmente la pérdida de alguien por suicidio. “Hice varias versiones porque no quería ser irrespetuosa con ese acto”, señala, enfatizando que la obra busca ser una invitación directa a no evadir el dolor, sino a transitarlo.

La fuerza de la juntanza femenina

En este proceso de asimilación, ‘La Che’ resalta el papel histórico y cultural de las mujeres como red de soporte emocional frente a la represión que suelen sufrir los hombres en entornos machistas. “Las mujeres tienen esa ventaja cultural de que se nutren de otras mujeres, se agarran a las personas que quieren y eso les ayuda a digerir mejor estas tragedias”.

La periodista, artista gráfica y caricaturista política colombiana Cecilia Ramos Valencia, conocida popularmente en el mundo del humor gráfico y el periodismo como "La Ché", es la cocreadora e ilustradora de la obra Hago mi Duelo.
La periodista, artista gráfica y caricaturista política colombiana Cecilia Ramos Valencia, conocida popularmente en el mundo del humor gráfico y el periodismo como "La Ché", es la cocreadora e ilustradora de la obra Hago mi Duelo. | Foto: Ernesto Guzmán JR

A través de los denominados círculos de mujeres y la tendencia a compartir, llorar juntas y buscar refugio en las amigas o la familia, el dolor encuentra una vía de escape compartida que los hombres, por imposición social, tienden a reprimir.

El impacto de Hago mi Duelo va más allá de las pérdidas individuales; se extiende a los traumas que sacuden a comunidades enteras, como ocurre actualmente en Cali tras el reciente sismo. Para ‘La Che’, quien vivió esta emergencia de cerca mientras procesaba las enseñanzas del libro, la clave para sanar una ciudad herida no radica en las soluciones mágicas, sino en algo mucho más humano: la escucha activa y la validación del otro.

“Lo que sugiere Liliana en el libro es acompañar. ¿Y cómo acompaña uno a una ciudad?”, cuestiona la ilustradora. Su respuesta es simple pero profunda: dar espacio al testimonio ajeno. “Cada vez que me encontraba a alguien en el camino, le preguntaba: ¿Cómo está usted? ¿Cómo le fue con el terremoto? Simplemente permitir que las personas se expresen, que digan ‘tuve miedo’ o ‘perdí esto’, es ganador. Uno se ve en el otro y siente que no está solo”.

En una ciudad marcada por complejidades sociales y dolores históricos acumulados, el mayor regalo colectivo de los caleños es la empatía sin pretensiones, afirma.

De acuerdo con las autoras, el verdadero apoyo ciudadano consiste en sostener una escucha atenta sin caer en la tentación de dar consejos o sugerir salidas rápidas. “No todo el mundo perdió su hogar o a un familiar, pero estamos viendo la ciudad rota y por dentro nos rompimos un poquito todos. Saber que podemos ser ayuda para el otro nos hace sentir mejor”, reflexiona la artista.

Una de las trampas más comunes al enfrentar una tragedia colectiva es la comparación de los dolores, una tendencia que suele llevar a las personas a reprimir su propio sufrimiento bajo el argumento de que “otros la están pasando peor”. Ante este fenómeno, la obra de Liliana y ‘La Che’ se planta con firmeza: el dolor no se puede medir en una escala de tamaños.

“No se pueden hacer ponderados de tragedias”, advierte la caricaturista, recordando un diálogo reciente con una lectora afectada por el estrés postraumático del temblor. “Hay personas lidiando con ese estrés y eso es doloroso para ellas; no importa si hay otros que perdieron más. Uno mismo no debería disminuir su propio sentir. En cualquier grado, todos tenemos que abrazarnos y tenernos compasión en esos momentos”.

Por su parte, la tanatóloga Liliana Jaramillo Fonnegra afirma que la frase “tienes que ser fuerte” es una mentira y el peor enemigo para procesar el duelo, ya que la presión social por sostener a los demás impide experimentar las emociones necesarias para sanar.

De acuerdo con la experta, la verdadera elaboración de la pérdida exige darse el permiso de ser vulnerable por un tiempo, entendiendo que la fortaleza no se pierde para siempre, sino que se recupera de manera progresiva una vez que se ha transitado el dolor de forma saludable.

Oto, el personaje guía

Cuenta Fonnegra que la creación de este libro ilustrado requirió encontrar un lenguaje visual único, un reto que se consolidó al coincidir en Bogotá con ‘La Che’ (Cecilia), quien comprendió de inmediato la idea y creó a ‘Oto’, el personaje que guía al lector a lo largo de las páginas logrando ilustrar lo innombrable del dolor de una manera bella.

Esta propuesta visual busca romper con el mito social de que “tienes que ser fuerte” ante la pérdida para sostener a los demás; por el contrario, Fonnegra enfatiza que esa exigencia es una mentira y el peor enemigo del duelo, ya que la verdadera sanación exige darse el permiso de ser vulnerable y sentir, sabiendo que la fortaleza se recuperará después.

El origen de la dificultad para gestionar la pérdida radica en una desconexión educativa desde la infancia. Según Liliana, la sociedad actual está profundamente volcada hacia una cultura del éxito inmediato, donde se entrena a los individuos exclusivamente para ganar, acumular triunfos y destacar como campeones.

Sin embargo, este enfoque deja un vacío estructural en el desarrollo emocional, ya que históricamente se ha omitido la pedagogía de la frustración. Nadie enseña a las personas a perder, lo que convierte a la pérdida y al posterior duelo en terrenos completamente desconocidos y hostiles para el individuo.

Ante este panorama, la experta señala que el primer paso fundamental e ineludible que debe asimilar una persona en proceso de duelo es la aceptación de su propia vulnerabilidad: entender y quererse triste por un tiempo.

La verdadera sanación no se construye sobre la evasión del sufrimiento, sino sobre la validación del mismo. Para ella, la regla de oro para poder recuperar el bienestar a largo plazo consiste en otorgarse el derecho a experimentar y transitar la gama completa de emociones dolorosas, sin juzgarlas ni apresurar su salida.

Isabel Peláez. Escribo, luego existo. Relatora de historias, sueños y personajes. Editora de cultura, entretenimiento y edición de contenidos digitales.

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