En vísperas de elecciones, la ciudadanía se enfrenta a arduas complicaciones del corazón y de la información. No solo por la polarización entre las llamadas izquierdas y derechas, sino por la práctica de sublimar o denigrar a los candidatos presidenciales, según la carga de odio o miedo, olvidando que ellos son un espejo del país.

Colombia tiene una historia joven, si se tiene en cuenta que no hace mucho más de doscientos años se logró la independencia y su primera Constitución Política como República. Solo décadas han pasado entre luchas por causas externas e internas que confluyeron y subsisten en nuestras vastas tierras, para mal y para bien, según de lo que se trate o mire. Ni todos fueron villanos, ni todos santos, como es la naturaleza humana y el devenir de los pueblos, con sus sincretismos y diversidades que hoy nos enriquecen y merecen protección y progreso.

En ese estado de cosas se levantó un país con falencias y logros que vamos llevando adelante hacia el futuro, que es a donde hay que mirar y conducir la historia. En ese objetivo es necesario leer los programas y las personalidades de los candidatos, no solo las promesas de imposible ejecución o slogans publicitarios, para conocer quién estará al frente del Estado, pasando la página y aplicándose en superar los daños causados por decisiones o políticas torpes. Se necesita un gobierno con buen criterio y un equipo honesto capaz de ejecutar estrategias para enderezar el país después de Petro, ante el reto de contener y someter a la delincuencia, reordenar el sistema de salud, gestionar el endeudamiento y gastos a cargo del presupuesto de la Nación y la pérdida de suficiencia energética, entre otros.

Los candidatos en el tarjetón para la primera vuelta de las elecciones presidenciales 2026-2030, es lo que hay, ninguno satisface a todos, nadie será el perfecto, pero hay diferencias importantes a sopesar sin influjos alienantes. Frente a los álgidos asuntos, el candidato del continuismo, Iván Cepeda, se abstiene astutamente de debatirlos, solo habla generalidades, sin admitir errores. Es oportuna la reflexión y crítica que le hace Rodrigo Uprimny, profesor, izquierdista, investigador de De justicia, al decir que la concepción robusta de la democracia “no consiste únicamente en que las mayorías tomen decisiones y seleccionen a los gobernantes, sino que tiene otro componente importante: que esas decisiones sean producto de una deliberación pública de asuntos comunes”, (El Espectador, 29.03.2026).

Ante los tres primeros preferidos según dudosas apuestas y encuestas, también interesa la teoría de Uprimny sobre la distinción entre moderados y radicales, tanto en las izquierdas como en las derechas, al decir que “los moderados, por el contrario, están más abiertos al diálogo y a los avances graduales”. Su visión de la política es más cercana a las visiones pluralistas y deliberativas de la democracia pues consideran que puede haber acuerdos entre posiciones distintas y, por ello, se abstienen de estigmatizar al adversario y defienden un respeto robusto al Estado de derecho”, (El Espectador 3.05.2026).

Cuando se critica a la candidata Paloma Valencia porque, entre otros aspectos, su campaña no emociona a las masas como lo hace un tigre, pero en cambio, sabemos que ella conoce los asuntos del Estado y está dispuesta a gobernar con sensatez y moderación, hay una opción por la cual votar.