La propuesta de retirarse del Centro Democrático, planteada por el dirigente ganadero José Félix Lafaurie junto con la senadora María Fernanda Cabal, abrió un nuevo capítulo en la ya tensa situación interna de ese partido político.

La iniciativa, motivada por el desacuerdo con el proceso que eligió a Paloma Valencia como candidata presidencial, enfrenta ahora una barrera estatutaria que podría frustrar sus aspiraciones.

José Félix Lafaurie y María Fernanda Cabal | Foto: Alexandra Ruíz, SEMANA

Lafaurie y Cabal presentaron una carta al director del partido, Gabriel Vallejo, en la que expresan que “no queremos continuar en el Centro Democrático” y solicitan una escisión, desligarse jurídicamente de la estructura del partido, que permita a la congresista conformar una nueva agrupación política.

En el documento, el líder gremial señala que la decisión de renunciar no busca afectar el proceso interno que definió la candidatura, sino responder a una falta de espacio dentro de la colectividad.

No obstante, los estatutos del Centro Democrático contienen normas específicas sobre cómo proceder si un grupo de militantes desea separarse de la organización.

El artículo 118 del reglamento establece que una escisión solo puede ejecutarse si dos terceras partes de los miembros convencionistas apoyan formalmente la solicitud, y que esta debe concretarse mediante el acta de una reunión en la que se adopta la decisión. En Colombia, este proceso está regulado por los estatutos internos de cada partido y por las normas del Consejo Nacional Electoral.

Esto significa que, en el contexto actual, con solo Lafaurie y Cabal impulsando la propuesta, no existe el respaldo suficiente para activar ese mecanismo. El requisito de dos tercios convierte la escisión en un paso difícil de alcanzar sin el aval de un número significativo de militantes y líderes dentro del partido.

María Fernanda Cabal en la carta expuso que no estaba de acuerdo con el proceso de elección a la candidatura de Paloma Valencia. | Foto: Juan Carlos Sierra

Además de la exigencia de apoyo mayoritario, los estatutos prevén consecuencias claras para cualquier agrupación que se escinda: perdería el derecho a usar el nombre, los símbolos y las sedes del partido, y tampoco podría acceder a financiación estatal ni a espacios en medios de comunicación social a nombre del Centro Democrático.

La discusión sobre la escisión ocurre en medio de un clima de tensión creciente dentro del uribismo, en el que la salida de Cabal y las críticas al proceso de selección interna han generado debate sobre la cohesión del partido.

Por el momento, la dirección nacional del Centro Democrático ha optado por no aceptar la propuesta de escindir el partido, decisión que sus directivos consideran que está por fuera de toda discusión y que podría afectar la cohesión del proyecto político que buscan consolidar de cara a las elecciones de 2026.