Según las autoridades, el abuso sexual de niños y niñas ocurre en el 75% de los casos en el hogar*. Son secretos de familia que suelen mantenerse ocultos por mucho tiempo. Eventualmente salen a flote, generalmente cuando es demasiado tarde.

El movimiento social ‘Me too’ o ‘Yo también’ surgió como contrapeso a la cultura de abuso y acoso sexual contra mujeres por parte de hombres en posiciones de poder. El movimiento se hizo viral en octubre del 2017, tras las denuncias contra Harvey Weinstein, un abusador sexual en serie a quien su poder económico y social no lograron salvarlo de la cárcel. El objetivo del movimiento es hacer pública la magnitud del problema y brindar apoyo a las mujeres víctimas de los abusos sexuales. El impacto va más allá de Hollywood. Se ha extendido a la política, los medios, la iglesia, y al mundo corporativo. Ha provocado despidos de funcionarios y empresarios con altos cargos y ha generado grandes debates. Y ha empoderado a muchas mujeres que al sentirse respaldadas se animan a denunciar su caso particular.

El número de víctimas que se han sumado a este movimiento no se conoce con exactitud, pero se sabe que ha generado millones de mensajes que antes eran secretos y ha dado lugar a un aumento muy importante en las denuncias formales por delitos sexuales, muchas de las cuales han terminado en condenas penales. En Colombia, un país donde las denuncias por delitos sexuales contra mujeres y menores de edad aumentan año tras año, el movimiento ha recopilado y sigue recopilando testimonios de víctimas.

A pesar de que la mayoría de las denuncias de abuso sexual en Colombia siguen impunes, el movimiento ha tenido un impacto positivo y le ha entregado una herramienta a muchas víctimas de acoso. En esta columna quiero hacer énfasis en las víctimas que son menores de edad, y donde el abuso ocurre en el seno de sus propios hogares, y por parte de familiares cercanos.

La mayoría de menores abusados por familiares como tíos, padres, padrastros, o abuelos, entre otros, guardan su secreto por muchos años, hasta que logran independizarse, y sólo entonces, protegidos por la distancia, son capaces de revelar sus dolorosos secretos. Si bien muchas víctimas se llevan sus secretos a la tumba, cada vez hay más mujeres y más hombres dispuestos a contar sus propias historias. Y cada vez se publican más libros y salen a la luz más relatos sobre situaciones que han sido mantenidas en secreto. En estos relatos, víctimas valerosas desnudan lo más oscuro de sus historias familiares, y denuncian los abusos que han sufrido, o sufrieron, en sus propias casas, y por muchos años.

Denunciar el abuso es un paso vital para la liberación de las víctimas. Mantener un secreto para supuestamente ‘proteger a la familia’ perpetúa el horror, es nefasto para la integridad de las víctimas, y pone en peligro a otras potenciales víctimas.

*Paola Andrea Meneses Mosquera, Presidenta de la Corte Constitucional, en el marco de la presentación del 33° Congreso Iberoamericano de Prevención y atención del Maltrato y Abuso Sexual Infantil, Bogotá 22 y 23 de Septiembre de 2026.