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Opinión: Farc debe pasar de las palabras a los hechos

Septiembre 16, 2020 - 03:39 p. m. Por:
Ángela Giraldo*
Ángela Giraldo

Ángela Giraldo, hermana del diputado Francisco Javier Giraldo, asesinado por las Farc en 2002.

Foto: Archivo El País

La carta y declaraciones de Rodrigo Londoño y demás miembros del antiguo secretariado de las Farc pidiendo perdón a las víctimas del secuestro cumplen con lo que muchos colombianos esperamos. No obstante, suenan vacías.

Y es porque faltan hechos que demuestren su real arrepentimiento por el inmenso dolor que ocasionaron en miles de hogares. Dicen que entregaron las armas confiando en las garantías del Estado y en la aceptación de la sociedad. Es cierto, pero en las VII y VIII conferencias de las Farc incluyeron el secuestro como estrategia de presión política, para el debilitamiento del Estado y de la “burguesía”, llamados “enemigos” por esa organización. Y automáticamente después de firmar el Acuerdo de Paz pasaron a ser parte de ese Estado y ahora pretenden que los que una vez trataron como “enemigos” los vean como amigos.

No es sencillo de asimilar. Si ellos, como lo aseguran, estuvieran “avergonzados” y “se odiaran” por todo lo que hicieron, no tendrían la soberbia para denominar Farc a su partido político. Podemos suponer que lo hacen porque siguen reivindicando su ideología revolucionaria. Es como si las AUC, tras llegar a un acuerdo con el Estado, decidieran conformar un partido político con esas mismas siglas. Es una agresión muy fuerte, así nos sentimos cada vez que escuchamos “la Farc”.

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El secuestro es uno de los delitos más atroces en contra de la humanidad, afecta la dignidad, la libertad individual, la víctima queda en un estado de indefensión absoluta, sometida a la voluntad del secuestrador y en una convivencia diaria con la muerte. No acaba solo con la vida del secuestrado sino de toda su familia y amigos. A mi padre ese dolor lo mató en cinco meses, a mi hermano y a sus colegas los asesinaron después de cinco años de infrahumano cautiverio y a todos los demás nos cambió la vida para siempre. A diario me pregunto qué hicimos para merecer semejante tortura? El único delito de mi hermano fue haber creído en la democracia colombiana, con el fin, según él, de ayudar a construir patria.

Le aposté al proceso de paz y sigo creyendo en él, pues, como lo aseguro monseñor Luis Augusto Castro: “La paz se puede ir arreglando, la guerra deja tantos muertos que no tiene arreglo”. Así que invito a los miembros de la Farc a pasar de los bonitos discursos y cartas a los hechos. En primer lugar, antes de ser parte Estado deben esperar las sentencias de la JEP y cumplir las condenas, porque, según lo estable la Corte Penal Internacional, “las penas de los crímenes más graves conllevan restricciones de libertades y derechos, y depende de la implementación de un sistema riguroso de verificación, y de si su operatividad con actividades que no forman parte de la sanción, como participación en asuntos políticos, no frustren el objeto y fin de la pena”.

En segundo lugar, los invito a ser más creativos en el nombre para su partido político. De otra manera, es difícil en creer en su arrepentimiento por el secuestro y el reclutamiento de menores como estrategias de su lucha armada contra el Estado.

*Hermana de Francisco Giraldo

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