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Adagio para Alicia Alonso, la bailarina cubana que marcó la historia del ballet

Octubre 17, 2019 - 11:50 p. m. Por:
Redacción de El País y Agencias
Alicia Alonso

Alicia Alonson, legendaria figura cubana.

Agencia EFE

El adagio está constituido por movimientos y posturas sostenidas, a fin de formar al bailarín con el sentido del aplomo, del equilibrio, de las poses y las elevaciones de piernas, solo o con el partenaire. Debe transmitir belleza, armonía, plasticidad y plástica dinámica.

Eso lo tenía claro la bailarina cubana, Alicia Alonso, figura legendaria de la danza clásica, que falleció este jueves, al mediodía, a los 98 años, en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas, Cimeq, de La Habana, tras una crisis cardiovascular, confirmó el Ballet Nacional de Cuba, BNC, compañía de la que aún seguía al frente.

Pese a padecer de una ceguera casi total, aprendió, como decía ella, “a bailar con el cerebro”. “Me ubicaba en Giselle e iba paso por paso en la coreografía, desde que se abría el telón hasta el final. Me entrené a ver los ballets en mi mente como si fuera el público. Estudiaba los pasos del cuerpo de baile, de los solistas”, reveló en una de las pocas ocasiones en las que trató el tema públicamente.

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Alonso sufría, desde su juventud, de un defecto de visión en un ojo, y en el apogeo de su carrera, en los años setenta, sufrió desprendimiento de retina, dolencia que la dejó casi ciega para el resto de su vida. En tres ocasiones pasó por el quirófano para superar su problema de visión, la última de ellas le planteó la difícil prueba de mantenerse alejada de los escenarios por dos años. “Con ella pasaba un fenómeno bellísimo, había superado esa enorme limitación, pero eso no le impedía estar enterada de todo lo que pasaba, había en ella una fuerza fuera de lo normal. Pese a que la veías tan delicada y tan especial en su trato, tenía una gran fortaleza interior”, dice la maestra Gloria Castro, fundadora de Incolballet.

Hasta el último soplo de su vida la ‘Prima ballerina assoluta’ del BNC seguía dirigiendo la compañía, aunque desde enero con el apoyo, como subdirectora, de la bailarina Viengsay Valdés, quien tomaba las decisiones artísticas.

Recibió los títulos Honoris Causa de la Universidad de La Habana y el Instituto
Superior de Arte y fue proclamada Heroína Nacional de Trabajo.

Aimara Vasallo, hoy subdirectora de la Academia de Danza de Carlos Acosta, de los cuales pasó 23 años bailando en el BNC, resalta de Alonso su solidaridad con los jóvenes bailarines: “El ballet es elitista, caro, y en Cuba cualquiera, por humilde que sea, si tiene condiciones, puede ir a una escuela, hacer una prueba, estudiar y convertirse en bailarín, y eso es gracias a Alicia”.

En ello coincide Gloria Castro, amiga de Alonso: “tuvimos muchos muchachos de Incolballet becados en Cuba, entre ellos Fernando Montaño, quien despegó así su carrera artística internacional. Sin esas posibilidades muchos caleños no hubieran podido descubrirse como bailarines”. La amistad que construyeron las maestras Castro y Alonso nació en Brasil y duró más de 25 años.

“Tenía un gran espíritu latinoamericanista, sentía la necesidad de ayudar y le tomó mucho amor al trabajo de Incolballet. Vino a Cali, en 1984, cuando se graduó la primera promoción de artistas bachilleres. Me estimulaba a no dejar la lucha por la profesionalización del arte, cualquier problema que tuviera contaba con ella. Mientras dirigí Incolballet pasaron por allí grandes figuras del Ballet Nacional de Cuba, que formaron muchos talentos”.

“Me duele mucho su partida. Hace cuatro años que se puso muy mala y le dije a mi marido que fuéramos a Cuba, porque temía que desapareciera, quería despedirme de ella. Pasamos la Navidad juntos, fue muy cariñosa”, recuerda Castro.

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Siendo una de las grandes divas del ballet clásico, Alonso eternizó el personaje de ‘Giselle’. Tuvo una de las más largas carreras en la danza.

Alicia Alonso se ha ido
y nos deja un enorme vacío, pero también un insuperable legado. Situó
a Cuba en el altar de lo mejor de la danza mundial. Gracias, Alicia, por tu obra inmortal”.
Miguel Díaz-Canel Bermúdez
presidente de Cuba.

Alicia Ernestina de la Caridad Martínez del Hoyo nació el 21 de diciembre de 1920, en La Habana, Cuba, de padres españoles, fue la menor de cuatro hermanos y dio sus primeros pasos en la danza a los nueve años. Sus estudios de ballet comenzaron en la escuela de la Sociedad Pro-Arte Musical. Debutó el 29 de diciembre de 1931 como dama de la corte en el Gran Vals del ballet ‘La bella durmiente’, de Piotr Chaikovski. A finales de los años 30, se trasladó a Estados Unidos a la School of American Theatre. Ya se había casado con el bailarín cubano Fernando Alonso, de quien adoptó el apellido Alonso -con quien tuvo una hija, Laura Alonso-. Como primera bailarina, actuó en diversos lugares del mundo, y en 1943 debutó en el ballet ‘Giselle’. El 28 de octubre de 1948 fundó en La Habana, en colaboración con los hermanos Fernando y Alberto Alonso, el Ballet Alicia Alonso. Compaginó sus actividades entre el American Ballet Theatre y su compañía, que tras el triunfo de la revolución de Fidel Castro en 1959, recibió apoyo gubernamental y se reorganizó como Ballet Nacional de Cuba. El 28 de noviembre de 1995, en Italia, fue su última función sobre las zapatillas de puntas, sólo ella lo sabía: “Fue una sensación de un vacío tremendo, como si se me hubiese escapado el alma”.

Alicia Alonso 2

Alicia Alonso impregnó de un estilo propio a la Escuela Cubana de Ballet, logrando un lugar destacado en la danza mundial.

Agencia EFE

En sus palabras

Alicia Alonso

“Con esta ciudad conservo una relación de cariño y respeto. Tengo muchos admiradores y amigos en Cali. Gloria Castro ha realizado un gran trabajo que merece respeto y apoyo”.

Su primera visita a Cali ocurrió en 1940. “Ella vino con el American Ballet Theatre al Teatro Municipal. De esa visita se conserva un autógrafo de la bailarina en ese escenario”, cuenta el crítico de arte Miguel González.

Su última visita a Cali fue en 1984, cuando recibió las llaves de la ciudad. “A pesar de que ya tenía 64 años conservaba esa presencia escénica con su figura elegante y espigada. Fue una de las bailarinas que más tiempo bailó en la historia de la danza”, agrega González.

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