La estrategia de mano dura que ha enarbolado el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, durante su segundo mandato parece haberse convertido en el horizonte al que aspiran algunos de los gobiernos de la naciente derecha latinoamericana.

Aspectos centrales de la política interna del Jefe de la Casa Blanca, como la migración y las subidas arancelarias, se ha exportado a otras latitudes, encontrando en gobiernos del sur del continente sus principales adeptos.

Ejemplos de esta tendencia se evidencian en el Ecuador de Daniel Noboa, así como en el Chile de José Antonio Kast y en algunas figuras que aspiran a llegar al poder en sus países. Es el caso de Keiko Fujimori, quien llega a la segunda vuelta en Perú como la favorita, prometiendo medidas similares a las de Trump.

¿A qué responde este afán de las nuevas derechas del continente de emular las líneas del estadounidense en materia de política externa?

Limitaciones del modelo Trump en Latinoamérica

A poco de más de un mes de iniciar su presidencia, el chileno José Antonio Kast demostró su interés por aplicar una de las más controversiales medidas implementadas por el republicano instalado en la Casa Blanca en materia migratoria, al realizar la deportación de 40 personas a Colombia, Bolivia y Ecuador en un avión de la Fuerza Aérea.

El derechista asumió la Presidencia en marzo pasado con el compromiso de imponer “mano dura” contra la migración irregular, que asocia al aumento de la criminalidad.

“Vamos a intensificar los vuelos” y “también va a haber salidas en buses”, dijo a la prensa el subsecretario del Interior de Chile, Máximo Pavez.

Este tipo de gestos, según el analista Álvaro Benedetti, responden al deseo de sacar partido de algunos de las principales problemáticas que aquejan a países del continente.

“En el fondo están buscando capitalizar el problema de la inseguridad, la presión migratoria y el descontento económico, proyectando una imagen de orden y autoridad”, explica, y aclara que estos casos no son homogéneos y se encuentran, con frecuencia, con limitaciones de orden fiscal, jurídico y comercial que terminan por disminuir su capacidad real y las convierten en apuestas “simbólicas” de cara al electorado.

El Presidente de Ecuador, Daniel Noboa, ha sido uno de los que más ha imitado la decisión de subir aranceles como estrategia de presión. | Foto: AFP or licensors

Para Juan Nicolás Garzón, docente de Ciencia Política de la Universidad de La Sabana, esto también explica las ansias por imitar este tipo de políticas por parte de gobiernos de Latinoamérica, un hecho que, en el caso de Kast, resulta de especial importancia debido a que apenas arranca su administración.

“Estos gobiernos se han dado cuenta de que esas decisiones le generaron réditos al electorado ‘trumpista’ en su momento... También se dieron cuenta de que esta es una vía rápida para demostrar que están comprometidos con cumplir sus promesas de campaña”, dice.

El caso del chileno no es el único. La aspirante a la Presidencia por el Perú Keiko Fujimori ha hecho suyas algunas de estas propuestas de ‘mano dura’ popularizadas por Donald Trump.

La candidata, favorita tras su paso al segundo balotaje, prometió expulsar a los migrantes indocumentados, atraer inversiones estadounidenses y extender la marea de mandatos de derecha en Latinoamérica.

Siguiendo la constante de gobiernos de esta ideología política en esta parte del continente, Fijumori se comprometió a “recuperar el orden” en los primeros cien días de un eventual gobierno, en un país sumido en la criminalidad.

También cerró filas con Washington y los mandatarios conservadores de Argentina, Chile, Ecuador y Bolivia.

Los dilemas

Más allá de las conveniencias políticas, la doctrina migratoria de Trump sigue planteando uno de los grandes dilemas para esta parte del continente.

Ronal Rodríguez, politólogo internacionalista de la Universidad del Rosario, explica que las políticas del republicano han tenido una influencia directa en la manera en la que se abordan estos temas desde los distintos gobiernos de Latinoamérica.

“La incidencia de los Estados Unidos termina legitimando a actores institucionales y de Gobierno para tener un discurso mucho más duro contra la migración, especialmente en gobiernos como los de Perú, que en los últimos cinco años ha asumido posiciones claramente xenófobas, lo que ha afectado la recepción de migrantes en la región.

Otro de los mandatos que ha buscado emular las políticas del Presidente estadounidense de forma más manifiesta es el ecuatoriano Noboa, quien ha hecho suya una de las prácticas más recurrentes de Trump en política internacional: la subida de aranceles hasta el 100 %, medida que le impuso a Colombia, cuyo Gobierno ha respondido en la misma forma, afectando el comercio bilateral, que se ha reducido en un 69 % en lo que va del año, según datos de la Cámara Colombo Ecuatoriana.

A propósito de las medidas anunciadas por Noboa, el analista John Mario González saca a relucir el objetivo inicial de la Casa Blanca para las subidas arancelarias que anunció el 2 de abril del 2025, con un aumento del 10 % a casi todos sus socios comerciales, especialmente China.

“Esta subida responde a una necesidad de Trump de reconstruir el tejido industrial de los Estados Unidos”, dice, y agrega que, en el caso de Ecuador, dichas decisiones han sido una reacción a la falta de cooperación en la lucha contra el narcotráfico por parte del Gobierno colombiano”.

Sin embargo, el analista aclara que los alcances de estas medidas son menores, dada el tamaño del comercio internacional entre ambos países.

Frente a este ámbito, el analista Ronal Rodríguez advierte sobre las consecuencias negativas que podría traer consigo la adopción de estas normas en el resto del continente, habida cuenta de lo que está viviendo la nación estadounidense en la actualidad.

Las imágenes de aviones cargados de migrantes siendo deportados de los Estados Unidos se han vuelto a ver, ahora desde países de Latinoamérica. | Foto: AFP or licensors

“Los europeos sienten que Donald Trump ya no es un actor de confianza, ya no es un socio confiable, ni con el que se pueda tener claridad”, dice.

Y, en relación con la disputa que sostienen hoy los gobiernos de Gustavo Petro y Daniel Noboa debido a las alzas arancelarias, añade: “Ecuador hoy se siente legitimado para copiar el modelo de presión norteamericano... Lamentablemente Trump se ha convertido en un modelo de asesoría en esa forma de proceder, un ‘modus operandi’ que les da réditos, sobre todo populares y en redes sociales, pero que que afectan las decisiones económicas de largo plazo de los Estados”.

Una supuesta integración de la derecha

Por lo pronto, el renacer de la derecha en el continente ya empieza a ser celebrado por mandatarios de la región.

Una reunión realizada a inicios de este mes entre el chileno Kast y el argentino Javier Milei dejó entrever el entusiasmo en relación a la integración entre estos gobiernos.

“Es un momento histórico en la integración por temas de turismo, de comercio, de inversión y mineros”, dijo el Mandatario de Chile en una conferencia de prensa en la Embajada de su país en Buenos Aires.

Agregó que durante la reunión también se abordaron la “inmigración irregular” y el “crimen organizado”, además de que se refirieron al corredor humanitario que él había propuesto para el retorno de venezolanos que residen en Chile, a través de Perú, Ecuador y Colombia.

“Se ha facilitado bastante la posibilidad de iniciarlo con los cambios radicales que se produjeron en Venezuela”, afirmó Kast, en referencia al derrocamiento de Nicolás Maduro.

Pese a la diversidad de agendas que tiene cada país en esta parte del continente, dicha ‘integración’ parece responder a la adopción de estas medidas de corte estricto.

Garzón lo explica así: “América Latina está entrando en un ciclo político de gobiernos de derecha que en algunos casos son mucho más populistas. Cada país está respondiendo a dinámicas distintas, pero están muy comprometidos con discursos de ‘mano dura’, de tratar de opacar los avances o las medidas que han tomado gobiernos de izquierda que los han antecedido”.

Sin embargo, Rodríguez opina que dicha integración está lejos de ser una realidad: “Es un mal momento para el liderazgo político latinoamericano y casi imposible para dinámicas de integración. Hay que recordar que recientemente el presidente Gustavo Petro habló de retirarse de la Comunidad Andina de Naciones... Es un momento bastante llamativo, porque no hay un ambiente propicio para procesos multilaterales: la OEA está completamente desdibujada y los experimentos que hicimos de procesos de participación de los diferentes Estados se han venido desmoronando, desde los que intentó la izquierda con Unasur y la Celac, hasta los que intentó la derecha con Prosur”.