La historia de Ray Schambach, un colombo americano que fundó una orden religiosa

La historia de Ray Schambach, un colombo americano que fundó una orden religiosa

Septiembre 29, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Aura Lucía Mera y Beatriz López Especial para El País
La historia de Ray Schambach, un colombo americano que fundó una orden religiosa

Raymond Schambach Garcés nació en Estados Unidos, fruto de la relación entre un norteamericano, con ancestros alemanes e irlandeses, y una caleña.Tiene 62 años y dirige Hogar de Cristo, un centro de atención para adultos mayores.

Ray Schambach Garcés, hijo de madre caleña y papá norteamericano, desde los años 70 trabaja por los más desamparados.

Ray Schambach Garcés, hijo de madre caleña y papá norteamericano, nacido en USA y perteneciente a una de las familias más pudientes y tradicionales del Valle, regresó a Colombia en 1973 después de finalizar medicina en Belmont. Nada hacía presagiar que con el tiempo adoptaría el nombre de Sandalio María y fundara una orden religiosa, que hoy tiene 71 centros en Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Centro América y España.La vida de Ray, que hoy tiene 62 años, es alucinante. Hasta los 20 años fue rumbero, fiestero, tenía éxito con las jovencitas y se enamoró perdidamente de una chica guatemalteca. Empieza medicina en Belmont con los Benedictinos, y queda intrigado con la personalidad de San Benito de Nursia, el fundador de un monacato occidental, por su concepción de la vida comunitaria y el lema de “Ora et Labora”.Al llegar a Colombia en la década de los 70, aterriza a un país plagado de inequidad, pobreza, discriminación y violencia. Nace su inquietud por comprometerse a fondo con las causas sociales. Se interna en una abadía benedictina en Usme. Al principio dos meses, pero fue alargando la estadía.Su búsqueda real comienza a los 22 años, cuando fue tildado de loco, rebelde, terco y transgresor, por haberse marchado a cuidar niños sin hogar en una casita de Usaquén, después de que Yolanda Pulecio, directora de Obra Social para Gamines en Bogotá, cerrara intempestivamente el albergue, donde Ray los vigilaba en las tardes, mientras estudiaba teología en la Javeriana. La alternativa era dejarlos abandonados o buscarles un refugio. Adopta a los 17 niños por escritura pública ante notario y les da su apellido, formando así su propia familia. Una época dura. Pobreza. Rechazo. Burlas. No hubo marcha atrás. “Esta experiencia y el ingreso a un grupo de oración, fueron mi camino de Damasco. Así se forja el yunque de mi destino”, dice.Durante unos retiros espirituales que presidía el siquiatra bogotano Hernán Vergara, Ray se da cuenta de que se ha quedado solo, sin piso. “Mis padres no me trataban, no hice el rural de medicina, ni terminé el internado”. En 1977, con algunos compañeros del grupo de oración, nace la colectividad. En 1999 la Arquidiócesis de Bogotá legitima la Comunidad Hermanos de la Divina Providencia. Y aunque monseñor Pedro Rubiano firmó los documentos aquí y en Roma, no estaba seguro al principio de la vocación sacerdotal de Ray. Hilda Lourido y Virginia Bohmer lo convencieron de ordenarlo, ya que eran testigos de su enorme entrega con los más pobres. El obispo lo puso a prueba, le exigía mil cosas y hasta le ordenó entrar al Seminario. Cuando Hilda y Virginia le reclamaron a Rubiano que no solo era injusto sino que engañaba a Ray, lo ordenó sacerdote.‘Chiminangos’Una de las más grandes haciendas del Valle del Cauca, que datan desde la colonia, es Arroyohondo, de propiedad de Julio Giraldo y Julia Pineda de Giraldo entre 1900 y 2000. Los límites de la hacienda se extendían desde Menga a Guabinas y desde el Cauca hasta Dagua. La madre de Ray, María Josefa (Pepetica) Garcés Giraldo, nieta de los Giraldo y casada con el ciudadano norteamericano, Roland Schambach, heredó una parte de la Hacienda, que se llamó Chiminangos, donde cultivaban ganado a gran escala. El talante y la personalidad de su mamá, que falleció hace 5 meses, víctima de un cáncer cerebral, fueron definitivos en la realización de los proyectos de Ray. Al principio se opuso tajantemente a su extraña inclinación por los desamparados y a compartir su pobreza. A los 50 años recibe de manos de monseñor Pedro Rubiano la orden sacerdotal. Su madre se convierte en la gran aliada de su obra. En 1995 traspasó cinco hectáreas de los Chiminangos a los Hermanos de la Fraternidad de la Divina Providencia, que así se llama la orden fundada por Ray, donde hoy funciona el Hogar de Cristo, para adultos mayores.En esas casas viven 65 personas adultas que pagan una pensión mensual de $2 millones, con derecho a vivienda, alimentación, aseo. Son parejas de hermanos o hermanas, matrimonios y varias monjas asuncionistas, retiradas allí por razones de edad. Hay quienes construyen sus casas, y la pensión rebaja a los $1.200.000.La iglesita fue construida con el regalo que Roland Schambach le daba a cada hijo cuando se casaban. Como Ray se ordenó de sacerdote, su padre le entregó la “dote” que el utilizó en la construcción de la iglesia, cuyo interior parece un templo europeo, con óleos religiosos, colección de imágenes de la Virgen y techos en madera de roble. “No me alcanzó para hacerla más grande, por ponerle todas estas maricaítas”, dice con el humor que lo caracteriza. En busca del camino ¿Cuándo se inicia su inclinación por la vida religiosa?Estudiaba teología en la Javeriana y al frente había uno de los albergues de niños abandonados, que dirigía Yolanda Pulecio de Betancur, cuando aún no existía el Instituto de Bienestar Familiar. Un día mi madre me dijo que ayudara a una amiga suya, una monja guatematelca, a quien le había conseguido trabajo en ese albergue, porque los niños se la iban a comer viva. Iba todas las tardes allá, pero no con el ánimo de ayudarla, sino porque me regalabas galletas, leche, jugo, frutas y toda clase de mecato. Llevaba dos años colaborando en el albergue, cuando Yolanda Pulecio, en un arranque de celos y envidia, mandó a cerrar la casa. En vista de que Yolanda se negó a entregar las carpetas con las historias de los 17 niños, entonces los registré con mi cédula y mi apellido. No tenían ni nombre, ni apellido, ni tarjeta de identidad. No los recibían en ninguna parte, ni en colegios, ni nada. Todos son hijos de Ray Schambach y madre inexistente.Me fui con ellos a una casa en Usaquén. Así comenzó la obra, no por generosidad espiritual, sino porque me tocó. Algunos de esos niños ya son destacados profesionales: médicos, abogados, banqueros.¿Cuál fue el siguiente paso en su búsqueda?Con los muchachos del albergue empecé a asistir a unos retiros espirituales con el siquiatra Hernán Vergara. Allí se inició la formación de la comunidad. Algunos muchachos dejaron de asistir al grupo de oración y me fui quedando solo. Mis papas me habían retirado su apoyo económico y no me hablaban. No hice el año rural de Medicina y no había terminado ni el internado. Seguí manejando el albergue y con la incipiente Comunidad que conformaron 7 personas. Pasaron los años y la comunidad fue aceptada. Monseñor Rubiano firmó los documentos aquí y en Roma. Se fundaron 71 centros en Colombia, Ecuador, Bolivia, Centro América y España, y está próxima a cumplir los 40 años. Son unas reglas muy sencillas entre benedictina y franciscana. Se han cambiado algunas y mejorado otras.¿Eres el Papa Negro de la Comunidad? No. Fui como el papa Benedicto, renuncié antes de terminar el período. Hace 5 años dejé la dirección de la comunidad, a raíz de la enfermedad de mi mamá que vivía en Cali. Murió hace 5 meses, a causa de un cáncer en el cerebro. El continuo ir y venir dentro y fuera del país, no me permitían estar cerca de ella.¿Bajo qué nombre inscribieron la Comunidad ante la Santa Sede?Hermanos de la Divina Providencia. Era la invocación preferida de mi mama.¿Tu madre era muy católica?No. Era normal, aunque muy conservadora. Al final cambió mucho, se volvió flexible. Pero su apoyo fue definitivo en la construcción de mis proyectos. Siempre digo que la fundadora de la orden fue ella. Se educó en Suiza, mientras sus hermanos, los Garcés Giraldo, se educaron en Londres. Los Giraldo eran oriundos de Marinilla (Antioquia), los Garcés de Pasto y antes del Perú.¿Y tu padre?Muy católico, pues su religión fue inicialmente la protestante. Era norteamericano, hijo de alemán y nieto de irlandés. Murió al año siguiente de mi ordenación sacerdotal. ¿Es verdad que ha hecho milagros?La sola vida es un milagro. He cometido muchos errores. He sido muy rebelde. ¿Usted discriminó a alguien por su raza, su credo religioso u opción sexual?Jamás he discriminado a nadie, por ejemplo a los negros, porque tuve una nana negra desde mi nacimiento que se llamaba Virgelina Aguirre, de Tuluá. Me bañaba, me vestía, me llevaba al colegio y me esperaba cuando llegaba el bus. Con ella estuve hasta los 25 años. Mi segunda madre fue negra. Era honesta, limpia y pulcra. Olía delicioso, a rosas.¿Cómo es su Dios?El amor de Dios es tan personal, tan humano. Me eduqué con los jesuitas, primero en el Colegio Berchmans, y después medicina con los benedictinos. Regresé con los jesuitas a la Javeriana donde hice teología. Eso me ayudó mucho en la ejecución y planeación de la obra. Ellos me formaron, tal vez no aplique todo lo que me enseñaron, pero aprendí.¿Cree que Colombia es el país con mayor inequidad social?No creo. Al contrario, es de los países con más proyectos y programas ha creado para equilibrar las diferencias entre los solventes económicamente y los más pobres.¿La pobreza y la miseria son un estado de alma?La pobreza evangélica y la miseria son dos realidades diferentes. La pobreza de las bienaventuranzas es un estado del alma. La miseria es fruto de la descomposición social.¿Quién tiene la culpa de la violencia colombiana: los políticos, la clase dirigente, la guerrilla, los paramilitares o la sociedad que elige a los mismos gobernantes?Los deshonestos e inmorales, éticamente hablando, llámense políticos, empleados públicos, contrabandistas, agentes de seguridad corruptos, bandoleros, mafiosos, etc.¿Cree en la paz de Santos?No creo. “Perro come huevo aunque le quemen la jeta, sigue comiendo huevo”. Ese es parte de su esencia como el lobo de Gubio.¿El pueblo está preparado para la reconciliación si es que se firma el acuerdo de paz con las Farc?Quizás. Es lo que deseamos todos. Falta ver si la recuperación es menos grave y traumática que la enfermedad.Finalmente, ¿por qué escogió el nombre de Sandalio María?En el momento de escoger el nombre nuevo para la comunidad, el cura me bautizó como Sandalio María, simplemente porque ese nombre es muy común allá en Boyacá (risas). Abandonamos la deliciosa penumbra de la iglesita, donde hablamos de lo divino y lo humano con Ray, para dirigirnos a la casa de la hacienda, seguido por su fiel Tango, el labrador grande y negro, que lo acompaña a todas partes. Entra como una ráfaga hasta el comedor, donde los hermanos almuerzan. Grita jocosamente, “he aquí el Sanedrín. Ellos son los fariseos”, comentario que todos celebran. Este quijote hiperactivo, este San Francisco caleño, sonriente, desgarbado, frenético, con mil ideas en la cabeza, ejecutor riguroso a quien nada doblega, es como el junco que jamás se quiebra. Ni un cáncer feroz logró mermar su energía vital ni su sentido del humor. Cuando ya estaba casi desahuciado, ingresó como un humilde paciente al Hospital San Juan de Dios y aceptó que la realizaran una cirugía complicada. Su recuperación la pasó en una cama del pabellón general, sin alardes, sin temores.

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