A medida que uno se hace mayor, ve cada vez más ajeno el mundo nuevo. O tal vez, con la edad, nos convertimos sin querer, de librepensadores que nos creíamos, a conservadores por mantener unas convicciones que hoy hacen agua.
Después de terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945, el mundo se organizó más o menos como lo veníamos conociendo hasta hace poco. Y aunque hubo cambios y luchas por la reivindicación de derechos, la expansión de la contracultura y la Guerra Fría que dividió la política en dos modelos económicos diametralmente diferentes, existía la sensación de un orden y de unos principios orientadores de la conducta y el pensamiento.
Pero sucede que los de entonces ya no son los mismos, ni los valores son los que conocíamos. No ha sido solo que, con el advenimiento de las nuevas potencias mundiales, se moviera el eje de la estructura geopolítica por la influencia dominante y tripolar de Estados Unidos, China y Rusia, empeñados en una competencia militar, tecnológica y económica para hacerse a las riquezas de la tierra y al dominio sobre regiones que pretenden anexar.
Se trata también de la aparición fantasmal de otros grandes poderes y narrativas emergentes que mueven sus hilos sobre los países y la humanidad para captar su voluntad. Al común de la gente nos es difícil desentrañarlas desde sus orígenes y los intereses que los mueven, ya que son extraños a la educación y los roles sencillos que nos formaron, además, porque se necesita una acumulación de conocimientos sobre materias complejas y personajes desafiantes que se nos antojan de otras dimensiones.
Por suerte, abundan juiciosos analistas y escritores desde diversas orillas que nos traducen e interpretan, según sus criterios, lo que sucede, descifrando el intríngulis de la trama o proyectos de quienes influyen en gobiernos y políticas, es decir, de los magos poderosos y talentosos de la tecnología y la inteligencia artificial, que con sus inmensas fortunas y alcance actúan sin dios ni ley, sobre todas las cosas y actividades de la vida humana, dependiente ahora de tales medios.
En una reciente obra, ‘El diablo está entre nosotros. Los agentes del caos en el nuevo orden mundial’, Lorenzo Ramírez, periodista y analista de la geopolítica, aporta valiosa información y visión sobre los fenómenos actuales e introduce en ella con la cita del Evangelio de Lucas 4:5-7, referente a la tentación del diablo cuando muestra los reinos del mundo y su autoridad, “puedo dársela a quien quiera”; y con la Epístola Efesios 6:12: “Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.
Independientemente del foco del autor, interesa porque muestra un relato alternativo, habla de agentes oscuros, sombras que se ocultan, grandes empresas que trabajan con los Estados, genios que formulan los códigos fuentes, los algoritmos, la IA, y acceden a información, lo que significa vigilancia, riesgos, plutocracia y abandono de principios en la toma de decisiones, afectando a la población en la medida en que ataquen valores fundamentales.
La impresión que deja el libro es que tal vez no nos hemos dado cuenta de lo que hemos perdido en una guerra por las mentes, de modo que corresponde salvarnos de aquellos que quieran utilizarlas.