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Creatividad: los ingenieros de Univalle que crean 'armas' contra el Covid-19

Abril 25, 2020 - 09:10 p. m. Por:
Santiago Cruz Hoyos

Joao Luis Ealo. profesor de la Escuela de Ingeniería de Univalle.

Foto: Especial para El País

Por su nombre uno deduce que es brasilero. Él se carcajea y aclara que es más colombiano que cualquiera y, tras 18 años en Cali, más vallecaucano que el pandebono. Se llama Joao Luis Ealo. Nació en la Costa Atlántica, más exactamente en Cartagena.

La familia Ealo, explica, la integran inmigrantes cubanos que una vez se independizó la isla, llegaron a un pueblo de la costa colombiana llamado San Marcos, Sucre. Allí se radicaron, se reprodujeron. Hoy deben ser 500 los colombianos con ese apellido, a lo mejor más. Su nombre, en cambio, se le ocurrió a su padre, que era amigo de un brasilero que se llamaba así: Joao.

—Quedé con un nombre repleto de vocales que a todo el mundo le llama la atención.

Desde niño a Joao Luis le gustaron las matemáticas. Cuando llegó el momento de ingresar a la universidad dedujo que la carrera ideal era contaduría pública. El profesor de la Universidad de Ibagué que lo entrevistó le contó, sin embargo, que acababan de abrir el programa de Ingeniería Mecánica, donde los números son una cosa tan cotidiana como las noticias para un periodista. ¿Por qué no prueba?, le preguntó.

—Y dije: probemos. Así llegué a la ingeniería mecánica. Fue un accidente muy valioso para mí. Todavía recuerdo a ese profesor que me rescató de la contaduría pública, con el perdón de los contadores.

A mediados de 2002, después de graduarse de la Universidad de Ibagué, Joao Luis participó en un concurso de méritos para ingresar a Univalle. Desde entonces vive en Cali, tiene tres hijos caleños, con el apoyo de la universidad hizo estudios doctorales en España y hoy dirige la Escuela de Ingeniería Mecánica univalluna, donde rige un principio: más allá de que un ingeniero mecánico sepa cómo usar las matemáticas y la física para que las máquinas funcionen bien, su objetivo a la larga es mejorar la calidad de vida de las personas.

—Y cuando empezó esta pandemia del coronavirus, en la Escuela dijimos: aquí fue. Tenemos que generar tecnología que le ayude al país a enfrentar este virus.

Uno de los primeros aparatos que se inventaron para combatir el Covid–19 es un lavamanos portable que se instalará en puntos estratégicos de Cali como las estaciones del MÍO o los lugares donde se reúnen los domiciliarios a esperar los paquetes.

Todo comenzó con la profesora Lena Barrera, asesora de la Secretaría de Salud Municipal, quien les dijo a los ingenieros mecánicos:

— Los puntos de la ciudad donde no haya suministro de agua, como el transporte público, son foco de propagación del nuevo coronavirus.
De inmediato los ingenieros, liderados por el profesor Jorge Lopera y por Joao Luis, se pusieron a la tarea de diseñar un lavamanos portátil que no requiere una acometida de agua ni tampoco electricidad para funcionar. Básicamente es un tanque encima de otro tanque, soportados en una estructura de plástico reciclado, lo que garantiza que a nadie le dará por robárselo.

Quien necesite lavarse las manos apenas oprime una bomba de pie que dispensa agua y jabón. Además, se entrega papel en un dispensador automático de toallas.

El proyecto le llamó la atención al empresario Tito Silva, de la empresa Tas Asociados, un consorcio de ingeniería, y quien se propuso instalar lavamanos portátiles en los ingenios y en las zonas rurales donde no hay cómo lavarse mientras se trabaja la tierra.

El tanque que suministra el agua, por cierto, tiene capacidad para 250 litros, lo que quiere decir que alcanza para unos 300 usos.

—Si garantizamos que la gente que esté en el transporte público tenga las manos limpias, libres de coronavirus, así como los domiciliarios que reparten paquetes y alimentos en la ciudad, e igualmente las personas que están en el campo, es muy probable que la curva de contagio sea cada vez menor –dice emocionado Joao Luis, que carga una agenda y un lapicero para apuntar las ideas que se le vienen a la cabeza y por lo regular no lo dejan dormir, y también las que se les ocurren a sus colegas de la Escuela de Ingeniería Mecánica de Univalle para luego trabajar y llevarlas a cabo.

Una de esas ideas es un proyecto que hoy lideran los profesores Carlos Herrera y Miguel Rosillo. Desde hace unas semanas se les ocurrió diseñar y construir cámaras de desinfección del aire que garanticen que lo que respiramos esté libre de coronavirus.

Es algo así como un aparato que se instala como un aire acondicionado, solo que en este caso, por medio de un ventilador, succiona aire, lo pasa por unos filtros mientras el aire es irradiado por luz ultravioleta tipo C, para después devolverlo limpio al ambiente.

—Se instalaría en salas de espera de hospitales, en colegios, en centros comerciales. La idea es aniquilar el Covid-19 mientras es aerotransportado. El uso de radiación ultravioleta para la esterilización de aire y de superficies es una de las estrategias de primera línea en los países más afectados por la pandemia –explica Joao Luis, que en su agenda también escribió: “VentyNet. Respiradores artificiales modulares y teleoperados, desarrollados en alianza entre la Universidad del Valle y empresarios de la región”.

Junto con los lavamanos, cuyo prototipo estará instalado en la estación Calipso del MÍO, y las cámaras de desinfección, también trabaja en respiradores artificiales que están a punto de ponerse a disposición de los hospitales del Valle en la lucha contra el coronavirus. Por ahora se están probando en laboratorio y se espera ensayarlos en cerdos durante las próximas semanas. Ya pasaron la prueba con pulmones artificiales y los compararon con respiradores comerciales, que en tiempos de coronavirus cuestan un ojo del presupuesto público. Por eso es tan importante que la ciudad los sepa hacer, dice Joao Luis.

—Si los nuestros los sacamos adelante, Cali y el Valle tendrían respiradores suficientes en las salas de cuidados intensivos. Lograríamos que todas las personas, desde las que están en el hospital más humilde hasta el más sofisticado, tengan acceso a esta tecnología que salva vidas. Esa también es una forma de democracia, haya o no haya pandemia.

El proyecto de los respiradores es liderado por el profesor Jorge Isidro García, del área de mecatrónica, además de otros maestros y estudiantes, y tienen una particularidad: están hechos, en parte, con componentes automotrices: sensores de flujo, de oxígeno, inyectores, válvulas de carros.

—Nuestro objetivo es hacer respiradores para las unidades de cuidados intensivos, con posibilidad de ser controlados remotamente. Nos dimos cuenta de que muchos de los diseños de respiradores que están haciendo en el país se basan en el Ambu, que son aparatos que ofrecen apoyo a la ventilación manual. Cuando nos fuimos a hablar con los médicos neumólogos y con los intensivistas nos dijeron que era una tecnología de un uso muy limitado, sobre todo ante el coronavirus. Nos explicaron que había que intentar hacer un respirador como el que se consigue comercialmente. Entonces abrimos dos equipos paralelos y convergieron en soluciones que emulan a los respiradores actuales.

Nuestros respiradores, que cuentan con el apoyo de empresas del Valle como ASA Industries, tienen sistemas que regulan caudal o presión y proporcionan el flujo de aire y oxígeno del paciente según las presiones que estipule el médico. Una vez pasen las pruebas con biomodelos (cerdos), estarán listos para presentarlos ante el Invima.

En la libreta del profesor Joao Luis también se lee: “carro eléctrico para la familia colombiana hecho en Cali”. Pero esa es otra historia.

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