Columnistas
El terremoto y la justicia
Lo que más duele en mi cerebro es que en nuestra patria hayamos perdido el don extraordinario de la justicia, como parece según las distintas historias que hoy circulan.
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4 de sept de 2026, 01:53 a. m.
Actualizado el 4 de sept de 2026, 01:53 a. m.
Mi apartamento tembló como una cana al viento y sentí, estando en levantadora, que iba a ser arrojado por el gran ventanal que me da la luz para leer, para sonreír y para sentir el diario regocijo de la vida.
Mientras el sol salía del todo y yo leía la prensa y oía las noticias en la radio, una lámpara colgante comenzó a temblar. Las otras lámparas siguieron de inmediato y vi las esculturas que he ido almacenando en años de peregrinaje cultural, moviéndose alocadas en sus bases. Supe entonces que llegaba un terremoto.
Pude haber corrido, ¿hacia dónde? Si todo estaba en movimiento y parecía que el sol y el mundo sucumbían en el estrago. Mi mujer entonaba gritos sumidos en oraciones, pegada a una pared. Y el movimiento telúrico aumentaba con los gritos sordos de los seres humanos. Era largo e interminable. Y no era un simple temblor, sino una alteración como si llegara el fin del mundo.
Cuando todo fue pasando, después de oír noticias, me fui a mi oficina de abogado en un edificio a diagonal de la catedral de Cali, que también estaba cuarteada, amenazando el derrumbe. Y se fueron conociendo las noticias de ciudades y pueblos; y se supo de los desaparecidos bajo el desplome de edificios. Y la tragedia soltó su cifra in crecendo y los daños se vieron en las construcciones, bajo una cinta amarilla que prohibía la entrada ordinaria.
Mi oficina estaba en el mayor desorden. Se habían caído libros por montones y había algunas líneas torcidas marcadas en paredes, que dejaba el movimiento abrupto de la tierra.
En la estantería principal de mi biblioteca, parte superior, había a cada lado una pequeña escultura de la esfinge griega -cuerpo de león y cara de mujer-. Fueron las mismas que a un pasajero llamado Edipo convirtieron en el trágico rey del Epiro, cuando acertó la adivinanza de vida o muerte que le propusieron. La Esfinge preguntó al paso de Edipo: ¿Cuál es el animal que por la mañana anda en cuatro patas, al mediodía en dos y por la tarde en tres? Y cuando él contestó que era el hombre, la Esfinge, en un autocastigo, se arrojó al abismo, mientras el pasajero triunfante ganaba el trono del territorio y la mano de la reina viuda, que ninguno sabía que era su propia madre. Mas fue él mismo, Edipo, quien habría de arrancarse los ojos, cuando supo por Tiresias, el ciego mitológico que veía el futuro, que se había casado con su propia madre, por un designio de las Moiras -que marcaban el destino de los hombres-, según los antiguos griegos, sus leyendas y misterios.
En el centro de mi biblioteca estaba la escultura de la diosa Temis, deidad griega de la ley y la justicia divina. Hija de Uranos -el Cielo- y Gea -la Tierra-. Con Zeus, rey de los dioses, tuvo varios hijos, así mismo dioses.
Tenía los ojos vendados, para que la justicia que administraba no tuviera en cuenta al personaje juzgado, porque todos somos iguales ante la ley. En una mano tenía la poderosa espada de doble filo con la que ejercía el poder de la moral y el castigo de los réprobos. En la otra tenía la balanza para medir las pruebas y acertar en el juicio. Muchos años atrás la había adquirido para mi oficina como auxiliar de la justicia, que es el oficio honrado de un abogado. Estudié para ello y logré triunfar en casos muy sonados. Y allí permaneció años la estatuilla impertérrita. Yo la miraba de modo constante, como el símbolo que era. Y volvía a creer en ella como siempre.
La estatuilla cayó y dio vueltas en su caída. Se destrozó con mi dolor junto con toda la desgracia. Y meditando en el pavoroso mal que nos sacudió con ardentía, pienso que los daños son incalculables, cierto. Pero lo que más duele en mi cerebro es que en nuestra patria hayamos perdido el don extraordinario de la justicia, como parece según las distintas historias que hoy circulan.

ha desempeñado puestos públicos como juez del Circuito, Conjuez del Tribunal de Cali, Secretario de Gobierno de Cali y alcalde encargado, embajador de Colombia en Polonia y en la ONU. Ha sido delegado a varias conferencias internacionales como la OIT en Ginebra







