Opinión

¿Puede el Gobierno sustituir al sector privado? analista hace advertencia: “Tienen al enemigo equivocado”

Al Gobierno colombiano se le olvidó quién paga la cuenta.

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El sector privado en Colombia representa entre el 85% y el 88% del PIB y aporta más del 85% del empleo formal.
El sector privado en Colombia representa entre el 85% y el 88% del PIB y aporta más del 85% del empleo formal. | Foto: El País

16 de mar de 2026, 10:02 p. m.

Actualizado el 16 de mar de 2026, 10:04 p. m.

Por Isaac Niño Duarte, CEO Isnandia Global, especial para El País

Para muchos fue una sorpresa que el crecimiento colombiano al cierre de 2025 fuera del 2,6%. Cifra que muy probablemente sea revisada a la baja en los próximos tres meses. Mientras tanto, todos estaremos mirando el primer trimestre de 2026, que anticipo no será superior al 2,5%.

A puertas de unas elecciones presidenciales, el modelo económico colombiano adoptado en los últimos cuatro años ha mostrado varias limitaciones estructurales. El Gobierno colombiano no alcanza a representar el 16% de la economía, pero pretende controlar el 100%.

El Gobierno pretende estatizar la mayoría de los sectores productivos del país y desplazar a los actores privados de varias ramas de la economía.

La pregunta es: ¿qué tanto puede llegar a sustituir el Gobierno al sector productivo privado?

Cuando revisamos los valores que aporta el gasto público a la economía nacional, según cálculos del Dane, el Gobierno Nacional representa entre el 12% y el 15% del PIB y entre el 10% y el 12% del empleo formal. Esto implica que el sector privado en Colombia representa entre el 85% y el 88% del PIB y aporta más del 85% del empleo formal. Prácticamente la totalidad del empleo informal surge de actividades privadas.

¿Qué tan fácil, y en cuánto tiempo, se logra sustituir un aparato productivo que es casi cinco veces mayor al que se tiene? Respuesta técnica: no se puede.

Ministros Armando Benedetti y Germán Ávila
El ministro de Hacienda, Germán Ávila, ha insistido en crear nuevos impuestos para el sector empresarial colombiano y extranjero. | Foto: COLPRENSA

Por más que el sector público crezca a tasas del 7,1% como en 2025, su peso en el crecimiento total de la economía sigue siendo, en el mejor de los casos, del 15%. Es decir, no solo hay que crecer mucho, sino pesar mucho como sector para realmente aportar al PIB.

Por más que el Gobierno quiera sustituir, por medio de decretos e intervenciones, al sector privado, no lo va a lograr. El sector privado es altamente eficiente, optimiza procesos productivos día a día y se mueve a una velocidad que el Estado no puede alcanzar. Un ejemplo sencillo: en el sector privado comprar papel toma diez minutos en la tienda de la esquina; el Estado debe abrir una licitación y atravesar un mar de trámites legales que duran, en promedio, tres meses. Menos mal no es papel higiénico, porque imagínense el problema...

Otro factor crítico es la inversión. Según cifras del Banco Mundial para economías similares a la colombiana, la inversión privada representa entre el 75% y el 80% del total de la inversión. Si la inversión privada cae, el crecimiento cae.

El grave problema que tenemos hoy en Colombia es que estamos espantando la inversión privada con inseguridad, inestabilidad política e impuestos confiscatorios como el impuesto al patrimonio y una renta del 35% o más. El sector privado aporta más del 70% del recaudo tributario del país.

El efecto dominó es claro: cuando la inversión cae, el empleo cae. Y por más que el Gobierno despliegue un plan gigantesco de infraestructura, dependerá del sector privado para tecnología, maquinaria, telecomunicaciones y múltiples servicios que hoy prestan los privados. Dicho en otras palabras: el sector privado ejecuta, opera y asume riesgos que el sector público no puede ni podrá gestionar de forma eficiente.

Según la OCDE, el sector privado produce entre el 80% y el 90% del PIB en economías avanzadas, y también resalta que la tasa efectiva de tributación corporativa en Colombia ha estado entre las más altas de América Latina.

El Estado está enfocado en la redistribución de la riqueza. En palabras simples: el Estado no produce riqueza directamente; son los impuestos que pagamos usted y yo los que hacen posible que haya algo que redistribuir.

Recaudo de los principales impuestos en Colombia.
Recaudo de los principales impuestos en Colombia. | Foto: El País

La prosperidad nace en el sector privado. El Estado no puede redistribuir riqueza que no existe. Por más que el Estado colombiano quiera sustituir al privado, ni le conviene ni puede hacerlo. El empresario colombiano, en palabras de una empresaria cercana, “aguanta hasta que se revienta”. El Estado está probando hasta dónde aguantamos.

Ahora bien, los decretos del Ejecutivo sí pueden crear distorsiones dentro del sector privado. Un ejemplo fue el salario mínimo decretado en diciembre. No discuto si es bueno o no que un empleado gane más; de hecho, creo que si hay alguien eficiente en este país son quienes ganan el mínimo: pagar vivienda, transporte, mercado, educación y hasta estrenar ropa con ese ingreso es una demostración de resiliencia admirable.

El problema es que, por más que quisiéramos aumentar salarios, la economía colombiana no tiene aún el nivel de productividad necesario para sostenerlos. Ya alguien lo dijo: a punta de decretos no se crea riqueza.

Otros ejemplos de distorsión son el aumento de impuestos a los hidrocarburos y la masiva adopción de vehículos eléctricos sin una transición estructurada. Se alteran precios y consumo por decisiones que pueden no ser eficientes en el mediano y largo plazo y cuyo impacto puede ser muy significativo, no solo en términos económicos sino también ambientales.

Una pregunta al aire para los ambientalistas ideológicos: si encarecemos el vehículo privado a punta de impuestos y todos migramos al transporte público, ¿de dónde saldrá el impuesto al rodamiento con el que se financian las vías? Y si llenamos el país de vehículos eléctricos, ¿qué haremos en diez años con millones de baterías inservibles?

Si Dios lo permite y el próximo Gobierno logra crear condiciones amigables para el sector privado colombiano, dejando de lado el activismo ambientalista y el intervencionismo excesivo, sin renunciar al respeto por el medio ambiente ni a la regulación productiva, podríamos estar hablando de crecimientos del 5% al 7% sin generar presiones inflacionarias. De lo contrario, el Banco de la República tendrá que seguir subiendo tasas y continuaremos en ese mediocre promedio cercano al 3,5% anual que nos acompaña desde hace décadas.

Los gobiernos que prosperan no son los que viven en confrontación permanente ni los que sustituyen al sector privado, sino los que lo potencian. El crecimiento sostenible no nace en el decreto; nace en la inversión. Y la inversión solo florece donde hay reglas claras, estabilidad y confianza.

Entonces, los empresarios colombianos le pedimos al nuevo gobierno, lo que dice la canción de Soda Estéreo: “Quiero que me trates… Suavemente”.

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