A lo largo de la historia las grandes potencias han encontrado diversas fórmulas para controlar territorios de su interés sin necesidad de incorporarlos formalmente a su ordenamiento. Una de ellas ha sido la de El Protectorado. Los países sometidos a esta modalidad conservaban su bandera, sus autoridades y una soberanía nominal mientras la potencia protectora se reservaba las decisiones verdaderamente importantes o relativas a temas de su interés. Son muchos los casos entre los que cabe mencionar estarían los de Túnez-Francia (1881-1956), Egipto-Reino Unido (1914-1922), Marruecos-Francia (1912-1956), Marruecos-España (1912-1956), Kuwait-Reino Unido (1899-1961) etc.
En el caso del Protectorado español de Marruecos, por ejemplo, no se convirtió parte del territorio de Marruecos en territorio español. El sultán continuaba siendo soberano, existía una administración marroquí y las normas se expedían en nombre de las autoridades locales. Pero, por encima de ellas, estaba el Alto Comisionado español y una estructura de interventores que garantizaba que las decisiones fundamentales respondieran a los intereses de España.
Son muchas las similitudes entre estos casos y lo que resulta de una mirada a lo que ocurre hoy en Venezuela que confirma esa línea imperialista que viene consolidándose en el gobierno de los Estados Unidos. Lo que Trump llama el mayor acuerdo petrolero de la historia no es difícil entenderlo como una de las mayores imposiciones de la historia reciente por parte de una potencia dominante. Como ocurría en el caso de los protectorados el ‘acuerdo’ tiene la presentación de ser el resultado de una negociación entre dos países, pero a nadie le es extraño que en las condiciones actuales tiene de todo menos de negociación entre estados soberanos.
El gobierno venezolano no representa democráticamente al pueblo venezolano y se sostiene por la voluntad del gobierno americano que le da la línea para sus actuaciones. Los Estados Unidos pretenden desarrollar 65.000 millones de barriles de reservas de petróleo venezolano y Venezuela recibirá un pago por esa producción a precios muy inferiores a los que serían los precios de mercado.
Estados Unidos tiene claro que la transición energética para dejar de depender de los combustibles fósiles todavía está muy lejos de alcanzarse. En el entretanto el petróleo seguirá siendo un activo estratégico y para controlar el país con las mayores reservas del mundo copiar la modalidad del protectorado parece ser la opción que están adoptando.
Este camino resulta coherente con lo planteado en su Estrategia de Seguridad Nacional publicada el año pasado y es otro paso importante en consolidar su dominio en esta zona del mundo que consideran de prioridad estratégica.
¿Qué implica esto para Colombia? Todavía es temprano para saberlo, pero al menos por los próximos años, la relación con un vecino tan estratégico para Colombia pasará por la mediación del ‘Coloso del Norte’ y eso puede significar muchas cosas.