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Un amor llamado Arsenal
Recuerdo que, a mis 12 años, me hacía el enfermo para no ir los sábados al colegio a habilitar matemáticas para así quedarme viendo por Fox Sports a ese laboratorio de la fantasía...
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21 de may de 2026, 01:49 a. m.
Actualizado el 21 de may de 2026, 01:49 a. m.
El martes en la noche, cuando prendí el celular, encontré la pantalla llena de WhatsApps, algo que no me había sucedido desde que vivo en el exterior. Qué está pasando, me pregunté.
Lo bonito del asunto es que esa sensación de inquietud se convirtió en alegría al leer cada mensaje de algunas de mis amistades más cercanas, dándome felicitaciones por el título conquistado por el Arsenal, un equipo al que sigo desde que era muy joven y que justo ese día volvió a ganar la liga inglesa (conocida como Premier League) luego de 22 años.
Pensé en que quizá eso es lo más hermoso del fútbol, que crea vínculos, que genera empatía y que hizo que, en esta oportunidad, muchas personas queridas de las que hace mucho rato no sabía se acordaran de este ‘sufridor’ de un equipo que tiene fama de nunca ganar.
Muchos me han consultado por qué apoyar a un equipo como el Arsenal si en Colombia es más normal seguir al Barcelona, al Real Madrid o incluso a algunos de los ‘clubes moda’ de los últimos años, y aunque, como en el amor, uno no necesita explicar porqué quiere a quien quiere, hoy voy a intentar darles las razones de mi fiebre por los ‘gunners’, un gusto que comparto con mi padre y con mi gran amigo y colega Camilo Lourido.
La principal es que es un equipo que sigo desde niño, y que aprendí a disfrutar en el 2004, en uno de sus momentos más gloriosos, cuando tenía jugadores de lujo como Thierry Henry, Robert Pires, Patrick Vieira, entre otros.
Esa escuadra, dirigida por Arsène Wenger (un entrenador al que el fútbol le debe mucho), conquistó ese año la Premier League sin perder un solo partido, jugando un fútbol ofensivo tan perfecto y precioso, que rememorarlo me emociona.
Recuerdo que, a mis 12 años, me hacía el enfermo para no ir los sábados al colegio a habilitar matemáticas para así quedarme viendo por Fox Sports a ese laboratorio de la fantasía: un equipo que no soltaba el balón, que hacía pases entre líneas impensados y que no metía goles, sino golazos.
Aunque luego el Arsenal sufrió la llegada de las vacas flacas, empecé a sentirme identificado a nivel personal con muchos de los valores del club, sobre todo el de amar su filosofía de juego a pesar de los resultados, porque en la vida se puede ganar o perder, pero jamás olvidar de dónde se viene.
Recuerdo muchas veces al Arsenal perdiendo partidos increíbles luego de haber jugado muy bien, y asociaba eso con mis propias luchas de la adolescencia y parte de la adultez, donde se aprende más de lo que se gana.
En más de una ocasión, después de una derrota, me cuestionaba el seguir mirando los partidos. Pensaba que ya tenía suficiente con el Deportivo Cali, mi otro gran amor, pero las frustraciones nunca pueden ser una excusa para abandonar lo que te representa.
Así, después de años de sinsabores y de tres subtítulos consecutivos (increíble, pero cierto), este martes pude darle un abrazo al niño que desde el 2004 soñaba con el bendito fútbol, y agradecí de corazón a todas esas personas que me siguen y me seguirán recordando por todo aquello que me hace sentir tan feliz.

Periodista apasionado por los deportes, los goles, la literatura y la redacción digital. Vinculado a mi casa, El País, desde el 2013.
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