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Crítica internacional elogia la obra de Gabriel Beltrán como un “constructivismo orgánico” de vanguardia
El prestigioso crítico de arte Bruno D’Amore vincula las esculturas del artista bogotano con el legado conceptual de Peano, Mandelbrot, Malevich y Dalí, consolidando una nueva lectura de la geometría y el espacio en la escultura latinoamericana.
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26 de may de 2026, 10:04 p. m.
Actualizado el 26 de may de 2026, 10:08 p. m.
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El escultor colombiano Gabriel Beltrán (Bogotá, 1976) ha recibido uno de los reconocimientos más importantes de su carrera tras el riguroso análisis de su obra realizado por el célebre crítico de arte internacional Bruno D’Amore.
Miembro de la prestigiosa Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA), D’Amore cruza las fronteras de las matemáticas, la filosofía y las artes visuales para situar la propuesta de Beltrán en la cúspide de la escena contemporánea global.

Para Beltrán, esta lectura representa un hito fundamental en sus más de 30 años de trayectoria artística. El creador aseguró que el comentario de D’Amore es uno de los mejores análisis internacionales que ha recibido, destacando la profundidad conceptual e histórica con la que el experto conecta las corrientes estéticas desde el siglo XIX hasta nuestros días.

El eje central del estudio de D’Amore define el trabajo de Beltrán bajo el concepto de “constructivismo orgánico”. Esta visión rompe de manera drástica con las líneas rectas y las normas severas del constructivismo tradicional. “Todo lo que siento, lo que es vida, lo que es razón no de línea sino razón de vida, razón de ser. De ahí entonces parte la obra”, detalló el escultor al explicar su proceso de creación.
A diferencia de la tradición escultórica en Centro y Suramérica —fuertemente influenciada por la geometría clásica y las raíces ancestrales de referentes como Jorge de Oteiza—, Beltrán introduce una geometría orgánica conjugada con elementos contemporáneos. Esta evolución abre un nuevo paradigma de interpretación en la región.

En sus conclusiones, D’Amore traza una línea intelectual directa entre Beltrán y figuras universales de la ciencia y el arte como Giuseppe Peano, Benoît Mandelbrot, Kazimir Malevich y Salvador Dalí. Según el crítico, el bogotano desafía los límites dimensionales mediante ilusiones epistemológicas y materiales que juegan con la percepción del observador guiándolo hacia la magia de lo invisible.
Por otra parte, la propuesta artística de Beltrán otorga un papel protagónico a la cinética y a la relación con el entorno físico. “Yo juego más al espacio que al mismo volumen; me interesa el espacio que contiene a la forma y no la forma que contiene al espacio”, puntualizó el artista.
Sobre el artista
Gabriel Beltrán es licenciado por la Escuela de Artes de Bogotá y la Universidad Pedagógica Nacional, con estudios avanzados en Hamburgo, Alemania. Su obra monumental más icónica, Mi pedazo de acordeón (1991), se encuentra instalada en Valledupar y goza de amplio reconocimiento. Con más de 300 exposiciones en América, Europa y Asia, el maestro combina el uso del hierro, el bronce y el acero para explorar el tiempo, la materia y la memoria colectiva.
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