Leer para vivir, y morir

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Leer para vivir, y morir

Octubre 21, 2018 - 11:45 p.m. Por: Paola Guevara

Por estos días, nadie en Cali debería perderse la Feria Internacional del Libro, en el Bulevar del Río y, a manera de invitación para los días que vienen, comparto una reflexión en torno a tres grandes obras que tuve la oportunidad de presentar este fin de semana.

El sábado, el exministro de Salud Alejandro Gaviria, autor de ese libro fantástico llamado ‘Hoy es siempre todavía’, nos habló sobre la poesía como la oración de los laicos, y sobre cómo la literatura nos salva y amplifica el sentido a la existencia.

Certeza, esta, que se aprecia mucho mejor cuando la inminencia de la muerte apremia (en su caso, la noticia de un cáncer) y debemos acudir a ese banco de relatos, metáforas, caminos e ideas que la lectura nos otorga, como un don, a lo largo de los años.

Citó a Steiner, quien escribió sobre la ‘Amiga Muerte’, y dijo Gaviria que el 80% de los pacientes desea morir en su propia casa, rodeado por los suyos, pero solo el 20% lo consigue ahora que la tecnología lo media todo, lo invade todo, lo instrumentaliza todo, hasta el punto en que fallece entre tubos, cánulas y aparatos quien no debería tener más intermediación entre la vida y la muerte que la mano de sus hijos y el lazo de sus nietos en torno a su lecho.

Sobre la inminencia de la muerte, justamente, escribe también mi muy querido maestro y amigo Fernando Quiroz, en una brillante novela de exploración intimista titulada ‘La Última Cena’, que presentó en la Feria del Libro de Cali este domingo.

Allí Quiroz, con el detonante de un diagnóstico médico tan temido como inesperado, elabora el significado de los pequeños placeres que damos por sentados, hace un balance sobre arrepentimientos y victorias, recuerda a sus propios muertos y construye esa bella metáfora sobre el apetito por la vida que deriva en una cena final, en una última cena dónde celebrar lo bebido, lo viajado, lo comido, lo reído, lo amado, lo sentido.

De la charla con Jorge Franco y de su novela ‘El Cielo a Tiros’, cuya lectura también recomiendo, concluyo que la muerte de los seres queridos a veces se vive como tragedia y a veces, aunque suene duro decirlo, como liberación. Que Colombia tiene una relación disfuncional con la violencia y la muerte, que la literatura tendrá que seguir contando.
También, y sobre todo, que no se lee solo para vivir mejor, sino para morir mejor.

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