Algunos caleños pasaron de la generosidad a la intolerancia con los venezolanos

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Algunos caleños pasaron de la generosidad a la intolerancia con los venezolanos

Octubre 30, 2018 - 11:45 p.m. Por:
Redacción de El País 
Venezolanas en Cali

Las mujeres venezolanas que venden dulces en los semáforos, aseguran que es frecuente que los hombres las traten como prostitutas. Otros connancionales dicen que son discriminados porque le están quitando el trabajo a los caleños.

Ricardo Ortegón / El País

Dificultades para arrendar una casa, rechazo por supuestamente aumentar la inseguridad en la ciudad y mujeres que son acusadas de prostitutas, son algunas situaciones de intolerancia que se están presentando en Cali contra la población venezolana y que han venido aumentando con el paso de los días.

El caso más reciente ocurrió el miércoles de la semana pasada, cuando un grupo de vecinos de la Terminal de Transportes de Cali, realizó un plantón para exigirle a la Alcaldía reubicar los campamentos improvisados de migrantes venezolanos que se han organizado en ese sector.

Jhon Jairo Vivas, quien hace parte del consejo administrativo del Conjunto Residencial Sultana Norte, ubicado en el barrio San Vicente y al lado de la Terminal de Transportes, fue uno de los promotores de la protesta pacífica. Asegura que la situación con la población migrante es crítica y está generando problemas de inseguridad, violencia y basuras.

“Esas personas prácticamente están en la mendicidad. También hay tráfico de drogas y los hurtos se han incrementado considerablemente en el barrio. Al principio, mis vecinos y yo los ayudábamos pero luego nos dimos cuenta que muchos de ellos llevan hasta cuatro meses allí aposentados y no se preocupan por progresar. También, algo que nos marcó mucho, fue que el día del plantón, a pesar de que era pacífico, varios venezolanos nos agarraron a puños y a patadas”, explicó Vivas.

Según reveló la encuesta Gallup que se realizó en octubre, el 52 % de los colombianos tiene una opinión desfavorable de los venezolanos que han llegado al territorio nacional.

Lea también: Vecinos de la Terminal de Cali piden a la Alcaldía reubicar a migrantes venezolanos

Estas percepciones son vividas a diario por miles de migrantes que se encuentran de paso por Cali, o viviendo en la ciudad. Tal es el caso de Daniela Araujo, de 23 años, y su hermana Stephany, de 19, nativas de Maracaibo y quienes llegaron a la capital del Valle hace 15 días. Ambas, para poder subsistir, deben vender bananas en un semáforo de la Calle 26, justo al lado de la Terminal de Transportes de Cali.

“Pararse a vender dulces en las esquinas es duro, sobre todo, porque muchos hombres piensan que, por el hecho de ser venezolanas, somos prostitutas. Hace unos minutos nos acabó de pasar: un señor que se movilizaba en una camioneta nos abordó, primero nos dijo que estábamos muy bonitas y luego nos preguntó que cuánto le cobrábamos por estar una noche con él. Nos pasa todo el tiempo”, relató con la voz quebrantada Daniela Araujo.

Venezolana trabajando en Cali

Leonela Lozano (derecha) es venezolana, dice que le ha ido bien en Cali, pero a otros de sus compatriotas no.

Ricardo Ortegón / El País

Por su parte, Leonela Lozano, de 27 años y oriunda de Caracas, afirma que, a pesar de que ha corrido con mejor suerte que otros venezolanos, también le ha tocado vivir y presenciar situaciones de xenofobia en la ciudad.

“Hace unos días, cuando iba en el MÍO, un hombre empezó a discriminar a los vendedores de mi país. Dijo que los venezolanos eran personas miserables porque vendían dulces en un bus. Yo me sentí muy mal y le dije que no tenía por qué decir eso ya que él no sabía la historia de cada persona y, por eso, no podía generalizar. Ese es el caso de mi familia, que éramos de clase media alta y pasamos a ser clase media baja”, contó la joven de 27 años, quien es ingeniera industrial y actualmente trabaja como asesora comercial para una compañía de telecomunicaciones.

Según Alba Marcellán, jefe de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en Buenaventura, y que también tiene accionar en Cali, la principal situación que enfrentan los venezolanos que están viviendo en Colombia o llegando al país, es la necesidad de regularizar su permanencia.

“Esa es la primera cuestión que hay que tratar de resolver para que no sean víctimas de discriminación, ya que la falta de un documento de identificación legal en Colombia impide que esa población pueda trabajar como los demás colombianos o pueda acceder a otros derechos y servicios”, indicó Marcellán.

La representante de la ONU también aseguró que las situaciones de exclusión social también se evidencian en las dificultades que tienen los ciudadanos venezolanos para acceder a arrendamientos, o a los estereotipos de prostitución o de aumento de la criminalidad que se tienen sobre ellos. “Pueden haber casos específicos, pero no se debe generalizar”, precisó la funcionaria.

Precisamente, para contrarrestar dichos prejuicios, la Acnur está trabajando en varias acciones y estrategias. Por ejemplo, está brindando apoyo a la población venezolana que se encuentra en Buenaventura y en Cali para que pueda obtener el Permiso Especial de Permanencia, PEP.

“Vale la pena precisar que dichos ciudadanos, previamente tuvieron que haberse registrado en el Censo Nacional que hizo la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, Ungrd, entre abril y junio. Con base en ese ejercicio, se identificaron más de 442.000 personas que no estaban reguladas en el país. A ellas son las que estamos ayudando”, manifestó Marcellán.

La otra campaña que está impulsando Acnur se llama ‘Somos Pana Colombia’, y promueve una serie de consejos que invitan a los ciudadanos a brindar apoyo a los migrantes, no discriminar ni generar prejuicios contra esta población.

Desde la Personería de Cali, también se están adelantado campañas que promueven la tolerancia con la población venezolana en Cali.

“La situación por la que están atravesando nuestros hermanos es algo que no quisiéramos que estuviera sucediendo. El hecho de salir de su territorio y de desarraigarse es doloroso y por eso es que muchos de ellos no pueden estar tranquilos y en paz en nuestro territorio. Ante esto, debemos solidarizarnos. La solución la tenemos que buscar entre todos. Recordemos que allí hay niños, adultos mayores y personas en situación muy vulnerable que están buscando mejorar sus condiciones de vida”, indicó Héctor Hugo Montoya, personero de Cali.

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