Economía
Venezuela: ¿De colonia encubierta a protectorado formal?
Análisis sobre lo que viene para el vecino país: Libertad, deuda y el precio que pagará un país por generaciones.
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

16 de ene de 2026, 11:25 p. m.
Actualizado el 16 de ene de 2026, 11:25 p. m.
Noticias Destacadas
Por Isaac Niño Duarte, CEO Isnandia Global
Con la intervención de Estados Unidos en Venezuela, el país entra en una nueva forma de subordinación internacional que podría definirse como una mezcla entre colonia y protectorado. Pero ¿qué es exactamente un protectorado y en qué se diferencia de una colonia?
Un protectorado es un territorio que, mediante un acuerdo, cede el control de sus asuntos exteriores, defensa y seguridad a un Estado más poderoso (el protector), a cambio de protección militar y diplomática. En este esquema, el territorio conserva, al menos formalmente, su autonomía interna y su gobierno propio. Una colonia, en cambio, es un territorio incorporado directamente bajo el control absoluto de una potencia extranjera, sin autonomía política real.

En términos de identidad cultural y libertades básicas, un protectorado suele mantener sus tradiciones, instituciones y vida social. En una colonia, por el contrario, la cultura dominante tiende a imponerse sobre la población local y las libertades suelen verse restringidas o suprimidas.
La explotación económica en una colonia es intensa y la mayor parte de los recursos producidos se transfieren a la potencia dominante. En un protectorado existe mayor autonomía económica, aunque sigue tratándose de un modelo de explotación en el que el Estado protector obtiene beneficios significativos.
Así las cosas, Venezuela, después de 27 años de gobiernos socialistas de corte autoritario y cerca de dos décadas de influencia indirecta de Cuba, China y Rusia, parece encaminarse ahora hacia un esquema de protectorado bajo la órbita de Estados Unidos. Si esto será bueno o malo, solo podrán juzgarlo los venezolanos que se vieron obligados a abandonar su país a lo largo de los últimos 20 años, muchos de ellos a pie.
Durante años clamaron ayuda a la comunidad internacional; por mucho tiempo, nadie respondió. Solo Dios, en su tiempo, lo hizo. Hoy, en mi opinión, no tenían otra opción si querían recuperar su país y su libertad.

No nos digamos mentiras. Mientras algunos se rasgan las vestiduras afirmando que Estados Unidos intervino únicamente por el petróleo y los recursos minerales, lo cierto es que China y Rusia hicieron lo mismo, pero en silencio: endeudaron a PDVSA en cerca de 60 mil millones de dólares mediante la venta de armas y tecnología petrolera que hoy resulta, en gran parte, inservible. El saqueo de los recursos venezolanos no empezó este año.
Como referencia, la deuda externa venezolana se estima entre el 180 % y el 200 % del PIB, lo que equivale aproximadamente a 150–170 mil millones de dólares. La pregunta inevitable es: ¿cuánto tardará Venezuela en reducir esta deuda a niveles sostenibles y cómo podrá hacerlo?
En la década de los noventa, Venezuela producía entre 3 y 4 millones de barriles de petróleo diarios. Hoy apenas alcanza los 0.92 millones. Incluso si la administración estadounidense logra atraer inversión extranjera para recuperar la producción, se estima que serían necesarios al menos 120 mil millones de dólares y unos 12 años para volver a esos niveles.
Aun alcanzando dichos niveles de producción, Venezuela tendría que refinanciar su deuda a plazos de al menos 50 años para poder reconstruir su industria petrolera, reactivar otros sectores económicos y mejorar las condiciones de vida de su población.
Solo así podría aspirar al regreso de gran parte de su diáspora. Si se incluye el desarrollo del sector minero, este horizonte podría reducirse a unos 40 años, dependiendo de cuánto de esa riqueza se traduzca efectivamente en impuestos para el nuevo Estado venezolano.
No será fácil el camino que le espera a Venezuela. La libertad ha resultado extremadamente costosa y será pagada, probablemente, por al menos cuatro generaciones más; ya van dos.
Un precio alto por el error de los votantes en 1998 al haber elegido a Hugo Chávez. ¿Cómo explicar esto a sus bisnietos ahora? Ojalá esta experiencia sirva de lección para la región y no repitamos la historia, endeudando el futuro de los colombianos en nombre del progresismo socialista que ha causado más daño que soluciones.
6024455000








