VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

Acoso sexual en Cali está disparado: "Es una ciudad imposible para las mujeres después de las 6:00 p.m."

Una de cada cuatro caleñas ha sido objeto de agresiones sexuales. Un piropo callejero puede volverse acoso. Siguen denuncias en Bellas Artes.

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Una mujer camina en frente del Instituto de Bellas Artes, en cuyas paredes se han pegado carteles que denuncian más de 70 hechos de presunto acoso sexual por parte de doce profesores. Tres de ellos son investigados por la Fiscalía. | Foto: Aymer Álvarez - El País

22 de may de 2022, 07:55 a. m.

Actualizado el 18 de may de 2023, 05:59 a. m.

Natalia, 24 años: “Esto que voy a contar ocurrió en el primer trimestre del 2020. Me pasó con el conductor de un carro pirata. Eran las 10:00 de la noche y yo esperaba el bus en la carrera 56 con calle 14, en el sur de Cali. Un vehículo azul, viejo, de esos modelos alargados, se detuvo en frente mío. Lo conducía un señor que rondaba los 40 años, quien me dijo que podía llevarme, que también tenía una hija como yo y tenía miedo de que me pasara algo. Al principio lo ignoré, pero logró darme confianza y me monté adelante”.

“Al poco rato me preguntó cómo me llamaba, qué estudiaba... Por seguridad, le di datos falsos. Siempre hay que dar datos falsos. Luego de unos diez minutos de charla, advierto por el rabillo del ojo izquierdo que el tipo empieza a agitarse en su puesto. Y me entró un miedo extraño, pues me pidió que mirara no sé qué cosa. Giré mi cara hacia su cara, resistiéndome a ver hacia abajo. Sabía que había sacado su pene y se estaba masturbando, pero no quería verlo directamente. Él seguía insistiendo y trataba de guiar mi mirada con la suya... Si el carro no hubiera llegado a un pequeño trancón que lo obligó a frenar, si yo no hubiese logrado abrir la puerta, si no hubiera llamado, con lágrimas en los ojos, a una amiga y si ella no me hubiese recogido... no sé qué habría sido de mí”.

Acoso callejero: una y otra vez

Una de cada cuatro mujeres en Cali han sido tocadas o besadas sin su consentimiento. Les han mostrado sus partes íntimas. A una de cada diez le han hecho insinuaciones o comentarios sexuales contra su voluntad. A una de cada once la han vigilado o seguido al salir de la escuela, su casa o del trabajo.

Estas cifras son producto de una encuesta realizada por el Observatorio para la Equidad de las Mujeres, OEM, de la Universidad Icesi, a 2500 mujeres en la ciudad.

“No hay patrón para la expresión de la violencia de género. Los porcentajes de denuncia y casos de este tipo son generalizados en todo el espacio público caleño”, sentenció la politóloga Lina Buchely, directora de la entidad.

Las investigaciones que ha realizado el OEM desde el 2018 también han revelado que Cali “es una ciudad imposible para las mujeres después de las 6:00 de la tarde”. El ambiente nocturno y la falta de luminarias son algunos de los factores que hacen que las caleñas no se sientan del todo seguras en la calle. Esto, a juicio de Buchely, termina por provocar otras violencias diferentes a las sexuales o a las basadas en género, como lo son la económica y la política.

“La lógica es la siguiente: como no puedo moverme, no puedo trabajar ni tampoco participar en los debates públicos o movilizaciones ciudadanas”, comentó la directora del OEM.

Buchely pone el siguiente ejemplo: imaginemos a una mujer que, al sentirse acosada diariamente en la calle, deba invertir 30 % más que los hombres en transporte. Pero si se trata de una mujer de estratificación más baja, deberá salir en compañía masculina o dejar de salir para sentirse a salvo o, de lo contrario, levantarse más temprano para evitar todos los agobios que puede experimentar en el transporte público durante las horas pico.

La periodista caleña Sofía Carvajal, autora del libro ‘Piropo callejero: acción política y ciudadana’, explica que hay dos razones por las que este tipo de mensajes pueden convertirse en acoso. Primero, la frecuencia, es decir, que una mujer sea objeto de estas molestas insinuaciones en una ruta normal de su vida cotidiana, en diferentes horarios y lugares.

“Y segundo, el alto contenido sexual, lo que es un ejercicio de poder, porque solo es una palabra u oración ejecutada sin haber el ambiente, la dinámica o la intimidad para que eso ocurra”, aseguró Carvajal.

Para la investigadora, lo que diferencia al piropo callejero de Cali del resto de ciudades es toda la idiosincrasia que hay alrededor de la belleza de las mujeres, lo que motiva que algunos hombres hagan “comentarios halagadores”, pero que se convierten en situaciones agobiantes para las mismas mujeres.

El 23 % de las mujeres encuestadas por
el Observatorio para la Equidad ha sido víctima de acoso laboral en Cali. Y el
25,4 %, de violencia económica.

Un relato más

Julie, 22 años: “Todo me queda cerca de mi casa, entonces casi siempre hago mis recorridos a pie. Me suelo vestir con shorts, con medias negras o de rejillas. Algunos hombres creen que mi estética y apariencia justifican los silbidos, insinuaciones y comentarios que recibo todos los días. El más suavecito es que me digan ‘mamasita’ o ‘para dónde va tan bonita’ y los más fuertes son... A ver, es que no recuerdo bien, porque suelo reprimir esos momentos; creo que uno de esos era algo así como llevarme a la cama. Nunca les digo nada, porque me da miedo de que respondan. No es justo, porque independientemente de cómo vista, no debería pasar eso”.

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La academia, ¿un espacio seguro?

Aunque las 70 denuncias por abuso y acoso sexual contra doce docentes del Instituto de Bellas Artes se revelaron hace pocas semanas, los testimonios de las estudiantes, que fueron víctimas, indican que se tratan de hechos que ocurrieron desde el 2016 hasta la fecha, en el programa de Formación Juvenil y la Licenciatura de Artes Escénicas.

Los profesores que ya son investigados por la Fiscalía son José Fener Castaño, Juan Diego Monsalvo y Camilo Capote, quien ha sido director del Festival de Teatro de Cali. Uno de los testimonios de las estudiantes afirma que este último ya estaba al corriente de que “Fener Castaño nos hizo masturbarnos como ‘flores’ a los 14 años”.

La gravedad de las acusaciones, sumada a una protesta realizada por las estudiantes de Bellas Artes el pasado 22 de abril, hizo que dos semanas más tarde la Gobernación anunciara la asignación de dos fiscales especializados para investigar los hechos y a los presuntos implicados. Entretanto, el instituto abrió actuaciones administrativas y disciplinarias, pues también hay denuncias por profesores que conocían de estos casos y no hicieron nada por evitarlos.

El acoso denunciado en Bellas Artes se habría desarrollado de manera orquestada, no casual, una serie de hechos divididos en cuatro actos o fases, tal como explica el abogado Élmer Monteña, quien ha asesorado a las víctimas.

El penalista detalló: “Primero, en todos los casos los profesores escogieron a estudiantes que eran vulnerables, o sea, las de los primeros cursos y menores de edad. Segundo, buscan aumentar la confianza ganada haciéndose casi sus amigos, sus parceros e iguales. La tercera fase consistía en la seducción y el engaño, con discursos que pretendían ser liberales, que hablaban de que el ‘arte requería una entrega del cuerpo y el alma, de dejar el pudor de lado’. Cuentan las estudiantes de teatro que eran forzadas a hacer ensayos con alto contenido erótico, con el torso desnudo, mientras el profesor les tomaba fotos y videos. Nada de esos ensayos se vio reflejado en la obra”.

Y el cuarto acto ya refiere el sometimiento, la consumación del abuso o acoso. Por eso es que los docentes invitaban a sus alumnas a la finca o a clases personalizadas. “Uno de ellos llegó a proponerle a una estudiante que tuvieran sexo en su carro y, al ver que ella se resistía, le mostró un video en el que el tipo tenía relaciones con otra estudiante, como para convencerla”.

Estos hechos no serían exclusivos de Bellas Artes, también suceden en otras instituciones educativas de la ciudad, como se ha denunciado en la Universidad del Valle. Por ejemplo, en marzo del 2020 el Consejo Superior expulsó a un alumno por haber acosado a siete mujeres, tres de ellas estudiantes de la institución.

Igualmente, en julio del año pasado se denunció que un profesor de la Facultad de Filosofía habría acosado a diferentes estudiantes, tomándoles fotos de sus piernas durante las clases, o bien, enviándoles material explícito en el que él estaba desnudo.

Según la OEM, el 41 % de los actos de violencia sexual que sufren las caleñas tienen lugar en la calle. El victimario principal es un desconocido, en un 49 %.

¿Cómo denunciar?

Según la Secretaría de la Mujer, Equidad de Género y Diversidad Sexual del Valle, cualquier mujer que se sienta acosada y quiera denunciar su caso a las autoridades puede hacerlo a través de la Línea 155 de la Policía, en caso de requerir una reacción inmediata.

La víctima también se puede poner en contacto con la Fiscalía a través de la Línea 122 para que se inicien las investigaciones. A esto, se suma que la Gobernación mantiene la línea de atención psicológica 620 3580, en la que psicólogas y psiquiatras están disponibles para brindar orientación en casos de violencia de género y estrés, al igual que acompa-
ñamiento para hacer las denuncias.

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