¿Y si, contrario a lo que tememos, la trayectoria de un asteroide lo llega a evitar la Tierra y se estrelle directamente con nuestra luna? Un nuevo asteroide ha empezado a impacientar a científicos del mundo, debido a su trayectoria durante sus últimos años.

El cuerpo que podría amenazar el futuro de nuestra luna se llama 2024 YR4 y tiene un tamaño estimado de entre 60 y 67 metros de diámetro, algo así como un edificio de diez pisos. Según cálculos preliminares, las probabilidades de que este impacte con la Tierra superaron el 3%, lo que lo llevó a ingresar en la lista de vigilancia prioritaria de las agencias espaciales que registran el espacio exterior en el mundo.

La sonda Lucy confirmó que el asteroide Donald Johanson tiene una estructura binaria de contacto. | Foto: NASA/Goddard/SwRI/Johns Hopkins APL/NOIRLab

La preocupación creció a medida que los astrónomos reunieron datos más precisos, desde telescopios ubicados en Chile y Hawái, dos de los mejores puntos para registrar estos movimientos en el mundo.

Pese a que el refinamiento en los modelos orbitales redujo de forma drástica el riesgo para la Tierra en un primer momento, el seguimiento de este cuerpo celeste no se interrumpió, puesto que su comportamiento orbital resultó complejo, así como su cercanía al sistema Tierra-Luna.

En este contexto llegó un nuevo giro, esta vez gracias a las observaciones del telescopio espacial James Webb, uno de los más potentes que orbitan el espacio. A través de un análisis infrarrojo se pudo mejorar la reconstrucción de la trayectoria de 2024 YR4, elevando la probabilidad de un impacto lunar en cerca del 4%.

La Nasa sigue estudiando el asteroide. | Foto: (NASA/Joel Kowsky)

Por muy baja que siga siendo esta cifra, la comunidad científica empezó a considerar de forma seria un futuro choque de gran energía contra la superficie lunar. Este día llegaría el 22 de diciembre de 2023. De llegar a producirse, el evento liberaría tal cantidad de energía que sería comparable a la de un arma termonuclear de tamaño medio.

De acuerdo con cálculos, el evento superaría por varios órdenes de magnitud el último que se observó, ocurrido en 2013. A diferencia de aquel asteroide, el 2024 YR4 es mucho más grande, lo que podría ocasionar un cráter de alrededor de un kilómetro de diámetro y hasta 260 metros de profundidad.

En todo caso, si este evento llegara a concretarse, las consecuencias no serían catastróficas: la órbita de la Luna no cambiaría, y la mayor parte del material que saldría al espacio se desintegraría al ingresar en la atmósfera de la Tierra.