Collacitos

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Collacitos

Julio 02, 2018 - 11:55 p. m. Por: Mario Fernando Prado

Jorge Collazos ha decidido vender Rincón Hondo, estancia que es icónica para los caballistas de la carretera al mar. De sus cortos ochenta y pico de años, creo que lleva más de un siglo en ese apacible refugio ubicado en Nieves Abajo, allí donde se acaba la carretera.

Jorge a más de ser un reputado arquitecto, lo ha sido también de su propia vida. Ello para decir que ha gozado de su existencia en medio de sus tres pasiones: la familia, los amigos y los caballos. Lector incansable, sus conocimientos de la historia de este mundo los mezcla con tangos y boleros cuando no con la música francesa, idioma que domina más que el quechua de sus antepasados.

Collazos debe su mote a su inmensa estatura cuyo diminutivo es inversamente proporcional a su calidez y hospitalidad. Con decirles que este pajarraco que jamás se ha subido en un caballo fue víctima de los remates de sus cabalgatas en medio de anécdotas, canciones y un persistente sentido del humor.

Y es que esos programas de treparse sobre un brioso o manso corcel, pasear por las goteras de Cali, llámense Pichindé, El Diamante, La Paz, El Pato, La Leonera, La Elvira e incluso Dapa, El Carmen, El Queremal con un otrora grupo homogéneo tuvieron en Collacitos el gran promotor y el organizador, convirtiéndose estos eventos en un goce sabatino en épocas de verano.

Fueron célebres las cabalgatas que se iniciaron hace justamente 60 años con personas y personajes como Ilse, Ula, Samuel, Howard, Emiro, Jaime, Hugo, Ligia, Segundo Ramón, Iván, Vicente, Mariano, Octavio, Julio y Mario Efe entre muchísimos otros caballistas cuyos nombres no he olvidado sino que esposan en los cajones de mis más gratos recuerdos.

Cincuenta y hasta más caballistas hombres y mujeres de todas las edades compartieron esas tardes luminosas , esos encuentros con la niebla, esos aguardientes con los viejos pasillos de nuestros ancestros, esos suculentos sancochos a la orilla de cualquier río o quebrada y esas célebres ‘sombras’ que aprovechaban los vates para recitar unas improvisadas décimas y unas ‘acuarelas’ en fina prosa...

Allí no faltaba nunca Collacitos, el gran veterano que podría escribir un libro con las anécdotas de esos plácidos recorridos en los que jamás hubo unas notas discordantes aunque sí destempladas porque todos entonaban canticos regionales y descorazonadas rancheras.

Y es que la pasión por los caballos de este jinete del Siglo XXI lo llevó, no sólo a vivir en su finca sino también a ser el promotor de otras memorables cabalgatas aquí en Colombia y en los valles y montañas de Argentina, Chile, Uruguay y hasta en España y Francia a donde se iba con un puñado de caleños y la pasaban de maravilla.

Por eso es que duele que Collacitos esté ofertando su Rincón Hondo y que haya llamado a varios avaluadores que le han endulzado los oídos con cifras astronómicas que ojalá se las den, aunque se morirá de tristeza metido en un aburrido penthouse chupando polución y mirando hacia sus montañas plagadas de recuerdos y de añoranzas...

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