¿Cómo es perder un ojo o una mano en diciembre? Las lecciones no aprendidas de la pólvora

¿Cómo es perder un ojo o una mano en diciembre? Las lecciones no aprendidas de la pólvora

Diciembre 09, 2018 - 07:55 a.m. Por:
Alda Mera Cobo / Reportera de El País
¿Cómo es perder un ojo o una mano en diciembre? Las lecciones no aprendidas de la pólvora

Kevin Tejedor Vivas no logró recuperar la movilidad de su mano derecha, tras una cirugía plástica de alta complejidad para reconstruirle los tejidos. Su lección: no usen pólvora.

Ángela Zuñiga / El País

Todo pasó el 7 de diciembre de 2017. Kevin tenía 13 años y mucha curiosidad. Su papá, José Rodrigo Tejedor, y su mamá, Francia Elena Vivas, ya le habían advertido que no podía salir esa noche. Se jugaba el partido Cali-Nacional y como es hincha del equipo azucarero, el padre temió que le pasara algo. Por eso, la orden era estar en casa.

Pero en un instante, mientras dio la vuelta para atender un cliente de la panadería de la cual viven en Terranova, Jamundí, Kevin se escapó corriendo al parqueadero. Allí la multitud quemaba pólvora. No lo vieron salir. El chico, hoy de 14 años, dice que solo quería hacer la bulla de la pólvora al explotar.

Con $2500 que ahorró, compró tumbarranchos, quemó algunos con éxito, pero al prender otro, tomó la candela y la pólvora tan cerca que le explotó en la mano derecha. Del susto, no sintió dolor, y corrió a su casa de la cual no debió salir, a buscar a quienes no debió desobedecer, sus padres.

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Con la palma de la mano desflorada, lo llevaron al Hospital de Jamundí, pero lo remitieron a Cali porque la gravedad de la herida exigía cirugía especializada. Pasó por el HUV pero no había cirujano plástico y en el Centro Médico Imbanaco, un especialista trató de reconstruirle los tejidos destrozados, evitando amputarle la mano o los dedos, como le pronosticaron los médicos que lo atendieron inicialmente. Fue una cirugía con precisión de relojero, que demoró tres horas y media.

Estuvo seis días hospitalizado y pese a las terapias de rehabilitación, Kevin no logró recuperar la movilidad total de la mano. La piel hizo queloide (cicatrización anómala) y se recogió hacia el centro. Además, las falanges de los dedos pulgar y meñique sufrieron un desplazamiento que le impiden hacer la pinza, es decir, agarrar la cuchara o cualquier otro objeto.

Al principio le fue muy difícil tomar el lapicero y volver a escribir, se demoraba más para presentar los trabajos del colegio (pasa a 7°), pero con los tres dedos centrales se adaptó a tomar el bolígrafo. Sin embargo, lamenta que ya no puede montar en bicicleta o en moto.

Ahora Kevin y sus padres esperan hace cuatro meses que la EPS autorice una nueva cirugía con injerto de tejidos, para tratar de levantar las falanges lesionadas y así recuperar la motricidad fina.

La historia de Kevin se repite cada año, pese a las advertencias de las autoridades y las prohibiciones de ley de la pólvora. Al cierre de la edición este sábado, luego del Día de las Velitas, Valle del Cauca lideraba en el país la lista de departamentos con más personas quemadas: 23 en total, entre ellos, ocho menores de edad. Cali y Tuluá registraron 11 casos y Palmira, 2.

"Hoy los que lanzaron la pólvora con la que perdió un ojo mi hija, ya son mayores de edad y deben andar quemando pólvora por todo lado en Zarzal, como esa vez”
Cristina Gordillo
madre de niña afectada

Para evitar daños así o peores, su padre aprueba que Kevin sea el joven que protagoniza la campaña institucional del Comité Departamental para la Prevención de Lesiones por Pólvora, liderado por la Secretaría de Salud del Valle y apoyo de varias entidades como el ICBF.

Kevin estaba en el colegio cuando funcionarios fueron a dar pautas de prevención. Y como él era el único que había sufrido una quemadura con pólvora, dio su testimonio en un video con el que la Gobernación del Valle busca persuadir a la ciudadanía de no usar pólvora en las festividades decembrinas.

Su padre, José Rodrigo, reclama que haya más campañas, por lo que a él y a toda la familia le parece formidable que Kevin quiera enseñarles a otros niños como él, incluso, a mayores de edad, a no jugar con la vida, a no jugar con pólvora.

Aleyda Rivas vive frente al parque Bicentenario de Palmira. Por ello, salir a jugar allí es lo más natural para su hijo, de 10 años. Pero el pasado domingo, 2 de diciembre, a las 7:30 p.m., el juego se convirtió en angustia. Pese a las advertencias de su mamá, de estar a metros de la pólvora, con solo $200 el niño compró a una señora que no conoce, una papeleta y al tratar de encenderla, le explotó en la mano.

Esta madre soltera dedicada a oficios varios, dice que una lámina metálica que trae la papeleta por dentro, se le incrustó al niño en su dedo índice izquierdo. Fue necesario hacerle una cirugía con anestesia local para extraerla del tejido.

“Nunca les compro pólvora a mis hijos (tiene otro de 5 años) chispitas mariposas ni nada de eso, pero usted sabe que ellos son desobedientes y apenas uno se descuida, se van a hacer lo que no deben”, afirma la madre tras salir de la Clínica Palma Real, de Palmira.

El niño, alumno de cuarto de primaria, dice que desea ser bailarín de salsachoque y otros ritmos. Pero a su edad, no calcula qué sería de su sueño si hubiese perdido la mano o un pie. “Ya no voy a tocar más la pólvora y voy a cuidar a mi hermanito. Quiero decirles a todos los niños que no jueguen con pólvora para que no les pase lo que me pasó a mí”, concluye.

Érika Dayana Losada es gimnasta de circo. Su familia por tradición ha trabajado bajo una carpa sacándoles sonrisas a niños y a adultos. Pero hace dos años, el 13 de diciembre de 2016, ella y su mamá, María Cristina Gordillo, perdieron la sonrisa por la pólvora.

Las dos viajaron desde Cartago, donde residen, a Zarzal, donde su familia presentaba los espectáculos. Era de noche y artistas y público observaban la función, cuando lanzaron pólvora desde la calle hacia dentro. Una papeleta le estalló en el ojo izquierdo de Érika Dayana, perdiendo el sentido de la visión del mismo.

La niña, de 11 años entonces, fue remitida a Cali, donde le hicieron una cirugía para extraerle el ojo lesionado y le implantaron una prótesis, pero el daño en su visión izquierda ya es irreversible.

A pesar de ello, a sus 13 años ya pasó a grado sexto, se esfuerza para hacer sus ejercicios de gimnasia y sueña con ser una gran artista de circo, pero no es tan fácil, no tiene el campo visual de 180 °. “Ella es muy fuerte y trata de hacer lo mismo de antes, pero nada es igual”, dice la madre.
A los jóvenes agresores los capturaron y aunque María Cristina interpuso la denuncia, “las autoridades no hicieron nada, el caso se cerró por falta de pruebas, porque la única persona que vio fue una menor de edad que estaba en el parque, pero no la dejaron ir a declarar”, se lamenta María Cristina Gordillo.

Igualmente, “ellos nunca me respondieron por nada, dizque porque eran pobres y no tenían cómo pagar, pero yo también soy pobre y mire todo lo que me ha tocado hacer para la atención de la niña”, reclama la madre. Y lo que le falta, porque a Érika Dayana hay que cambiarle la prótesis cuando tenga 15 años y otra vez cuando cumpla 18 años.

José Rodrigo Tejedor recuerda que los seis días que pasó en la clínica con su hijo hospitalizado, vio llegar muchas personas con lesiones por pólvora hasta más graves que la de su hijo. “Vi llegar gente que había perdido un ojo, o que terminaron amputándoles la mano, los dedos, muchos sin nada qué ver con la pólvora, pero fueron víctimas de ella”, afirma.

Como Érika Dayana, que no estaba ni siquiera mirando quemar pólvora, pero terminó perjudicada de por vida por esta.
Hay otras víctimas que se confían demasiado y actúan irresponsablemente hasta consigo mismo. Un joven de 20 años compró unos totes para celebrar la despedida del 2017 y cometió la imprudencia de guardarlos en el bolsillo de su pantalón. Allí le explotaron y destruyeron sus genitales.

Llamado del ICBF a los padres de familia

La directora General del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Juliana Pungiluppi, lanzó la campaña ‘Fiesta sin pólvora’ con miras a evitar lesiones, heridas, intoxicaciones, mutilaciones o daños irreparables y que los padres de familia renuncien a toda tradición que requiera el uso de la pólvora.

“El llamado del ICBF a los padres es a que no se queden callados por temor a las amonestaciones. Lo primero es acudir al centro de salud, lo peor que podemos hacer es que se agrave el impacto por un mal manejo de las situaciones”, dijo la funcionaria.

Entre el 1 de diciembre de 2017 y el 14 de enero de 2018, hubo 299 menores de edad lesionados con pólvora, según el Instituto Nacional de Salud (INS). Valle del Cauca fue segundo con (37) casos, después de Antioquia con 49 víctimas.

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