Política

Así va el reacomodo de América Latina en la era de Donald Trump

En su segundo mandato, el presidente estadounidense ha redoblado su apuesta por alinear el sur del continente hacia sus intereses económicos. El objetivo es recuperar territorio ante potencias como China y la Unión Europea.

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El panorama político en el continente americano ha mostrado un viraje en los últimos años, pasando de gobiernos de izquierda a apuestas de derecha y extrema derecha. Estos mandatos han mostrado su visto bueno ante las políticas exteriores de Donald Trump. Gustavo Petro y Lula da Silva son los únicos líderes en el continente que muestran reparos.
El panorama político en el continente americano ha mostrado un viraje en los últimos años, pasando de gobiernos de izquierda a apuestas de derecha y extrema derecha. Estos mandatos han mostrado su visto bueno ante las políticas exteriores de Donald Trump. Gustavo Petro y Lula da Silva son los únicos líderes en el continente que muestran reparos. | Foto: Montaje El País

30 de mar de 2026, 10:12 a. m.

Actualizado el 30 de mar de 2026, 10:12 a. m.

Durante el segundo mandato del presidente Donald Trump el sur del continente americano ha pasado a estar en un primer plano en materia de política internacional. Esto quedó en evidencia con la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS 2025), publicada el 4 de diciembre del año pasado.

Compuesto por 33 páginas, este documento pone un especial énfasis en América Latina y el Caribe en materia de seguridad, comercio y migración.

Debido a sus similitudes en materia de políticas, esta estrategia se ha entendido como una actualización de la ‘Doctrina Monroe’, promulgada en 1823 por el presidente estadounidense James Monroe, que estableció -en su momento- cualquier intervención por parte de Europa como una agresión contra el país norteamericano.

Juan Nicolás Garzón, docente de Ciencia Política de la Universidad de La Sabana, explica que efectivamente la estrategia de Trump recoge algunos de los elementos centrales de Monroe, hace casi 200 años: “Esta es una suerte de versión moderna del imperialismo, con todos sus elementos: una combinación de estrategias económicas, de presión política y de muestras de fuerza. Todos son muy propios de ese imperialismo que Estados Unidos promulgó a principios del Siglo XIX”.

Para el analista, dichos elementos han ido de la mano de una serie de hechos recientes que han evidenciado hasta qué punto Washington está dispuesto a ir para asegurarse del poder en América, entre las que están la invasión a Venezuela para capturar al presidente Nicolás Maduro, la presión económica para aquellos que acuden en auxilio de Cuba, ante su crisis de energía, y la creación del Escudo de las Américas.

Esta última fue creada como una estrategia de cooperación internacional militar para la lucha contra los carteles del narcotráfico y cuenta con el apoyo de los mandatarios de 17 países de la región, entre los que están Javier Milei, por Argentina; Nayib Buquele, por El Salvador y Daniel Noboa, de Ecuador.

Ubicada dentro de los tres puntos claves a través de los cuales la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense planteó su injerencia en el continente, la firma de este acuerdo, el pasado 7 de marzo, sentó un precedente importante que refleja el grado de aceptación de los países del continente en cuanto a las políticas yanqui.

Para el analista internacional John Mario González dicha alineación no es, sin embargo, un hecho reciente.

“Esa alineación ha existido desde las oficinas gubernamentales y las relaciones bilaterales entre estos países y los Estados Unidos. La diferencia ahora es que hay un discurso de aliento hacia la unidad en la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia. Y hay unos gobiernos muy alineados con esos objetivos”, explica.

Por su parte, el analista político Álvaro Benedetti sostiene que el objetivo detrás del establecimiento de esta estrategia responde más a intereses de influencia en el continente que de tipo militar y de seguridad.

La actual administración de Delcy Rodríguez ha buscado congraciarse con los Estados Unidos. Sin embargo, las principales deudas del chavismo todavía siguen presentes en el país. Impera la incertidumbre.
La mano dura del presidente Trump se ha evidenciado especialmente en el caso venezolano. La invasión de principios de año dejó claro hasta dónde será capaz de llegar. | Foto: Montaje El País

“Este es un instrumento de reordenamiento geopolítico muy funcional a los intereses de los Estados Unidos. Está más en la línea de lo diplomático que en lo propiamente militar”, dice.

Añade que la lógica de la política exterior de Donald Trump gira en torno a quién tiene el control de los flujos migratorios y del tráfico de drogas por encima de la cooperación multilateral entendida en términos tradicionales.

“Este Escudo lo que va a hacer es incentivar a los gobiernos latinoamericanos a adoptar agendas compatibles con Washington, particularmente en estos temas, a cambio de cooperación en seguridad y beneficios económicos, eventualmente”, apunta.

En esto concuerda el docente Garzón, quien explica que este tipo de ‘cruzadas’ tampoco son nuevas.

“Estados Unidos ha tenido diferentes tipos de iniciativas que al final son el intento por hacer presencia en múltiples dimensiones (...) Hasta ahora lo que hemos visto es una presencia muy desde lo económico y lo relativo a la seguridad. El caso de Venezuela marca un hecho fundamental, en el que quedó claro que Estados Unidos está dispuesto a utilizar la fuerza cuando considere que sus intereses así lo meritan”.

Pese al numeroso apoyo que recibió esta iniciativa, la ausencia de Colombia y Brasil, dos países cuyos gobiernos se han mostrado en abierto desacuerdo con las políticas de Trump desde su llegada a la Casa Blanca, resulta ser sintomático de las tensiones que podría traer el proyecto estadounidense por hacerse con el tutelaje del continente.

Colombia y Brasil, gobiernos disidentes

Para Juan Nicolás Garzón, el caso de estos dos países resulta interesante a la luz de lo que está siendo el reacomodo del continente en la era Trump.

“Son gobiernos que responden a unas lógicas antiimperialistas, por lo que es natural que se muestren como resistentes a la presencia yanqui en América Latina. Son críticos en eso y me parece que es lo más esperado. Sin embargo, son Lula y Petro unos presidentes un poco limitados”.

Esto, según el docente, es evidente en el caso del colombiano, toda vez que está ad portas de acabar su administración, lo que, a su modo de ver, ha traído consecuencias inmediatas en el nivel de sus intervenciones en política exterior.

“No ha dicho casi nada sobre Cuba. Si esto se hubiera presentado hace dos años, no me imagino lo que estaría diciendo. El caso de Lula es algo parecido, pues se ha ido acomodando nuevamente a este poder. Lula entiende que lo mejor que puede hacer es tratar de apaciguar la situación”, sostiene.

En esto concuerda Benedetti: “Van a querer un equilibrio más pragmático, para evitar el costo de aislarse frente a Estados Unidos, sin renunciar completamente a márgenes de política exterior autónoma, especialmente la diversificación de socios como China y la Unión Europea”.

En este sentido, el caso de Colombia cobra especial importancia, debido a que en mayo del año pasado se unió oficialmente a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (mejor conocida como Ruta de la Seda), que afianzó su relación comercial en tecnología, infraestructura y comercio con Pekín.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, junto a los mandatarios de Argentina, El Salvador, Chile, Ecuador, Trinidad y Tobago, Paraguay, República Dominicana, Bolivia, Panamá, Guyana, Honduras y Costa Rica, integran la nueva alianza de seguridad y lucha contra el narcotráfico, el Escudo de las Américas.
Firmado conjuntamente el 7 de marzo, el Escudo de las Américas es la iniciativa más reciente creada por los Estados Unidos, en el marco de las acciones con las que busca volver a hacer presencia en Latinoamérica. | Foto: The White House

Pero concuerdan analistas que no es mucho el margen de maniobra de este tipo de gobiernos en la región, puesto que en la actualidad casi todos los presidentes de Latinoamérica tienen tendencias a la derecha o a la extrema derecha y concuerdan con la mayoría de políticas de Donald Trump.

Para John Mario González, esto es muestra de que el reacomodamiento del continente es incluso anterior a la promulgación de la Estrategia de Seguridad Nacional.

“Estados Unidos ha alineado ya a prácticamente todo el continente, y lo ha hecho en cuestión de un año. Hace dos años los gobiernos de derecha estaban casi desaparecidos en América Latina. Solo estaba el caso de El Salvador, mientras que ahora el panorama es diferente”, explica.

Ha sido tal el apoyo que varios de los actuales presidentes de la región le han brindado al republicano en su cruzada por volver a ejercer autoridad en el continente, que Daniel Noboa, mandatario de Ecuador, llegó a proponer que la Base Aérea de Manta se convierta en una base estadounidense, trayendo consigo la creación de nuevas bases de Washington en suelo latinoamericano.

Según Carlos Charry, director del Doctorado en Estudios Sociales de la Universidad del Rosario, este escenario trae a colación la histórica relación que ha habido entre la Casa Blanca y Colombia, un factor que complejiza el escenario actual.

“Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de Colombia, y la política de internacionalización de aquel país sigue teniendo un peso muy importante en la agenda política nacional. Aquí lo que se ha puesto más en entredicho es la capacidad del Gobierno colombiano de navegar de manera eficiente y exitosa, en saber negociar con demócratas y republicanos, exponer sus puntos y defenderlos”, dice.

Frente al futuro del éxito que podría tener la estrategia del Mandatario de los Estados Unidos, a quien le quedan cerca de tres años de mandato, González hace la siguiente advertencia: “Hay un riesgo de que Trump pierda buena parte de esa fuerza arrasadora: primero, porque puede que salga mal de la guerra con Irán. Y, segundo, con la posible pérdida de las elecciones legislativas en noviembre próximo. Ambos hechos pueden golpear mucho a Trump”.

Comunicador Social y Periodista con sensibilidad por las artes, las humanidades y la cultura. Con larga experiencia en la cobertura de la realidad social, tanto regional como nacional. Interesado en cubrir fenómenos de medioambiente, posconflicto y DD.HH.

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