El escándalo que protagonizaron varias firmas inversionistas por líos con libranzas

El escándalo que protagonizaron varias firmas inversionistas por líos con libranzas

Septiembre 18, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
El escándalo que protagonizaron varias firmas inversionistas por líos con libranzas

38 billones de pesos es hoy la cartera del sistema financiero colombiano en el mercado de las libranzas.

Investigaciones a firmas que manejaban esta herramienta de crédito e inversión tienen en alerta al sistema. Analistas piden más controles de las autoridades.

Ofrecían rentabilidad hasta del 25% anual, tres  veces superior al 7% que hoy pagan los bancos por un CDT, y como si fuera poco captaban dinero del público como un esquema piramidal, todo en medio en medio de riesgos, poca vigilancia oficial y aprovechando los  vacíos en la ley.

Era el andamiaje bajo el cual operaban  varias firmas de inversión  —hoy en líos judiciales— cuyo fin era negociar las libranzas— créditos que se descuentan  del salario de los empleados—  y los  pagarés suscritos por ellos bajo esa modalidad, sobre todo a través de algunas cooperativas.

Esa actividad fue próspera durante  la última década, ya que el ‘boom’ de las libranzas —bajo la cual se endeudaron fácilmente muchos colombianos—  llevó a la aparición de un sinnúmero de firmas no bancarizadas para administrar ese tipo de instrumento.

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Pero todo empezó a derrumbarse como un castillo de naipes, al caer algunas de estas sociedades en insolvencia. El primer campanazo de alerta fue en abril pasado cuando una de ellas, Estraval S.A. y seis de sus filiales, incumplieron los pagos de intereses a sus inversionistas.   

Y eso lo comprueba un ex veterano  exdirigente político del Valle, cuyos ahorros confió a Estraval  bajo la promesa de un interés del 20% por varios años. “Ellos venían pagando muy bien hasta que en abril sin explicación alguna no volvieron a hacerlo”, dice.   

Él, y al menos otras 250 personas en Cali son parte del grupo de damnificados que hoy está esperando el retorno de su dinero invertido en pagarés-libranzas, como también otros 4000 en todo el país.

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 Ante esta situación, en junio pasado la Superintendencia de Sociedades determinó la liquidación  de Estraval, medida que luego reforzó el pasado 1 de septiembre al intervenir sus bienes y el patrimonio y los de otras 22 personas, incluyendo  sus administradores.

Pero todo no terminó allí. El último episodio de este nuevo escándalo financiero ocurrió el pasado 12 de septiembre cuando la Supersociedades abrió de oficio el proceso de reorganización y secuestro de los bienes de la firma Élite International Américas SAS, que también negociaba libranzas.

A la fecha hay 390 de esas firmas de ese mercado extrabancario bajo la lupa de la Supersociedades. El Gobierno expidió del Decreto 1348 en agosto pasado para incrementar los controles, pero gremios como Anif lo consideran como “ingenuo” y de poco  alcance.  

Destorcida, pirámides y más

Los líos surgieron cuando muchos de los usuarios de créditos de libranza cayeron en morosidad  al perder sus empleos o pensionarse. Otros, por su parte, decidieron prepagar sus deudas ante la difícil situación económica. 

Eso llevó, según explica Alejandro Reyes, jefe de estudios económicos de Ultraserfinco, al descuadre de los flujos de caja de esas firmas que los  habían proyectado a dos años y más. 

“Si el usuario pagó el préstamo antes del plazo pactado, esa firma ya no tenía los recursos  para garantizar la rentabilidad a ese inversionista”, la cual se basaba en intereses que se cobraban en los créditos a las personas.

Y como una forma de enfrentar esa situación dichas firmas acudieron a la  ‘magia financiera’ para captar dineros.

Reyes recalca, por ejemplo, que como una forma de reubicar esos pagarés-libranza se acudió a su reventa. 

“Ahí es cuando el negocio  entra a parecerse a una pirámide, aunque no es una pirámide per sé. Cuando la gente prepagaba (el crédito), los tenedores buscaban que la base siguiera creciendo para que los recursos  les llegaran y permitieran pagarle a los que ya estaban adentro del negocio”, señala.

Al estallar esa base, la firma quedó insolvente para responderles a los inversionistas de esos papeles.

Otra de las modalidades a la cual le siguen la pista las autoridades es que dichas sociedades negociaban presuntamente hasta dos y tres veces una libranza y su pagaré y en otros casos acudían al ‘gemeleo’ de esos títulos para captar más dinero del público.

El propio superintendente, Francisco Reyes dijo que ya  dio traslado a la Fiscalía General de la Nación para investigar y  sancionar  a los responsables de estas operaciones ilegales.

Frente a lo ocurrido, Julio César Alonso, director del Centro de Economía y Finanzas, Cienfi, del Icesi, dice que como no eran entidades vigiladas por la Superfinanciera, “ellos vendieron pagarés de libranzas a incautos ahorradores, algo parecido al fenómeno de los créditos ‘subprime’  en Estados Unidos a cambio de altos rendimientos lo que causó una debacle mundial en los años 2007 y 2008”.

En el caso de los ‘subprime’, estos títulos estaban sustentados con hipotecas que en su momento las calificaron como ‘bonos basura’. En Colombia ese soporte eran las libranzas.

¿Y las cooperativas?

Muchos colombianos que no eran sujetos de crédito finalmente lo lograron a través de una libranza en  algunas cooperativas. Las firmas de inversión que administraban las libranzas eran el soporte de esas entidades solidarias  al entregarles recursos para que los prestaran al público con pocas garantías. 

Al respecto la Confederación de Cooperativas de Colombia, que preside Carlos Ernesto   Acero responde que el lío de las libranzas no se originó en ese tipo de instituciones solidarias, y que no se debe generalizar.

Según Confeccop, todo obedece a que hay “presuntas situaciones con cooperativas fachada o de papel que fueron utilizadas por las firmas de inversión (como Estraval entre otras) para lograr sus fines”.

Pese a ello, aún quedan muchas dudas por resolver. 

Según la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, Anif, es lío es tal, que al menos  $3 billones de $10 billones en libranzas  “estarían emproblemados o comprometidos” en esas operaciones.

Munir Jalil, jefe de estudios económicos del Citi, pone de presente que “cuando a uno le pintan un negocio tan bonito,  debe estar prevenido”.

Pues como dice el adagio popular, de eso tan bueno no dan tanto.

“Un instrumento que no se debe satanizar”

 La libranza es un mecanismo de recaudo de cartera, en donde el deudor autoriza a su empleador para que haga un descuento mensual de su salario o pensión y gire esos  dineros  para el pago de las cuotas de un crédito adquirido ante una entidad financiera.

Ese instrumento como lo manejan los bancos comerciales es serio y el nivel de morosidad y de riesgo es bajo, ya que estas entidades se blindan con provisiones y garantías.

 Por ello, dice Alejandro Reyes, jefe de estudios económicos de Serfinco, “no se debe satanizar ni estigmatizar a las libranzas, pues el lío es de quienes  administraban este instrumento (en ciertas cooperativas y firmas de inversión) que no hicieron la tarea juiciosa”. La libranza, como tal, añade, “es un producto bueno”, pues permite a los colombianos tomar créditos en condiciones favorables.

En eso coincide Munir Jalil, analista del Citi, al señalar que las libranzas son un producto más, pero se aprovechó (en algunas firmas investigadas) bajo un esquema que no estaba siendo regulado por las autoridades”.

Todos aceptan que los últimos escándalos han generado desconfianza en el mercado, pero en la banca la libranza sigue siendo un herramienta de crédito de buena demanda y sin problemas.

Por su  parte, César García, presidente de la Asociación Colombiana de la Industria de la Cobranza (Colcob), sostiene que “desafortunadamente, algunos actores del mercado han desdibujado este tema a través de actuaciones equivocadas que tienen a las libranzas en el ojo del huracán”.

  Por lo tanto, “las personas que podrían estar invirtiendo en este mecanismo están mirando con desconfianza ese escenario. Allí las autoridades tienen mucho que hacer”.

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