Poesía

‘La belleza del marido’, algunos poemas de Anne Carson: la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2026

El pasado 8 de octubre, la Academia Sueca anunció que la canadiense de 76 años es la nueva Premio Nobel de Literatura. Compartimos una muestra de su poesía, traducida al español.

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Anne Carson
La canadiense Anne Carson es la mujer número 19 en recibir el Premio Nobel de Literatura, y la segunda de su país. | Foto: Jeff Brown/Redux

18 de oct de 2026, 10:00 p. m.

Actualizado el 18 de oct de 2026, 10:00 p. m.

Su definición de la poesía es bella y aterradora. Así respondió Anne Carson, la poeta canadiense hoy Premio Nobel de Literatura, en una entrevista con Kate Kellaway para The Guardian, en 2016: “Si la prosa es una casa, la poesía es un hombre corriendo en llamas a través de ella”.

Nacida en Toronto hace 76 años, siendo una adolescente descubrió los fragmentos poéticos de Safo, que la motivaron a aprender griego y convertirse en docente de literatura clásica. De hecho, su tesis de doctorado fue sobre la poeta de Lesbos y el deseo, punto de partida para su primer libro, ‘Eros’ (1986).

No obstante, aunque se califica a sí misma como “clasicista”, su obra literaria —que dialoga con la antigüedad helénica y latina— es por completo vanguardista y fuera de las convenciones poéticas.

Su heterodoxia consiste en una combinatoria muy original de poesía y ensayo, con reescritura y traducciones de poetas clásicos que aparecen en su obra para reflexionar sobre situaciones del presente, porque como ella misma afirmó “el tiempo no está hecho de nada. Es una abstracción. Solo un significado que imponemos a la acción”.

El libro más conocido de Anne Carson, sobre todo en el mundo hispano, es La belleza del marido, un ensayo ficticio en 29 tangos (2002), donde los poemas crean un drama marital que busca desentrañar la naturaleza del deseo.

Poemas seleccionados de ‘La belleza del marido’

La Belleza del Marido, Anne Carson.
'La belleza del marido', publicado como The Beauty of the Husband en 2001, fue traducido al español por Andreu Jaume. Otras obras suyas en nuestro idioma son 'Norma Jean Baker de Troya' y 'Economía de lo que no se pierde'. | Foto: La Belleza del Marido, Anne Carson.

Dedicatoria

Una herida despide su propia luz

dicen los cirujanos.

Si todas las lámparas de la casa se apagaran

podrías vendar esta herida

con el resplandor que de ella surge.

Ofrezco gentil lector tan solo una analogía.

Una demora.

«Utilizar demora en lugar de cuadro o pintura...

una demora en vidrio

como si dijeras un poema en prosa o una escupidera de plata.»

Eso dijo Duchamp

de La novia desnudada por sus solteros

que se rompió en ocho pedazos cuando viajaba del museo de Brooklyn

hacia Connecticut (1912).

¿Qué es lo que se demora?

El matrimonio, diría.

Ese espacio oscilante, como lo llamaba mi marido.

Mira cómo resplandece

la palabra.

Aquí está mi propaganda una una una aunándonos en tu frente como gotitas de pecado luminoso

Como tantas esposas propulsé el marido hasta la divinidad y ahí lo sostuve.

¿Qué es la fuerza?

La oposición de familia y amigos no hace más que endurecerla.

Recuerdo el primer encuentro de mi madre con él.

Mirando

un libro que yo había traído del colegio a casa con su nombre escrito en la guarda

dijo

no me fiaría de nadie que se llamara a sí mismo X —y

algo se mostró en su voz,

una Babel

arrojada entre nosotras en ese instante que nunca

aprenderíamos a interpretar

—gusto a hierro.

Profético. Todas sus profecías se cumplieron aunque ella no pretendía que así fuera.

Bueno es su nombre dije y aparté el libro. Esa fue la primera noche

(yo tenía quince años)

en que levanté con chirrido lento la ventana de mi cuarto y me escapé a verle

en el barranco, hasta el alba caminando bajo los elementos empapados

y las declaraciones

del lenguaje que está «solo y primero en la mente». Me quedé atontada

ante ello,

contemplé sus oros viejos y los lieblicher azules desertando

como pavos reales saliendo de jaulas a una cocina vacía de Dios.

Dios

o algún bendito personaje real. Napoleón. Hirohito. Ya sabes

cómo el novelista Oe

describe el día en que Hirohito salió en antena y habló

como un mortal. «Los mayores se sentaron alrededor de la radio

y lloraron

los niños se agruparon en la calle sucia y susurraron desconcertados.

Atónitos

y decepcionados porque su emperador había hablado con una voz.

Se miraron unos a otros en silencio. ¿Cómo creer que Dios se había

vuelto humano

en un determinado día de verano?» Menos de un año después de nuestro matrimonio

mi marido

empezó a recibir llamadas de [una mujer] tarde en la noche.

Si yo contestaba [ella]

colgaba. Afónicos mis oídos.

Cómo estás.

...

No.

...

Quizá. Ocho. Puedes.

...

El blanco ah sí.

...

Sí.

Qué hay de más eufórico incognoscible despiadado alegre que los muros

de la carne

de la voz de la traición y sin embargo todo el rato acunados en una charla más plúmbea

que el tictac de un reloj.

Un cachorro

aprende a escuchar de esta manera. Picar en la plata.

Dice Oe

que a muchos niños les dijeron y algunos se lo creyeron que cuando terminara la guerra

el emperador les limpiaría las lágrimas

con su propia mano.

Pero para honrar la verdad que es suavemente divina y vive entre los dioses debemos (con Platón) danzar en la mentira que vive ahí abajo entre la masa de hombres trágicos y brutos

Todo mito es un patrón ornamental,

una proposición de dos caras

que permite al usuario decir una cosa y significar otra, llevar una doble vida.

De ahí la noción primitiva en el pensamiento clásico de que todos los poetas mienten.

Y de las verdaderas mentiras de la poesía

se filtró una pregunta.

¿Qué une realmente a las palabras con las cosas?

No mucho, decidió mi marido

y procedió a usar el lenguaje

del modo en que según Homero suelen los dioses.

Los dioses conocen todas las palabras humanas pero tienen para ellos significados completamente diferentes

paralelos a los nuestros.

Le dan al interruptor cuando quieren.

Mi marido mentía en todo.

Dinero, reuniones, amantes,

dónde habían nacido sus padres,

la tienda donde se compraba las camisas, la grafía de su propio nombre.

Mentía cuando no hacía ninguna falta.

Mentía cuando ni siquiera le convenía.

Mentía cuando sabía que sabían que mentía.

Mentía cuando con ello les rompía el corazón.

Mi corazón. El corazón de otra. A menudo me pregunto cómo acabó ella.

La primera.

Hay algo afilado y ardiente en la primera infidelidad de un matrimonio.

Taxis arriba y abajo.

Lágrimas.

Grietas en la pared que recibe golpes.

Luces encendidas tarde en la noche.

No puedo vivir sin ella.

Ella, esa palabra que explota.

Luces aún encendidas al amanecer.

Pero qué palabra era

Una palabra que de repente

apareció en todas las paredes de mi vida inscrita simpliciter sin explicación.

Cuál es el poder de lo inexplicado.

Ahí estaba él un día (nueva ciudad) en un campo de heno frente a mi instituto de pie

bajo un paraguas negro

y un viento molesto y brusco.

Nunca pregunté

cómo había llegado allí una distancia de quizá 300 millas.

Preguntar

infringiría alguna regla.

¿Has leído el «Himno homérico a Deméter»?

Recuerda cómo Hades sale cabalgando de la luz diurna

a lomos de sus caballos inmortales envuelto en caos.

Se lleva a la chica abajo a una fría estancia subterránea

mientras su madre pulula por el mundo y ataca a todo ser vivo.

Homero lo presenta

como la historia de un delito contra la madre.

Pues el delito de una hija es aceptar las leyes de Hades

que ella sabe que nunca podrá explicar

y por ello tan campante le dice

a Deméter:

«Madre esta es la verdad de la historia.

A hurtadillas me puso

en la mano una semilla de granada dulce como la miel.

Luego a la fuerza y contra mi voluntad me obligó a comer.

Te digo la verdad aunque me duela». ¿La obligó a comer cómo? Conozco a un hombre

que establecía reglas

contra la exhibición del dolor,

contra preguntar por qué, contra querer saber cuándo le volvería a ver.

De mi madre

emanaba una fragancia, un miedo.

Y de mí

(lo supe por su cara en la mesa)

olor de semilla dulce.

¿Las rosas en tu habitación te las envió esas?

Sí.

¿Con motivo de qué?

No hay motivo.

Qué pasa con el color.

Color.

Diez blancas una roja qué significa eso.

Imagino que se les acabaron las blancas.

La meta de cualquier madre es abolir la seducción.

La reemplazará con lo que es real: productos.

La victoria de Deméter

contra Hades

no consiste en el regreso de su hija desde ahí abajo

sino en el mundo en flor:

calabazas tentaciones corderos retama sexo leche dinero.

Todo eso mata la muerte.

Todavía tengo esa rosa roja polvo seco ya.

No quería decir himen como ella imaginaba.

Danza del sobre de la Western Union cómo el corazón salta más ávido que cualquier planta o bestia

«La parte del diablo» es la porción de los bienes de uno que no puede utilizarse provechosamente

y por ello se sacrifica.

Pero qué pasa si el diablo no es tan tonto.

Si un demonio mucho después del sacrificio

empieza a ir y venir en la frontera,

un pliegue en la luz diurna.

La desaparición era para él un juego,

mi madre

no se sorprendió

cuando él no se presentó en la boda

fue muy cuidadosa con mis sentimientos, con el cuidado

de una punta.

La tarta de boda (guardada en la despensa) me la comí

trozo a trozo

entera

en los meses siguientes, sentada

en el salón tarde en la noche con las luces encendidas, masticando.

Su telegrama (el día después) decía

Pero por favor no llores

Eso es todo.

Cinco palabras por un dólar.

Impura como soy así también lo son mis conclusiones, que en la puerta te presienten y dudan

Para expulsarlas de su vida la esposa intenta hacer una lista de palabras que nunca acertó a decir.

Cómo has estado.

Qué casualidad encontrarte aquí.

Había perdido toda esperanza me desesperé por qué has tardado tanto.

¡Monstruo desalmado! Si nunca hubiera

visto o conocido esa

amabilidad tuya qué

hubiera sido

de mí.

Pero las palabras

son un extraño y dócil trigo verdad, se encorvan

hacia el suelo.

El hecho es que

nadie preguntaba nada. Bien Ray hubiera preguntado.

Así que por Ray acabemos con esto.

No porque, como Perséfone, necesitara enfriarme la mejilla con la muerte.

No, como Keats, para comprar tiempo.

No, como en el tango, por pura travesura.

Pero ah qué dulce parecía.

Decir belleza es verdad y ya.

Más que comérsela.

Más que querer comérsela. Ese era mi pensamiento puro más temprano.

No tuve en cuenta una cosa.

Que lo bello cuando lo encontrara resultaría ser

previo; en el interior de mi alma,

ya comido.

No ahí fuera con finalidad, con templos, con Dios.

Interior. Él ya era yo.

La condición de mí.

Como si Kutúzov se hubiera sorprendido cargando en la batalla de Borodino

hacia...

no el emperador Napoleón sino hacia cierto viejo rey Midas

cuyas armas

trocaran a la mitad del ejército ruso en severos chicos de oro.

Palabras, trigo, condiciones, oro, más de treinta años todo eso burbujeando a mi alrededor...

ahí

lo dejo para que descanse.

Sonríes. Creo

que vas a mencionar de nuevo

esos manuscritos iluminados de la Edad Media donde el escriba

ha cometido un error al copiar

de manera que el iluminador destaca el error

con un círculo de rosas y llamas

que un diablillo travieso está intentando apartar del margen de la página.

Después de todo el corazón no es una piedra pequeña

que pueda rodar de esta manera y aquella.

La mente no es una caja

que pueda cerrarse rápido.

¡Y aun así lo es!

¡Lo es!

Bien la vida implica riesgos. El amor es uno de ellos. Terribles riesgos.

Ray hubiera dicho

el destino es mi cebo y el cebo mi destino. En una tarde de junio.

Aquí tenéis mi consejo,

aguantad.

Aguantad la belleza.

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