Alegría: el 'mal chiste' del coronavirus en la mirada del 'Mono' Sánchez

Abril 25, 2020 - 09:30 p. m. 2020-04-25 Por:
César Polanía - Reportero de El País

Carlos 'El Mono' Sánchez, humorista

Archivo de El País

La vida de Carlos el ‘Mono’ Sánchez es un chiste. Pero un chiste bien contado. Espontáneo, como suele ser el buen humor. Porque fue por pura casualidad que este caleño de 54 años descubrió que una silla lo estaba esperando en ese fascinante, pero también complejo mundo de la comedia. Es que eso de hacer reír a los demás tiene su cuento.

Carlos lo supo luego de un paseo de vacaciones que hizo a San Andrés por allá en 1989, cuando andaba por los 23 años. De manera casual terminó contando chistes en el paseo, una costumbre que siempre tuvo entre su familia —es el único hombre de cuatro hijos y sus padres ya fallecieron—. Alguien lo escuchó y lo contrató para un evento en Medellín.

Alguien lo escuchó en Medellín y se lo llevó para Pereira. Al regresar a Cali, su jefe no quiso escucharlo para que explicara por qué había tardado dos semanas en reintegrarse al trabajo en Ladeco, una aerolínea chilena donde trabajaba como asesor comercial. “Con sus cuentos a otra parte”, le dijo. Lo echaron. Y desde ese día, Carlos no sabe lo que es trabajar en una empresa. Y lo mejor es que sigue viviendo del cuento.
En época de pandemia y aislamiento obligatorio por cuenta del coronavirus,

El País ‘sacó’ virtualmente al ‘Mono’ de la rutina de su casa, para hablar de la alegría, a pesar de todo. Del buen humor, a pesar de todo. De esa gracia que tanto nos identifica como caleños, a pesar de todo. Y el ‘Mono’ —ganador de dos Gaviotas de Plata y Oro en el prestigioso Festival de Viña del Mar, y primer referente de la comedia colombiana— habló como si estuviera en un show. No usó tapabocas, ni guantes, mucho menos gel antibacterial. Solo quiso ‘contagiarnos’ de alegría.

Qué mal chiste ha sido este coronavirus…

Ha sido, en mis 54 años de vida, el peor chiste que he compartido, porque este es un chiste que va de boca en boca, literalmente. Y lo peor es que todos los días se vuelve más grande y hace reír menos.

¿Un comediante se aburre en cuarentena?

Por fortuna estoy con mi señora, porque de lo contrario... aunque, ¿sabés?, el trabajo de los abogados se va a disparar en este encierro con temas de divorcios, capitulaciones, repartición de bienes... a esos manes sí les irá bien.

¿En qué ayuda el 'Mono' en la casa?

Pues mirá, yo levanto los pies cuando ella trapea, y ese es un ejercicio duro. Y he visto un cantidad de películas de pandemias, pero en ninguna muestran a la gente lavando tanta loza como me ha tocado a mí. Y también cocino. El otro día me acordé de mi mamá, porque ella me decía: “mijo, mire si los fríjoles se están pegando” y los que yo preparo se dan en la jeta, hermano.

He leído que le va bien con los asados…

Sí, mucho, pero no puedo estar haciendo asados todos los días, porque después de los 50 nos da una cosa que se llama ácido úrico, que la gota, que no sé qué, y como no hago ejercicio…

Va creciendo esa barriga, entonces…

En esta cuarentena he perdido la memoria, ya se me olvidó dónde está la cintura, se me perdió completamente, hermano. A estas alturas de las circunstancias, ya no es “quédate en tu casa”, sino “quédate en tu talla”.

En la casa mantiene con el chiste en la boca o el comediante se queda afuera?

Cuando mi esposa sale por el ‘pico y cédula’, me quedo hablando con el perro, pero no se ríe. Yo trato de nunca dejar al comediante afuera. Ahora estoy haciendo teletrabajo con un espacio de Telepacífico.

Y a través de las redes sociales he hecho ‘en vivos’ con varios colegas y hasta por Zoom he trabajado. Trato de ser siempre creativo, pero ahora más ajustado a la realidad, y este momento que estamos viviendo también da para el buen sentido del humor, las vivencias del ser humano tienen siempre un lado cómico. Pensé que en esta segunda parte de la cuarentena habría cambio de elenco, pero no, aquí sigo en casa con mi señora y mi hijo.

El 7 de abril cumplió 54 años, en plena cuarentena, ¿cómo lo pasó?

Lo celebré en familia por Zoom, y lo mejor es que toda la torta, el helado y el vinito fueron para mí. Y fue la primera vez que pude disfrutar de una paella que no fue pa’ ella, sino pa’ mí.

¿Qué ha sido lo más divertido de este encierro?

Me he puesto ropa que nunca quise botar porque pensé que en algún momento iba a usar. He gastado chanclas como nunca en mi vida, hasta me han salido callos, tuve que comprar piedra pómez. Y vieras el lío que tengo para cortarme las uñas de los pies, porque con esta barriga eso es toda una hazaña. Si usted se dobla y aguanta respiración cortándose las uñas de los cinco dedos sin ahogarse, le aseguro que usted no tiene coronavirus, usted está sano.

Ha crecido el repertorio de los chistes en este aislamiento…

Claro. He estado trabajando en chistes de línea, un estilo americano de un solo tema. Por ejemplo, en esta cuarentena me he comido a mi mujer más que siempre, porque jugamos parqués todos los días, y si vieras que ella también me ha soplado. También te puedo contar que nunca me habían durado tanto 50 mil pesos en el bolsillo. Y nunca me había rendido tanto la gasolina del carro. Pero hay algo que me tiene desesperado, yo me hago cera en la nariz, porque tengo tanto pelo, que no me entra ni el coronavirus, ese es mi propio tapabocas, pero no he podido ir al salón de belleza por este encierro.

¿Qué es lo primero que hará cuando termine la cuarentena?

Celebrar mi cumpleaños y el de mi esposa, porque nos cogió la cuarentena en esas fechas. Y llevarles flores a las tumbas de mis padres.

¿Qué es la alegría, ‘Mono’?

Nacer es la primera alegría. La niñez y la adolescencia sin las preocupaciones de los adultos son otra. Luego, encontrar lo que te gusta, hacerlo y vivir de ello es otra gran alegría. Y la última la dijo ese sabio que era ‘Cantinflas’, que “es deber de todo ser humano ser feliz, pero también hacer felices a los demás”.

En otras palabras, su vida ha sido un chiste, un buen chiste…

Seguro que sí. Y te digo algo, nunca me he tragado la risa, la risa me ha tragado a mí, de esa manera disfruto la vida.

¿Por qué los caleños vivimos contagiados de ese ‘virus’ del buen humor?

Porque venimos de una generación que aprendió a reírse de las tristezas. Nuestros padres y abuelos nos enseñaron que de los problemas surgen grandes oportunidades y hay que sonreír. Los caleños somos de un sentido del humor tradicional, sonrisa fácil, carcajada limpia, alegría pura. Por eso, muchos humoristas internacionales que vienen a la ciudad me dicen que Cali es la mejor plaza para hacer reír.

Cuántas alegrías le ha dado ‘La Mechita’, su equipo?

incha del América es una alegría. Tener esa camiseta puesta es sufrir, llorar, reír, todos los sentimientos y emociones te los regala América, es una pasión, una enfermedad.

El humor también tiene sus malas pasadas. Acaba de morir el venezolano Carlos Donoso. ¿Qué anécdota recuerda con él?

Alguien dijo que los amigos son como las estrellas, no se ven, pero ahí están. Y Carlos, al igual que ‘El Negro Palomino’, Colavizza y ‘Jeringa’, son eso, estrellas. Carlos era un tipazo con el que conversabas de todo. Durante su enfermedad hablamos mucho. Hace poco —se me ahoga la voz— conversamos de lo que sería su próximo ‘stand up’, de cómo la habían pasado sus muñecos ‘Lalo’ y ‘Kini’ encerrados en un baúl en este confinamiento, pero murió y ese chiste se quedó sin contar.

Volvamos a la pandemia. ¿Es verdad que el estornudo de otro ya no se toma igual?

¡Uy, hermano! Imaginate que te estornude alguien en un ascensor, es mejor que te suelte un gas, seguro. O vaya y tosa y verá.

¿A quién le pondría un tapabocas?

No puedo hablar muy duro porque por ahí está mi señora, pero no es por ella, es por mi suegra. Mentira, se lo pondría a tantos políticos que en esta cuarentena no han aparecido y no han hecho falta.

¿A quién desinfectaría?

A los envidiosos. No importa quién tenga más o quién tenga menos, todos somos iguales y lo que vale es la salud.

¿A quién pondría en aislamiento de por vida?

A todos los que no le ven el lado bueno a nada. Los que no ríen.

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