Así funciona en Cali el negocio de las modelos web cam que ahora pagarán impuestos

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Así funciona en Cali el negocio del sexo virtual, que ahora pagará impuestos

Enero 06, 2019 - 08:00 a.m. Por:
Felipe Salazar Gil / Reportero de El País 
Modelos webcam

Según empresarios del negocio de las Webcam en Cali, en la ciudad habrían alrededor de 200 estudios dedicados a esta actividad.

Giancarlo Manzano / El País

En cuatro cuadras de la Avenida Sexta hay cinco negocios que viven del sexo. Están entre las calles 16 y 20. A diario, de esos edificios salen y entran unas 800 mujeres que trabajan ocho horas. Sin embargo, nadie las toca. Son modelos webcam.

A las 2:20 de la tarde del pasado jueves 20 de diciembre, Madeleine ya estaba maquillada y lista para conectarse a su primera transmisión.

22 años, gafas de pasta, camiseta, jeans. Es blanca, delgada, tiene un ‘piercing’ en la nariz, el pelo negro hasta los hombros y los brazos tatuados con lobos. Podría ser la vecina, una prima, su novia, su hija.

“Este trabajo es mucho más de lo que se ve a simple vista. Uno debe conectar con un montón de personas y llevarlas a que disfruten de quién eres. Se trata de cómo vendes tu imagen para que las personas se queden ahí durante muchos días, meses, años”, cuenta Madeleine, que lleva dos años trabajando con Camsoda, una de las páginas de webcam más populares en el mundo.

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Sus turnos generalmente van de 2:00 de la tarde a 10:00 de la noche. Su ‘oficina’ queda adentro de un renovado edificio del barrio Granada. Es una habitación un poco más grande que la de cualquier casa de familia, con una cama, un sofá y hasta un árbol de navidad. Está conectada, eso sí, con el multimillonario universo del sexo virtual.

En el peor de los meses su sueldo puede ser de cuatro millones. En los buenos meses, su salario puede llegar a los diez millones. Contrario a lo que sucedió hasta hace algunos años, cuando el negocio funcionaba oculto tras falsas fachadas, ahora ‘salió del clóset’. No solo porque copa varias cuadras de la Avenida Sexta, sino por el artículo recientemente aprobado por el Congreso de la República, que establece el gravamen a las plataformas digitales, especialmente las webcam y las pornográficas.

Con esta medida, que hace parte de la Ley de Financiamiento, el Estado pretende recaudar cerca de $50.000 millones anuales. El promotor del impuesto es Jonathan Tamayo, un trovador y humorista que llegó este año al Senado con 14.885 votos y quien ve en el negocio del sexo virtual la mayor de las paradojas: una vergüenza para el país que, a la vez, es muy rentable.

‘Manguito’, como es conocido Tamayo, asegura que esta industria produce $480.000 millones anuales en Colombia pero que daña la imagen de los jóvenes y de las mujeres del país.

“Buscamos regular esta práctica porque este es un negocio desafortunado. Acabar el negocio sería ser iluso, pero sí hay que frenarlo. Hay que darle una regulación para que entre el recurso al Estado”, dice Tamayo, aclarando que el impuesto lo tendría que pagar el promotor de las modelos, a través de declaración de renta.

Darío Sánchez, un contador que también es presidente de la Asociación del Comercio Electrónico para Adultos, Asocea, asegura que la medida es beneficiosa para el negocio del sexo virtual, por una contundente simpleza: por primera vez es reconocido como una industria tangible, lo que servirá para formalizar a aquellos que aún transmiten desde garajes.

“Ha habido desinformación. No se pagará IVA, sino que con la modificación al estatuto tributario se contempla a las empresas de entretenimiento para adultos o webcam como agentes de retención. Entonces la modelo, como prestadora de la exportación de servicios (porque el servicio se presta en Colombia pero se consume en el exterior), va a tener que pagar una retención en la fuente del 4%”, explica.

Esa retención, añade Sánchez, se pagará cuando el estudio para el que la modelo trabaja haga el ingreso del dinero a Colombia. En el país, se estima, hay dos mil empresas dedicadas al sexo virtual. La industria genera ingresos para unas 40.000 personas.

Y no todas son mujeres. Ante las cámaras también hay hombres y transexuales. Detrás hay abogados, ingenieros, arquitectos, médicos, administradores, contadores…

El don de la palabra

Cada minuto de amor les cuesta a los usuarios de Chaturbate, Naked, Camsoda y demás páginas webcam, entre dos y cinco dólares, cuando la sesión es privada.

Es decir, que en diez minutos pueden irse cincuenta dólares, algo así como $164.000. Valerie, una morena de labios rojos que lleva cinco de sus 28 años interactuando con extranjeros a través del computador, dice que el truco que hace caer billetes sobre las sábanas es el don de la palabra.

“Hay que hablar de lo que sea. Muchos de los hombres que entran a las transmisiones son personas solitarias que solo quieren hablar”, cuenta la modelo que trabaja desde su apartamento de tres cuartos, en San Fernando.

“En los cinco años que llevo trabajando ya he podido estudiar administración de empresas, compré mi apartamento, un carro y he viajado a donde he querido”, revela Valerie, quien dice no estar de acuerdo con la retención que deberá pagar en el 2019 por la reducción que tendrá en su mesada.

Tina, una modelo webcam de 19 años que dice haber empezado en el oficio al llegar a la mayoría de edad, comenta que el suyo es un negocio, o actividad, sobre la que generalmente hay prejuicios que están muy lejos de la realidad: “no siempre hay que masturbarse o mostrar la vagina. A veces me pongo una pijama, unas babuchas y empiezo a hablar de lo que yo quiera…”

En las mañanas, la mayoría de los clientes de Tina son de Asia e Inglaterra; en la tarde, los pagos llegan de España, Estados Unidos y de varios países de Latinoamérica; mientras que en las madrugadas hay conectadas personas de todas partes del mundo. “Si ellos quieren que los vea durante la transmisión, se hace. Si no, solo ellos me ven”.

Hasta hace pocos días Tina trabajó para un estudio. Prefirió renunciar por economía de supervivencia: recibía el 60 % de lo que ganaba en la semana. El 40 % restante quedaba en manos del estudio.

Un negocio de medio billón de pesos

El barrio Granada de Cali con su Avenida Sexta podría ser la sucursal de un emporio del sexo virtual. Juan Carlos Rivera, gerente de AJ Estudios, empresa líder en el sector, explica los contenidos explícitos en los que parejas o grupos teniendo sexo, que durante años mandaron la parada en canales de pago por demanda, están en vía de extinción.

“Hoy la gente busca interacción, muchos quieren ser escuchados y no tienen con quién hablar, entonces recurren a las webcam. Las modelos no son prostitutas y esto no es pornografía, es entretenimiento”, comenta Rivera.

En su estudio, las modelos trabajan por turnos. Como en una oficina. Aunque no duermen ahí. La conexión nocturna, dice el Administrador, es más rentable. Es el horario caliente.

La leyenda dice que en Cali el negocio arrancó en el 2009 con tres modelos que transmitían en una casa del barrio Granada. Nueve años después, Rivera dice que bajo su tutela hay dos mil modelos en las ocho sedes que la empresa tiene en Cali, Medellín, Bogotá y Cartagena.

De esas dos mil mujeres, 800 están en Cali. Mensualmente –comenta el hombre- a su empresa llegan 1200 solicitudes, pero solo un 10 % de las candidatas son contratadas y formadas para saber cómo vestirse, cómo maquillarse, cómo operar.

AJ es una academia de modelos web, como la llama el mismo Rivera. El empresario es cauteloso sobre los ingresos que deja el negocio anualmente. Solo atina a decir, entre risas, que “una gran parte de los 480.000 millones que está hablando el senador Tamayo son nuestros”.

Anthony Rivera, hijo de Juan Carlos y subgerente de AJ Estudios, comenta que Cali es una de las ciudades con mayor oferta de servicios webcam en Colombia, seguida de Bogotá y Medellín.

“Este negocio es muchísimo más rentable que la prostitución o la misma pornografía. Tanto así que la actriz porno latina más popular en el mundo, Esperanza Gómez, dejó de grabar películas por hacer videochat. Ella tiene su habitación en Diamond (también sobre la Avenida Sexta) y hace una transmisión mensual. Una vez rompió record y se conectaron 22.000 personas al tiempo para verla”.

El panorama local

Si bien hay un subregistro de esta actividad, Anthony Rivera cuenta que en la ciudad hay alrededor de 200 estudios. “De esos, con lo que aprobó el Congreso, cerrarán 180 porque son informales y no cumplen con el pago que hay que hacer por ley, no les importa vincular gente sin contrato laboral y afectan la imagen del resto de la industria”, advierte.

Aunque el negocio de las webcam no está explícitamente registrado entre la clasificación industrial de actividades económicas que maneja el Dane, de acuerdo con el Departamento de Planeación Municipal, este servicio se contempla entre dos vertientes: servicios asociados a telecomunicaciones y portales web. Según los registros de la Cámara de Comercio de Cali, en la ciudad hay 2289 servicios asociados a telecomunicaciones y 386 páginas de internet registradas, entre las que se cuentan otros sitios, además de los de modelos web.

Negocio organizado

Las productoras más grandes del país, desde donde se transmite en vivo sesiones eróticas a cualquier rincón del mundo, tienen sede en las ciudades capitales y deben contar con una serie de requisitos para poder operar en regla: pagar Sayco y Acinpro por la música que suena en las transmisiones, contar con plan de gestión de riesgos, organizar ruta de evacuación, tener luz verde de sanidad y hasta plan de control de desechos sanitarios.

Los modelos (hombres y mujeres) que se desnudan a cambio de dinero son la primera cadena del eslabón; después siguen las productoras, que ofrecen los espacios y sirven de enlace con las plataformas internacionales; luego están las páginas donde se realizan las transmisiones y por último están los clientes, que se conectan desde todas partes del mundo.

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