Medir los resultados de una guerra en el momento que callan los cañones o más acertado en los tiempos actuales, cuando dejan de volar los misiles, es prematuro y se presta para malas interpretaciones. En agosto de 1945 terminaba la Segunda Guerra Mundial, pero pasarían años hasta que se decantaran sus consecuencias y derivara el mundo en la Guerra Fría y el orden mundial que, con varios cambios tras el fin de la Unión Soviética, prevalece hasta el día de hoy, aunque muy resquebrajado.
Lo mismo se puede decir acerca de la guerra actual que involucró a Estados Unidos, Israel, Irán, Líbano y los países del Golfo, estos últimos más como víctimas de los ataques iraníes que como actores bélicos. Aún no tenemos ni siquiera certeza de que la guerra concluyó tras la tregua anunciada por Islamabad, con Beijing detrás. Las acciones militares podrían reiniciarse en cualquier momento.
Hay algunas realidades mondas y lirondas y muchas preguntas que solo el tiempo dilucidará. Hecho: Israel emerge como la gran potencia militar de la región, con una impresionante capacidad aérea, tecnológica y en inteligencia. Hecho: la doctrina militar de Israel cambió de disuasión a prevención con las consecuencias que esto tenga para la estabilidad regional. Hecho: el régimen iraní que por años aterrorizó la región fue derrotado en el campo militar, por más que quiera aparentar lo contrario, con buena parte de su infraestructura militar en ruinas, al igual que sus proxis, especialmente Hezbollah. Hecho: El estrecho de Ormuz se convirtió en un importante y casi el único activo estratégico que le queda a Irán. Hecho: los países del Golfo, algunos muy cercanos a Irán como Catar y Kuwait, fueron igualmente blanco de los ataques con misiles y drones, lo que abre un interrogante de cómo serán esas relaciones en el futuro. Hecho: los misiles y drones iraníes causaron más daño a instalaciones civiles que a objetivos militares. Hecho: son diferentes los objetivos de Estados Unidos e Israel en esta guerra.
Quizás hay otros hechos, pero lo que gravita son interrogantes e incertidumbres y el grueso de los resultados de la guerra se clarificará con el paso del tiempo. Un primer interrogante es qué pasará al interior de Irán. Su liderazgo fue descabezado: ¿qué tanto poder tienen quienes lo asumieron durante la guerra y si están realmente unidos, o si tras el conflicto surgirán fracturas? ¿Regresarán las protestas masivas de la población contra la tiranía teocrática y podrían estas, finalmente, acabar con el régimen? De ser así, ¿quién lo reemplazaría?
Otro interrogante es hasta dónde llegarán las negociaciones que deben comenzar entre Estados Unidos e Irán. Las posiciones de apertura son divergentes y con serias dudas si se puede llegar a puntos de encuentro. De fracasar las negociaciones, ¿comenzará de nuevo la guerra o se mantiene un estatus quo de tregua en el que Irán controla el estrecho? Dos puntos clave sin los cuales EE.UU. no puede suspender su amenaza militar son aperturas del Estrecho y el enriquecimiento de uranio. Habrá que ver si Irán cede en ambos y a cambio de qué.
O si no. ¿Cuál es el futuro de los países del Golfo cuya burbuja de prosperidad, riqueza y oasis de paz quedó ‘pinchada’? ¿Podrá Israel traducir sus victorias militares en beneficios políticos y diplomáticos, que finalmente lo integren a la región?¿Podrá Líbano sacudirse del dominio pernicioso de Hezbollah y recuperar su independencia y su Estado? El anuncio por parte de los gobiernos de Israel y Líbano de iniciar negociaciones directas por primera vez en la historia es un buen augurio, pero el camino es largo y ‘culebrero’. ¿Cómo afectará la guerra al presidente Trump y su gobernabilidad? Lecturas actuales son prematuras.
Preguntas, tan solo preguntas, parafraseando la canción.